6 de marzo de 2026

SEMANA SANTA AÑO 2026


SEMANA SANTA AÑO 2026
LA MISIÓN ES VIVIR Y CUMPLIR LO QUE EL MAESTRO NOS ENSEÑÓ
““Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios.”
 (Marcos 3, 13).
Orientador: Padre Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué.
Jesucristo asumió perfectamente su misión en nombre del Padre celestial, cumpliendo con la instauración del Reino de Dios, anunciando su Palabra, y siendo ejemplo en su Pasión, Muerte y Resurrección de Aquel que ha sido enviado.

Con este presupuesto teológico bíblico vamos a vivir todos los acontecimientos de la Semana donde el mundo católico entre en un espacio de silencio, reflexión, participación en la celebración del Misterio Pascual del Salvador del mundo.

“Todos debemos vivir y evangelizar de tal manera que sea palpable y transparente, en nuestras actitudes y palabras, que nunca dejamos de ser discípulos de Jesucristo, que cada día lo redescubrimos y seguimos como a nuestro Maestro y Pastor, que tenemos necesidad de él, y que siempre podemos crecer en su seguimiento”.  

¿EN QUÉ CONSISTE LA SEMANA SANTA?

Es un tiempo privilegiado para el encuentro con Dios en su Misterio de Salvación. Semana Santa es: Vida, Paz, Alegría, toma de conciencia de mi propia fe, es encuentro con Aquel que es el dueño de la vida, es la razón de lo que yo creo, de lo que vivo, es el punto de referencia de lo que espero.


            El Misterio Pascual hace primero referencia a un acontecimiento salvífico e histórico “Jesús murió en tiempos de Poncio Pilato, Padeció y fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras, subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre

            El Misterio Pascual se expresa en el conjunto de acciones litúrgicas que constituyen la Semana Santa. Pascua es la vida que brota de la misma muerte por el poder de Dios para gloria del Padre; somos salvados por la Cruz de Cristo en la que está nuestra gloria y nuestra justificación.

            El Papa Benedicto XVI nos enseñó: “El Domingo de Ramos es el gran pórtico que nos lleva a la Semana Santa, la semana en la que el Señor Jesús se dirige hacia la culminación de su vida terrena. Él va a Jerusalén para cumplir las Escrituras y para ser colgado en la cruz, el trono desde el cual reinará por los siglos, atrayendo a sí a la humanidad de todos los tiempos y ofrecer a todos el don de la redención. Sabemos por los evangelios que Jesús se había encaminado hacia Jerusalén con los doce, y que poco a poco se había ido sumando a ellos una multitud creciente de peregrinos. (cfr. Homilía, 1 de abril, 2012). Dice el santo Evangelio: “Al día siguiente, la gran multitud que había venido para la fiesta, se enteró de que Jesús se dirigía a Jerusalén. Y, tomando hojas de palmera, salieron a su encuentro y lo aclamaban diciendo: «¡Hosana! (Juan 12, 12-13).   

            El Papa Francisco nos recuerda que la Semana Santa es un tiempo de Gracia para abrir el corazón a Jesús. “Abrir’ y ‘salir’ es lo que se nos pide en la Semana Santa, abrir el corazón y salir al encuentro de Jesús y de los demás y también para llevar la luz y la alegría de nuestra fe” “¡Salir siempre! Y hacer esto con amor y con la ternura de Dios, con respeto y paciencia, sabiendo que nosotros ponemos nuestras manos, nuestros pies, nuestro corazón, pero que es Dios el que nos guía y nos marca el camino”. “No es un acontecimiento de espectáculo, es una proclamación de nuestra salvación, por eso debe dejar huella” (cfr. Mensaje video, 16 de marzo, 2024).


RECOMENDACIONES ÚTILES 
PARA LA SEMANA SANTA

Para estar unidos a él debemos dedicarle tiempo a la oración y a la reflexión de sus misterios. Vivir una buena semana santa significa acompañar a Jesús, con nuestra oración, sacrificios y arrepentimiento de nuestros pecados.

CINCO RECOMENDACIONES

1.  Utilizar menos el teléfono celular. Que la primera y última persona que hablemos en el día sea Jesús.

2. Cuidar lo que consumimos. El santo de Hipona decía: “Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien nos habla” – San Agustín. Que nuestra fuente de nutrición espiritual esté en la Palabra

3. Participar en las celebraciones litúrgicas. Tratemos en lo posible de asistir a la iglesia para participar y conmemorar el Triduo Pascual en comunidad.

4. Oremos el Santo Rosario todos los días. “Aférrate al Rosario como las hojas de la hiedra se aferran al árbol; porque sin nuestra Señora no podemos permanecer” – Santa Madre Teresa de Calcuta.

5. Mantener conversaciones edificantes. que nos esforcemos por ser intencionales en las conversaciones y favorecer la profundidad en las comidas familiares. Buen diálogo familiar. (cfr. Papa Francisco, Homilía, 25 de marzo, 2018).


