NUESTRA ACTITUD FRENTE A LA MUERTE Evangelio lunes 2 de noviembre 2026
NUESTRA ACTITUD FRENTE A LA MUERTE
“Estaremos inquietos hasta regresar a Ti” “En polvo nos volveremos a convertir”.
Evangelio lunes 2 de noviembre 2026
Padre Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Dijo Jesús a sus
discípulos: No pierdan la calma: crean en Dios y crean también en mí. En la
casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararles un sitio. Cuando
vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy
yo, estén también ustedes. Y adonde yo voy ya saben el camino. Tomás le dice:
Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde:
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Juan
14, 1-6
¿Qué hacer ante la realidad de la
muerte? Un tema bastante complicado para todos aquellos que no hayan leído
el capítulo 14, el versículo 1 del Evangelio según san Juan. Para quienes no
soportan el tema de la muerte Dios aconseja: “No pierdan la calma. Crean en
Dios y crean también en mí”. Tiene toda la razón el creador. La vida debe ir en
consonancia con la muerte. La vida debe brindarle luces y esperanzas hasta el
momento de la muerte.
La práctica de
orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º de los Macabeos en el
Antiguo Testamento dice: “El
noble Judas exhortó a la multitud a que se abstuvieran del pecado, ya que ellos
habían visto con sus propios ojos lo que había sucedido a los caídos en el
combate a causa de su pecado. Y después de haber recolectado entre sus hombres
unas dos mil dracmas, las envió a Jerusalén para que se ofreciera un
sacrificio por el pecado.
El realizó este hermoso y noble gesto con el pensamiento puesto en la
resurrección, porque si no hubiera esperado que los caídos en la batalla iban a
resucitar, habría sido inútil y superfluo orar por los difuntos. (2 Macabeos
12, 42-46)
La vida no guarda un sentido pleno sino hasta que
consuma como lo anticipó el mismo creador: Hay que evitar la tentación de creer que la muerte no vendrá: “La
serpiente le dijo a la mujer, no morirán” (Génesis 3, 4). Dios le recuerda a
la creatura: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a
la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!».
(Génesis 3, 19).
Orar por el momento de la muerte,
que solo lo sabe el creador, es importante. La oración nos permite
contemplar la muerte desde el misterio de la resurrección del Hijo de Dios.
Jesucristo a través de su compromiso con el madero de la Cruz, la perseverancia
y la dedicación ganó la salvación y la vida eterna para nosotros. San Odilón
cuarto abad del monasterio benedictino, es recordado por su gran caridad,
su defensa de la paz y estableció la conmemoración de los fieles difuntos. El
santo decía: «La cruz es mi refugio, la cruz es mi camino y mi vida. (...) La
cruz es mi arma invencible. La cruz rechaza todo mal. La cruz disipa las
tinieblas». En el año 998, el santo abad San Odilón instituyó en todos los
monasterios dependientes de Cluny una jornada especial de oración, ayuno y Misa
por los difuntos
San Agustín de Hipona nos dejó
una sabia y célebre frase que nos alienta a vivir en plenitud nuestra vida
y a recibir con un gracia y bendición una santa muerte. El Santo decía: «Nos
has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en
ti» (Confesiones I, 1). Con Job podemos exclamar: Yo sé que mi Defensor está vivo,
y que él, el último, se levantará sobre el polvo”. (Job 19, 25-27).
Nuestro magisterio en la Iglesia
Católica nos motiva a esperar la muerte contemplando eternamente a Dios: “Hasta
que el Señor venga revestido de majestad y acompañado de sus ángeles (cf. Mateo
25, 31) y, destruida la muerte, le sean sometidas todas las cosas (cf. 1 Corintios
15, 26-27), de sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya
difuntos, se purifican; otros, finalmente, gozan de la gloria, contemplando
«claramente a Dios mismo, Uno y Trino, tal como es» (Lumen Gentium, 49).
ORACIÓN POR EL
ETERNO DESCANSO
“¡Oh Jesús, único
consuelo en las horas eternas del dolor, único consuelo sostén en el vacío
inmenso que la muerte causa entre los seres queridos! Tú, Señor, a quién los
cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos; Tú, Señor,
que has llorado a impulsos del más tierno de los cariños sobre el sepulcro de
un amigo predilecto; Tú, ¡oh Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar
deshecho y de corazones que en él gemían sin consuelo; Tú,
Padre amantísimo,
compadécete también de nuestras lágrimas. Míralas, Señor, cómo sangre del alma
dolorida, por la pérdida de aquel que fue deudo queridísimo, amigo fiel,
cristiano fervoroso. ¡Míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por
su alma, para que la purifiques en tu sangre preciosísima y la lleves cuanto
antes al cielo, si aún no te goza en él!” (Fuente: Devocionariocatólico.com).
SI DESEAS
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https://youtu.be/a3K1CVMURWo

