2 de mayo 2026. ¡POLÍTICAS CRIMINALES! Autor: Padre Mario
García Isaza c.m. Formador Seminario Mayor Arquidiócesis de Ibagué. Correo: magarisaz@hotmail.com
Restan tres meses y algunos días más para que termine, ¡por
fin!, el ominoso desgobierno que ha sufrido Colombia durante los últimos años.
El desquiciado mental y moral que ha ocupado el solio de Bolívar, se irá
finalmente. Y nos dejará un legado de descomposición, de incertidumbre, de
debilitamiento o destrucción institucional, que va a significar, para quien lo
substituya, una tarea descomunal; nos tomará mucho tiempo reparar el
inconmensurable daño que, en todos los aspectos, le ha inferido a la patria
quien ha venido rigiéndonos.
A los colombianos conscientes nos queda la tarea y la
responsabilidad de elegir a alguien que encarne todo lo contrario de lo que el
señor Petro ha sido. Es difícil señalar en cuál de los múltiples aspectos de la
vida nacional ha sido más deplorable y dañina la acción de este gobierno. Pero
sin duda alguna la destrucción, en un proceso verdaderamente perverso, del
sistema de salud, es uno de sus peores crímenes.
La gestión al frente del ministerio respectivo de un
personaje tan siniestro y sesgado como el actual ministro, y el reciente
nombramiento para la Superintendencia de Salud de alguien que si no está tras
las rejas es solamente gracias a la inoperancia de la justicia entre nosotros,
son apenas una de las muchas evidencias de ese propósito deletéreo.
Definitivamente, para hacer parte del equipo de gobierno del actual presidente,
no se necesita exhibir una hoja de vida que acredite méritos, sino un
prontuario judicial.
Acaba de publicarse, suscrita por el dicho ministro, la
Resolución 000813 de 2026, “por medio de la cual se da cumplimiento a las
órdenes emitidas por la Corte Constitucional en relación con el derecho a morir
dignamente, en sus dimensiones de Eutanasia y de Adecuación de los Esfuerzos
Terapéuticos…” (el subrayado es mío). El señor Arzobispo, al hacernos llegar
ese documento, lo califica benévolamente, de “nefasto”; yo creo que le cuadran
mejor los de homicida y criminal.
Me tomé el trabajo, ciertamente gravoso, de leer las
interminables cuarenta y una páginas del malhadado documento. Estirando hasta
más allá de sus límites las múltiples y perversas declaraciones de la Corte,
que he glosado en otras ocasiones, la actual resolución ministerial amplía
hasta lo absurdo el alcance de unas normas que no son otra cosa, - ¡llamemos
las cosas por su nombre! – que la reglamentación oficial del asesinato.
No valen, para anular esta afirmación, los sinuosos eufemismos con que
tortuosamente se arropa el atentado.
Ya alguien harto más autorizado que yo, como que es PhD en
ciencias biomédicas por la Universidad Complutense de Madrid, y Magister en Bioética,
el doctor Ricardo Roa Castellanos , ha
glosado con observaciones muy serias la Resolución en comento. Leo en sus
observaciones, publicadas por la Linterna Azul: “Hay un choque con los
fundamentos de la Medicina… Ofrecer la muerte como solución a los
padecimientos, es algo que se aleja drásticamente de las humanidades médicas
que buscan preservar la vida…”
Gracias a
los avances de la ciencia, “el concepto de paciente desahuciado no tiene
validez técnica” Agrega el doctor Roa, con sobrada razón, que el hecho de que
un gobierno reglamente la eutanasia, es algo que representa el fracaso directo
del sistema asistencial. A eso se llega o por la confesa incapacidad para
cumplir el deber que emana del juramento hipocrático, o, peor aún, por el
perverso cálculo inconfesado de que más barato matar al paciente que cuidarlo…
Desde siempre, los médicos han tenido el deber de evitar
tanto la negligencia en su labor de cuidar la vida como el encarnizamiento en
el empeño de prolongarla artificialmente valiéndose de medios
extraordinarios; pero hay que ser claros: eso no equivale, jamás, al derecho o
poder de provocar la muerte de forma activa. No sobra recordar lo que, en
términos médicos y morales, se entiende por eutanasia. El origen etimológico es
bien conocido. Del griego: eu (bueno) y thanatos, muerte. Es ese origen lo que
da pie a la maliciosa astucia con que se disfraza hoy este crimen, hablando de
“muerte digna…morir con dignidad…”
En un foro sobre la eutanasia, el presidente de la Comisión
Deontológica de España dijo lo siguiente : “Me parece necesario, para alejar el
riesgo de la confusión semántica, que todos nos olvidemos de la noble
ascendencia etimológica…de la eutanasia, y que a partir de ahora entendamos que
es, lisa y llanamente, matar sin dolor y deliberadamente, de ordinario
mediante procedimientos de apariencia médica, a personas que se consideran como destinadas a una vida
atormentada por el dolor, con el propósito de evitarles el sufrimiento o
de librar a la sociedad de una carga
inútil”.
La definición del DRAE es así: “Intervención deliberada
de poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura”. Y la OMS la
define: “Acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del
paciente”. ¡Sin afeites y en plata
blanca, homicidio!
Bueno será recordar, así sea someramente, las diáfanas
enseñanzas de la Iglesia en relación con la eutanasia. Vayan unas pocas citas,
que no dejan resquicio alguno de duda al respecto. “Cualesquiera que sean
los motivos y los medios, la eutanasia directa es moralmente inaceptable…Una
acción o una omisión que, de suyo y en la intención, provoca la muerte para
suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad
de la persona y al Dios vivo, su Creador.
El error de juicio en que se puede haber caído de buena fe
no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar siempre”
(CEC, N° 2277) Ratifica luminosa y
categóricamente ese juicio la siguiente afirmación de San Juan Pablo II
: “…de acuerdo con el magisterio de mis predecesores, y en comunión con los
Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave
violación de la ley de Dios” (Evangelium Vitae, N° 65)
El Vaticano II, en la ejemplarización que
hace de los actos contrarios a la ley natural, que es ley de Dios, establece :
“ Todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, los
genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario…son oprobios
que, al corromper la condición humana, deshonran más a quienes los practican
que a quienes padecen la injusticia, y son totalmente contrarios al honor
debido al Creador” ( Gaudium et Spes, 27)
Ojalá que se alcen muchas voces para protestar contra estas
políticas criminales. No importa que nos parezca, por desgracia, que eso es
predicar en el desierto o majar en hierro frío. No podemos ser perros mudos.
Jesucristo, Señor de la vida, y a quien en este tiempo glorificamos como
vencedor de la muerte, y su Madre Inmaculada, a la que en este mes
cantamos como a Reina de Colombia, nos protejan.