DOMINGO DE RAMOS
EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
20 de marzo 2026

 Bendito el que viene en nombre del Señor. Acompañamos al Hijo de Dios en la ciudad santa de Jerusalén. Disponemos nuestro espíritu y corazón para vivir el acontecimiento cumbre de nuestra fe católica-cristiana. La Pasión, la muerte, la resurrección, de Aquel que tuvo la osadía de conquistar el mundo con la gloria de su propio sufrimiento.

 

El Papa Francisco decía: La pasión de Jesús se vuelve compasión cuando tendemos la mano al que ya no puede más, cuando levantamos al que está caído, cuando abrazamos al que está desconsolado. Hermanos, hermanas, para experimentar este gran milagro de la misericordia, decidamos durante la Semana Santa cómo llevar la cruz; no al cuello, sino en el corazón. No sólo la nuestra, sino también la de aquellos que sufren a nuestro alrededor. (Homilía, 13 de abril, 2025).

MONICIONES Y COMENTARIOS A NUESTRA CEREMONIA

COMENTARIO DE ENTRADA
Hermanos y Hermanas, iniciamos nuestra Semana Mayor recordando la entrada del Hijo de Dios a la ciudad santa de Jerusalén.”  Los católicos celebramos ese misterio: es la esencia de nuestra fe, es la razón de ser de la Iglesia, es el momento cumbre de la vida de Jesús de Nazareth, es la oportunidad para cambiar nuestra manera de pensar y de actuar en la sociedad que vivimos. Jesucristo advirtió: “Ha llegado la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores” (Mateo 26, 45) Iniciemos con fe y esperanza participando en nuestra celebración.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA (Isaías 50, 4-7)

Según el tercer cántico del profeta Isaías, quien es Siervo de Yahveh mantiene siempre firme su Fe y su Esperanza en Dios, a pesar de las dificultades del momento: “El Señor Dios me sostiene por eso no me siento avergonzado” Escuchemos en silencio esta lectura.

SEGUNDA LECTURA (Filipenses 2, 6-11)

Jesucristo es el modelo perfecto de las virtudes. La humildad es el estandarte de su misión. Siendo de condición divina se anonadó y tomó la condición de Siervo. Escuchemos con atención la siguiente lectura.

PROCLAMACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR (Mateo 26, 14 – 27,66)

El Maestro de Nazareth se dirige a la ciudad de Jerusalén, va a celebrar su propia Pascua, va a asumir el momento más difícil de su historia, la pasión, la muerte y la gloria de la resurrección. Denuncia a aquella persona que lo va a vender. Advierte la negación de su primer discípulo. En una actitud muy humilde confía totalmente en Padre celestial: “Que no sea como yo quiero, sino como quieras tú” En pie escuchamos la Pasión del Señor.


ORACIÓN COMÚN DE LOS FIELES.

Oremos a Dios nuestro Padre para que nos conceda vivir desde nuestra Fe, Esperanza y Caridad esta semana santa que iniciamos y podamos lograr lo que Dios más quiere de nosotros. Nuestra propia conversión. Nos unimos respondiendo: ESCÚCHANOS PADRE DE BONDAD.

Por la Iglesia, que sufre en sus miembros, que quiere hacer suyo el sufrimiento de toda la humanidad; para que sepa decir al abatido una palabra de aliento. Roguemos al Señor. R/.

Por la unión de las Iglesias; para que el sacrificio de Cristo nos reúna en la unidad a los hijos de Dios dispersos. Roguemos al Señor. R/.

Por los enfermos, los moribundos y todos los que sufren; para que, apurando el cáliz de la pasión, a semejanza de Cristo paciente, tengan la firme esperanza de participar con Él en su gloria. Roguemos al Señor. R/.

Por nosotros, que nos disponemos a celebrar la Pascua del Señor; para que su muerte y resurrección se cumplan en nuestra vida, Roguemos al Señor. R/.

Por la fidelidad de los esposos, de los sacerdotes, de todos los cristianos a nuestra fe. Roguemos al Señor. R/.

Para que todos los difuntos compartan la resurrección de Cristo, igual que han compartido ya con él la muerte. Roguemos al Señor. R/.

ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS AL ESPÍRITU SANTO

“Espíritu Santo, en el silencio de este amanecer, te damos gracias por darnos aliento y permitirnos vivir para ver todo en el mundo. Gracias por darnos paz y alegría. Cualesquiera que sean las personas y las cosas que encontremos todos los días está arreglada por tu sabiduría. Estamos dispuestos a entregarte cada día. Que nos guíes por el camino correcto, nunca nos desviemos de Tus enseñanzas y guardemos siempre Tus palabras en nuestro corazón. Estamos dispuesto a seguir Tu camino y glorificar tu nombre. Gracias y alabado seas, ¡Amén! “


HUMILDAD, SENCILLEZ Y GRANDEZA DE CORAZÓN                        Evangelio domingo de Ramos 
29 de marzo 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué

 °°° «Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.  El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?» Él les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos." °°° Mateo 26, 14 - 27, 66.

El Misterio Pascual hace referencia a un acontecimiento salvífico e histórico “Jesús murió en tiempos de Poncio Pilato, Padeció y fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras, subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre.” 

Jesucristo asume el dolor, el sufrimiento, la pasión, la humillación de los judíos, la hipocresía de Judas Iscariote, el madero de la Cruz, la soledad y el silencio, en aras de la salvación del mundo. Humildad, sencillez y nobleza de corazón identifican al Nazareno en su propósito salvífico. San Pedro explica la muerte del Maestro diciendo: “A ese hombre que lo hicieron morir en una Cruz, Dios lo resucitó librándolo de las angustias de la muerte” (Hechos 2, 22-24).

El Papa Francisco enseñaba: Allí, mientras es crucificado, en el momento más duro, Jesús vive su mandamiento más difícil: el amor por los enemigos. Pensemos en alguien que nos haya herido, ofendido, desilusionado; en alguien que nos haya hecho enojar, que no nos haya comprendido o no haya sido un buen ejemplo. ¡Cuánto tiempo perdemos pensando en quienes nos han hecho daño! Y también mirándonos dentro de nosotros mismos y lamiéndonos las heridas que nos han causado los otros, la vida o la historia.

Hoy Jesús nos enseña a no quedarnos ahí, sino a reaccionar, a romper el círculo vicioso del mal y de las quejas, a responder a los clavos de la vida con el amor y a los golpes del odio con la caricia del perdón. Pero nosotros, discípulos de Jesús, ¿seguimos al Maestro o a nuestro instinto rencoroso? Es una pregunta que debemos hacernos: ¿seguimos al Maestro o seguimos a nuestro instinto rencoroso?” (cfr. Homilía, 10 de abril, 2022).


LUNES SANTO
30 de marzo 2026
La Fe, el amor y la caridad 
se imponen ante la pasión

El santo Padre Benedicto XVI nos propone pensar hasta dónde puede llegar el amor cuando es de Dios, viene de Dios y está en los planes de Dios. Dice el Papa: Jesús comprende que María ha intuido el amor de Dios e indica que ya se acerca su "hora", la "hora" en la que el Amor hallará su expresión suprema en el madero de la cruz

MONICIONES Y COMENTARIOS A NUESTRA CEREMONIA

COMENTARIO DE ENTRADA

Hermanos y Hermanas, iniciamos los tres días meditación y silencio que nos ayudarán para vivir el acontecimiento de la pasión del Maestro, quien decide antes celebrar la cena con sud discípulos. Hoy lunes santo: Jesús toma una decisión: permite que una mujer unja sus pies, porque existe en su corazón la certeza de quién está siendo ungido. Esa razón es suficiente para que todo el hecho se desarrolle hasta su fin. “Pobres siempre van a tener con ustedes” Participemos con gozo y alegría de nuestra celebración Eucarística.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA Isaías 42, 1-7; Salmo 27.

El primer cántico del siervo de Yahveh identifica al Mesías. Dios presenta a su Siervo en quien se complace y lo identifica como Aquel que cumple su misión en la humildad y es el futuro liberador de Israel. El Salmo 27 es un excelente himno de confianza plena en Dios. Él es nuestra luz y nuestra salvación.  Escuchemos la lectura y participemos en la proclamación del Salmo.

SEGUNDA LECTURA Juan 12, 1-11
La Fe y la caridad se imponen en la pasión del Maestro. Jesucristo desea que aprendamos una excelente lección. La Fe sin la caridad está muerta.  En pie cantamos y nos disponemos a escuchar el Santo Evangelio.

ORACIÓN COMÚN DE LOS FIELES.
Oremos al Padre celestial para dar gracias por tantas bondades que Él tiene para con nosotros, para que nos conceda la gracia de que demostremos lo que creemos con lo que hacemos. Nos unimos diciendo:   
GRACIAS PADRE AMOROSO

Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión, para que consigamos la gloria de la resurrección. R/.

Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas. R/.

Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida, para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación. R/.

Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz,

concede a tus fieles obediencia y paciencia. R/.

OREMOS: Dios todopoderoso, mira la tranquilidad de nuestra naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

ORACIÓN PARA DARLE GRACIAS A DIOS

“Querido Dios, hoy te damos gracias por cobijar nuestros sueños, gracias por todo lo que has brindado a nuestra familia, gracias por traer comida a nuestra mesa, gracias por regalarnos un día lleno de esperanza. Gracias, querido Dios, aunque no tengamos una vida lujosa ni riquezas asombrosas, Tú siempre nos proporcionas todo, incluso más de lo que necesitamos, qué maravilloso es poder disfrutar de Tus grandes bendiciones. Amén”. 


EL AMOR ENCUENTRA SU EXPRESIÓN EN LA CRUZ                                                               Evangelio lunes Santo 30 de marzo 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez.
Arquidiócesis de Ibagué
            “Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.

Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?» Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis.» °°° Juan 12, 1-11

            Jesucristo asume con Fe y valentía su compromiso con la salvación de la humanidad. Inicia su camino hacia la pasión. Seis días antes llegó a Betania y se detiene en la casa de Lázaro, Marta y María. El Maestro planea sabiamente todos los detalles de su pasión que se convertirán en el futuro en motivo de apostolado. Si la muerte en una Cruz estaba como reservada como castigo a los subversivos y a los que cometían faltas gravísimas. Una persona que muere en una Cruz no tenía derecho a ser ungida ni a una sepultura. María se anticipa a ese momento y unge los pies del Maestro. José de Arimatea ofrece un sepulcro nuevo.

            El amor, la misericordia, están más allá de la justicia.  El Maestro de Nazareth dice: “pobres, los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.  Existe mucho bien que se puede hacer por los demás, hay muchas necesidades en el mundo, muchas personas necesitan ser atendidas y escuchadas. Basta practicar la misericordia con la limpieza de corazón. La hipocresía de Judas Iscariote no ofrece ningún aporte a la misión de su Maestro.

            La Fe y la caridad se imponen en la pasión del Maestro. Jesucristo desea que aprendamos una excelente lección. La Fe sin la caridad está muerta. 

            El Papa Francisco advertía: Si ignoro a los pobres, el Señor me ignorará el día del juicio. "Están los pobres que vemos, que son una parte mínima. La mayor parte de los pobres son aquellos que no vemos: pobres escondidos. Y nosotros no los vemos porque entramos en esa cultura de la indiferencia que es negacionista, y negamos: 'No, no hay tantos, no se ven. Sí, está ese caso…', disminuyendo siempre la realidad d ellos pobres. Pero hay muchos". Hay mucho dinero en manos de unos pocos y mucha pobreza en manos de muchos". "Esa es la pobreza de tanta gente víctimas de la injusticia estructural de la economía mundial”. (cfr. Homilía, 6 de abril, 2020). 


MARTES SANTO
31 de marzo 2026
La traición y la hipocresía 
no pertenecen a una persona de Fe

El Papa Benedicto XVI enseñaba diciendo: los textos evangélicos insisten en otro aspecto:  Juan dice expresamente que "el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo" (Juan 13, 2); de manera semejante, Lucas escribe:  "Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce" (Lucas 22, 3). De este modo, se va más allá de las motivaciones históricas y se explica lo sucedido basándose en la responsabilidad personal de Judas, que cedió miserablemente a una tentación del Maligno”. (cfr. Audiencia, 18 de octubre, 2006).

MONICIONES Y COMENTARIOS A NUESTRA CEREMONIA
COMENTARIO DE ENTRADA

Queridos hermanos: Existen momentos difíciles que se presentan en el ambiente de la misión. La traición por parte de una persona. El comportamiento hipócrita de alguien. El sentir tristeza al saber que uno de los seguidores del Maestro, es el mismo que lo va a vender. Inteligencia, sabiduría y buen corazón son muy necesarios para llevar a cabo la misión. Para superar las adversidades. Jesucristo toma una decisión sabia: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre”. Participemos con fe en nuestra celebración Eucarística.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA Isaías 49, 1-6; Salmo 71

En el segundo Cántico Dios envía a su Siervo para que practique la justicia. Dios quiere que sean restauradas las tribus de Jacob y hacer volver a los supervivientes de Israel. Dios quiere la paz y la organización de su pueblo. El Salmo 71 es una oración de total confianza en la bondad y la misericordia que viene de Dios: “Tu eres mi esperanza y mi seguridad” Escuchemos atentamente la lectura y dispongámonos para participar en el Salmo de David.

SEGUNDA LECTURA Juan 13, 21-33. 36-38
Debemos pedirle a Dios que nos conceda la Gracia de vivir según la virtud de la perseverancia. Que logremos llegar hasta el final llevando una buena vida cristiana sin caer en la tentación de utilizar a los demás.  Escuchemos con Fe la proclamación del Santo Evangelio.


ORACIÓN COMÚN DE LOS FIELES

Jesucristo, el Señor, ha sido glorificado por el Padre con la resurrección de la muerte. Parodiando el salmo 26 digamos al Señor: No me entregues, Señor, a la saña de mis adversarios, porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia

Confiados en su mediación, oremos diciendo: ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN SEÑOR.

— Por la Iglesia, que acompaña a Cristo en el camino de la pasión. Roguemos al Señor

— Por los que deciden impunemente la muerte de tantos inocentes. Roguemos al Señor.

— Por los que dan su vida por Cristo al servicio de los pobres, de los enfermos. Roguemos al Señor.

— Por nosotros y por todos los cristianos, que queremos ser cada día más fieles a Cristo Jesús. Roguemos al Señor.

— para que seamos proclamadores del mensaje de Dios dondequiera que nos encontremos. Roguemos al Señor.

OREMOS: Concédenos, Señor, Dios nuestro, participar en los frutos de la pasión gloriosa de tu Hijo mientras nos disponemos a celebrar el memorial de su Pascua. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor

ORACIÓN PARA PEDIR BENDICIONES A DIOS

“Querido Padre Celestial, nos encomendamos a tu cuidado, para que nos protejas del mal y nos mantengamos fuertes en la fe. En medio del dolor, concédenos la alegría y déjanos ver todo a la luz de Tu Palabra. Que Tu amor nos cubra y evite que seamos contaminados por cualquier pecado o caigamos en las tentaciones de Satanás. Que nuestros pensamientos y acciones estén en armonía con tu corazón. Amén.


SABIDURÍA PARA ENFRENTAR ADVERSIDADES                                       
Evangelio martes Santo 31 de marzo 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué

“Durante la última cena Jesús se conmovió profundamente y afirmó con claridad: «En verdad, en verdad les digo que uno de ustedes me entregará.» Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de       quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús.  Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando.» El, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?» Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.  Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote.

Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche. Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él.” °°° Juan 13, 21-33. 36-38

            En el momento de la última Cena nos ubicamos en un ambiente de amor, caridad, fraternidad, unidad, armonía y excelente vida cristiana. Es el ambiente que elige Jesucristo para ofrecer una catequesis sobre el valor tan importante que tiene el discipulado en medio de la amistad, la transparencia, la fidelidad. El momento triste es tener que evangelizar sabiendo que en el grupo de todos aquellos que siguen al Maestro existe alguien que representa la hipocresía, la envida, la ambición del dinero, el vender a su amigo.

Dos momentos que exigen mucho amor por la misión y mucha fortaleza para soportar la traición de alguien y la negación de otra persona. El Maestro dirá: “Con un beso entregas al Hijo del hombre” (Lucas 22, 48) “Antes de que el gallo cante me habrás negado tres veces” (Lucas 22, 61).

            Inteligencia, sabiduría y buen corazón son muy necesario para llevar a cabo la misión. Para poder superar estos momentos difíciles el Maestro nos recomienda la serenidad para que cumplamos la misión pensando que lo hacemos en nombre de Dios no es a título personal. Eso ayuda mucho a soportar la envida, la hipocresía, la falsedad. La serenidad permite llegar a grandes conclusiones como «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo. Jesucristo siempre está con nosotros, él nunca nos abandona, él mismo nos da la sabiduría para responder a las adversidades.  “Estaré con ustedes hasta el fin del mundo”. (Mateo 28, 20).   

            El Papa Francisco nos pide que tengamos fidelidad en el servicio: Jesús sufrió la traición de Judas y de San Pedro. "en cambio, cuando el siervo no puede comprender que ha caído, cuando la pasión lo toma de tal manera que lo lleva a la idolatría, abre su corazón a satanás, entra en la noche: eso es lo que le pasó a Judas" "Pensemos hoy en Jesús, el siervo, fiel en el servicio. Su vocación es servir hasta la muerte, y la muerte en la Cruz. Pensemos en cada uno de nosotros, parte del pueblo de Dios: somos servidores, nuestra vocación es servir, no aprovechar nuestro lugar en la Iglesia. Servir. Siempre en servicio". (cfr. Homilía, 7 de abril, 2020).


MIÉRCOLES SANTO
1 de abril 2026
La traición es el fruto de la debilidad humana, de la pobreza de espíritu, del afán por el lucro y el poder.

El Papa Benedicto XVI no pide que seamos honestos con Dios y con todas las personas: Judas era un zelote, y quería un Mesías triunfante, que guiase una revuelta contra los romanos. Jesús había decepcionado las expectativas. El problema es que Judas no se fue, y su fallo más grave fue la mentira, que es la marca del diablo. Por eso Jesús dijo a los Doce: "Uno de ustedes es un diablo". (Homilía, 26 de agosto, 2012).

MONICIONES Y COMENTARIOS A NUESTRA CEREMONIA
COMENTARIO DE ENTRADA
Hermanos y Hermanas: El resultado de la traición no puede ser otro que la misma muerte. Judas el traidor llegó a la conclusión de que: he pecado entregando a la muerte a un inocente. El juicio de Jesús provoca dos reacciones: la del convertido Pedro y la del suicidado Judas; los dos discípulos fueron los más sinceros en sus reacciones. Quien traiciona quebranta la lealtad, la confianza y los pactos sagrados. Es un acto de infidelidad contra Dios y el prójimo. Participemos con gozo y Esperanza en nuestra celebración Eucarística.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA Isaías 50, 4-9ª y Salmo 69

El Cántico del Siervo nos propone pensar en el valor del sufrimiento, cómo enfrentar el sufrimiento, el sentido que guarda el sufrimiento. Ante el momento del sufrimiento hay que permanecer fiel al Señor, seguir su mandato, confiar en su fortaleza.

“El Señor me ha abierto el oído y no me he rebelado”. Según el Salmo 69 David clama al Señor sabiduría para derrotar el sufrimiento, soportar los adversarios. El punto es perseverar en la Fe. Escuchemos con atención el mensaje del profeta y dispongámonos para participar en el Salmo.

SEGUNDA LECTURA
Evangelio: Mateo 26, 14-25.

Es preocupante el comportamiento de algunas personas. “Judas es descubierto en su propósito. Pero lejos de arrepentirse y cambiar a tiempo sigue con sus malos pensamientos. Todo podía haber quedado en la tentación, en un mal paso… pero la tentación sigue… y crece… y engendra traición.” Nos colocamos en pie para escuchar el Santo Evangelio.


ORACIÓN COMÚN DE LOS FIELES

“El Señor Jesús instituyó el sacramento de su entrega a nosotros, cuando uno de sus discípulos se preparaba para traicionarlo. Reconociendo el amor del Padre manifestado en la entrega de Cristo en la pasión y en la eucaristía, dirijamos a él nuestra oración. Oremos diciendo:  QUE SIEMPRE SEAMOS FIELES A TI SEÑOR

1.   Para que la Iglesia, con la mirada puesta en Cristo, no se gloríe sino en la cruz de su Señor. Roguemos al Señor.

2.   Para que Jesús, que con su sangre salvó al mundo, se muestre amigo y defensor de todos los hombres. Roguemos al Señor.

3.   Para que los cristianos seamos siempre capaces de decir al abatido una palabra de aliento. Roguemos al Señor.

4.   Para que nuestro arrepentimiento y penitencia sean camino de gracia y redención, que se actualice en la próxima Pascua. Roguemos al Señor. 

OREMOS: SEÑOR, Dios nuestro, escucha con amor nuestras súplicas y concédenos ser siempre fieles discípulos de Jesucristo, tu Hijo, Amén.

ORACIÓN PARA OFRECER ESTE DÍA PARA EL SEÑOR

“Padre Celestial, queremos encomendarte este día que está a punto de empezar. Permítenos pasar este día como Tú voluntad. Por favor ayúdanos a no enojarnos por nuestras dificultades, sino a verlas con fe y confiar en Tu ayuda para superarlas. Por favor protégenos de todo mal, alabaremos siempre tu bondad, Amén.” 


LA TRAICIÓN ES ALGO DESPRECIABLE                           
Evangelio miércoles Santo 1 de abril 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibag

“Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: ¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré? Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.

El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua? Él les dijo: Vayan a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.

Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: Yo les aseguro que uno de ustedes me entregará Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: ¿Acaso soy yo, Señor? El respondió: El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: ¿Soy yo acaso, Maestro? Le dijo: Sí, tú lo has dicho.” Mateo 26, 14-25

La traición es algo despreciable que sucede en el proceso de la Pasión del Maestro de Nazareth. Es el fruto de la debilidad humana, de la pobreza de espíritu, del afán por el lucro y el poder. Desafortunadamente es así y con este fenómeno se debe contar en múltiples ocasiones. Es algo que golpea fuertemente y defrauda los ideales de cualquier misión. Jesús asume este reto y convoca a Judas para que reflexione sobre lo que va a acontecer, parece que no le entiende al Maestro la oportunidad que le está ofreciendo, entonces Jesús decide contestarle la pregunta directamente: “Tú lo has dicho”

Dios nos prepara para que podamos cumplir con la misión de anunciar su Palabra y lograr que muchas personas vuelvan por los caminos de Dios. Entre las varias dificultades que podamos encontrar en el camino, es la “Traición”.

            El Papa Francisco nos propone pensar en el impacto terrible que puede vivir una persona cuando se siente traicionada por los seres más cercanos. Decía el santo Padre: “Jesús sufrió la traición del discípulo que lo vendió y del discípulo que lo negó. Fue traicionado por la gente que lo aclamaba y que después gritó: «Sea crucificado»”. “Es terrible cuando se descubre que la confianza depositada ha sido defraudada” “nace tal desilusión en lo profundo del corazón que parece que la vida ya no tuviera sentido”. “Nacimos para amar y ser amados” y es por ello que lo más doloroso es “la traición de quién nos prometió ser fiel y estar a nuestro lado”. (cfr. Homilía 5 de abril, año 2020).

POSIBLE CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA EN EL DÍA MIÉRCOLES SANTO
PARA ORAR POR LOS ENFERMOS Y LIMITADOS.
TAMBIÉN EN ALGUNAS PARROQUIAS LOS SACERDOTES EN ESTE DÍA ADMINISTRAN EL ÓLEO A LOS ENFERMOS.


EUCARISTÍA POR LOS ENFERMOS

CUIDÉMONOS MUTUAMENTE
“El enfermo es siempre más importante que su enfermedad.”
Miércoles 1 de Abril 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué

 

COMENTARIO INICIO
DE LA EUCARISTÍA

           


La Eucaristía es el centro de nuestra vida, es el sacramento de la nueva y definitiva Alianza de Dios con su pueblo.  Nos dejamos llevar por el espíritu de la Eucaristía, en este mundo de la salud y la enfermedad, descubriendo cada día al Dios del dolor, del sufrimiento, de la alegría, de la esperanza.

Un Dios que siempre está con nosotros, en los momentos difíciles y en los gozos de la esperanza. Encomendemos a todas las personas que sufren, están enfermos, son limitados, personas que esperan mucho de nosotros.  Hagamos eco al llamado del apóstol Santiago: “Está enfermo alguno, que llame a sacerdotes de la Iglesia, que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al que no puede levantarse; el Señor hará que se levante; y si ha cometido pecados, se le perdonarán." (Santiago 5, 14-15). Iniciemos cantando con gozo y con Fe nuestra Eucaristía.

Lectura de la profecía de Isaías 53, 1-15. 7-10

¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.

Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, o que el Señor quiere prosperará por su mano.  Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8

R. Bendice, alma mía, al Señor; él cura todas tus enfermedades.

Bendice, alma mía, al Señor y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos;

enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia;

no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. R


SANTO EVANGELIO

Lucas 9, 1-6.  

Comentario: La Iglesia debe servir siempre a los enfermos y a los que cuidan de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cfr. Mateo 10,1-8; Marcos 6, 7-13), siguiendo el ejemplo muy elocuente de su Fundador y Maestro. En pie escuchamos el Santo Evangelio.

"Convocando a los Doce, el Maestro les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades" "y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no los reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudan el polvo de sus pies en testimonio contra ellos.»" "Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes." Lucas 9, 1-6. (Palabra del Señor).


ORACIÓN DE LOS FIELES:

Elevemos nuestra oración a Dios Padre, en quien ponemos nuestra confianza. Lo hacemos por mediación de María, salud de los enfermos, respondiendo:

R. Padre, en Ti confiamos.

— Por la Iglesia: para que asuma su vocación maternal y así acoja en su seno a todos los

que se sienten solos y hagamos presente el consuelo de Cristo. Oremos.

— Por nuestros hermanos enfermos: para que, experimentando el misterio del dolor, sientan

también la presencia cercana y maternal de la Virgen María. Oremos.

— Por los enfermos, por sus familiares, para que reciban la fuerza de María y se conviertan para nosotros en un ejemplo de acompañamiento. Oremos.

— Por todos los religiosos y religiosas, laicos y ministros extraordinarios de la Eucaristía, consagrados al servicio de los enfermos y pobres: para que su dedicación y entrega sea reflejo del rostro misericordioso del Padre para quien nos necesite. Oremos.

— Por nuestra comunidad cristiana, nuestra parroquia: para que se muestre siempre cercana

a las necesidades de las familias con enfermos y sea un verdadero hogar de acogida, acompañamiento y servicio para ellos. Oremos.

OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración y danos un corazón compasivo como el de María, para que nos mostremos siempre más atentos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren y nos comprometamos, sin miedo, a acompañarlos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

ORACIÓN PARA ESTE DÍA DE LOS ENFERMOS

Oh, María,

Tú resplandeces siempre en nuestro camino

como signo de salvación y esperanza.

Nosotros nos encomendamos a Ti,

salud de los enfermos,

que ante la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús

manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de todos los pueblos,

sabes lo que necesitamos

y estamos seguros de que proveerás para que,

como en Caná de Galilea,

pueda regresar la alegría y la fiesta

después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor,

a conformarnos a la voluntad del Padre

y a hacer lo que nos dirá Jesús,

que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos.

Y ha tomado sobre sí nuestros dolores

para llevarnos, a través de la cruz, al gozo de la Resurrección. Amén.


Papa Francisco
HOMILÍA PARA EL DÍA DE LOS ENFERMOS
PAPA FRANCISCO

 «Sean misericordiosos, así como el Padre de ustedes es misericordioso» (Lucas 6,3 6). Estar al lado de los que sufren en un camino de caridad.

La misericordia es el nombre de Dios por excelencia, que manifiesta su naturaleza, no como un sentimiento ocasional, sino como fuerza presente en todo lo que Él realiza. Es fuerza y ternura a la vez. Por eso, podemos afirmar con asombro y gratitud que la misericordia de Dios tiene en sí misma tanto la dimensión de la paternidad como la de la maternidad (cf. Isaías 49,15), porque Él nos cuida con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre, siempre dispuesto a darnos nueva vida en el Espíritu Santo.

2. Jesús, misericordia del Padre

El testigo supremo del amor misericordioso del Padre a los enfermos es su Hijo unigénito. ¡Cuántas veces los Evangelios nos narran los encuentros de Jesús con personas que padecen diversas enfermedades! Él «recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas de los judíos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente» (Mateo 4,23). Podemos preguntarnos: ¿por qué esta atención particular de Jesús hacia los enfermos, hasta tal punto que se convierte también en la obra principal de la misión de los apóstoles, enviados por el Maestro a anunciar el Evangelio y a curar a los enfermos? (cf. Lucas 9,2).

La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos “angustiemos” (cf. Mateo 6,27).

            La enfermedad siempre tiene un rostro, incluso más de uno: tiene el rostro de cada enfermo y enferma, también de quienes se sienten ignorados, excluidos, víctimas de injusticias sociales que niegan sus derechos fundamentales (cf. Carta encíclica. Fratelli Tutti, 22)

            El mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos. Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado. 


JUEVES SANTO
2 de abril 2026
El amor, el servicio y la caridad son principios de la identidad cristiana

El Papa Benedicto XVI nos recordó el motivo por el cual Jesucristo celebró la Cena Pascual: Jesús celebró la Pascua sin cordero, no, no sin cordero: en lugar del cordero se entregó a sí mismo, su cuerpo y su sangre. De este modo anticipó su muerte coherentemente con su anuncio: «Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente» (Juan 10, 18). En el momento en el que entregaba a sus discípulos su cuerpo y su sangre, cumplía realmente con esta afirmación. Ofreció él mismo su vida. Sólo de este modo la antigua Pascua alcanzaba su verdadero sentido.” (cfr. Homilía, 7 de abril, 2007). 

MONICIONES Y COMENTARIOS A NUESTRA CEREMONIA
COMENTARIO DE ENTRADA

Hermanos y Hermanas. El momento central histórico en Israel es celebrar la fiesta de la Pascua.  Dicha fiesta estaba reglamentada por la ley Mosaica. Dicha ceremonia expresa una Acción de gracias y un motivo de Esperanza para la comunidad israelita. El Cordero va a tener un motivo central en dicha celebración. Jesucristo celebra su propia pascua, invita a sus discípulos y Él mismo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Su enseñanza es: Amor, servicio y caridad para todos los que celebren ese mismo Banquete. “Cada vez que lo hagan, háganlo en memoria mía” Nos disponemos cantando para comenzar nuestra celebración de la Cena del Señor.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA Éxodo 12, 1-8. 11-14

Dios le indicó perfectamente a la comunidad israelita cómo debía celebrar la fiesta de la Pascua. El pueblo está muy agradecido con Dios por haber obtenido la liberación de la esclavitud de los egipcios. Dijo Dios: “la sangre será la señal sobre las casas donde estén, cuando yo vea la sangre pasaré de largo y no existirá plaga exterminadora” Escuchemos con mucha atención la siguiente lectura.

SEGUNDA LECTURA 1 Corintios 11, 23-26.

La Eucaristía representa para nosotros los católicos la nueva Pascua Cristiana. Esos fueron los deseos del Maestro de Nazareth. Será alimento, será bebida y será bendición. Jesucristo es el Salvador. Como dice el apóstol: Cada vez que comamos de ese pan y bebamos de esa Cáliz anunciaremos la muerte del Señor hasta que vuelva. Escuchemos en silencio la proclamación de la epístola.

TERCERA LECTURA Juan 13, 1-15

Desde el sacramento de la Eucaristía, nuestro Dios y Salvador nos enseña cómo debe ser la vida de todos aquellos que coman su cuerpo y beban su sangre. Debe reinar el amor, el servicio, la caridad, la humildad. Dice el Maestro: “Lo mismo que yo he hecho con ustedes, háganlo con los demás”. Nos colocamos en pie cantando para escuchar el Santo Evangelio.

Por la iglesia, cuerpo de Cristo; para que guarde la unidad en la caridad, que quiso para ella Jesucristo, y así el mundo crea, roguemos al Señor.


ORACIÓN COMÚN DE LOS FIELES

                        Jesús se sienta a la mesa con sus Apóstoles a celebrar la última cena con ellos y les encargó que la celebrasen en el futuro en memoria suya. Esta celebración abre el Triduo Pascual, ésta nos prepara para la celebración por excelencia de los cristianos. Oremos diciendo:

ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN POR AMOR A TU PUEBLO.

Por la Iglesia, pueblo de Dios que en este día reúne en oración a sus hijos dispersos por sus casas para vivir el Triduo pascual, para que en cada una de las familias vivamos de tal manera que hagamos presente en nuestros días la acción salvadora de Dios. Roguemos al Señor.

R/ Escucha nuestra oración por amor a tu pueblo

– Por quienes han sido llamados al ministerio sacerdotal, especialmente por los sacerdotes de nuestra comunidad, para que el Señor que comenzó en ellos la obra buena actúe en su vivir día a día. Roguemos al Señor.

R/ Escucha nuestra oración por amor a tu pueblo

– Por los gobernantes, por los que tienen poder, para que sus decisiones contribuyan a crear un mundo más fraterno que en esta situación de tanto sufrimiento alivie el dolor de quienes están sufriendo por ellos mismos o por sus familiares. Roguemos al Señor

R/ Escucha nuestra oración por amor a tu pueblo

– Por los que más necesitan en su vida que alguien les recuerde la fuerza del amor, para que en estos días en que experimentamos la generosidad en la entrega de tantas personas descubramos la huella de Dios en los ciudadanos de buena voluntad. Roguemos al Señor.

R/ Escucha nuestra oración por amor a tu pueblo

– Por quienes estamos comenzando en este día la celebración del Triduo pascual, para que unidos a Cristo en su Pasión y Muerte participemos diariamente de la vida de su Resurrección y participen de esa vida quienes han muerto por la enfermedad. Roguemos al Señor

OREMOS: Gracias Padre de bondad por escuchar nuestras súplicas y oraciones. Por Jesucristo Nuestro Señor.

ORACIÓN EN ACCIÓN DE GRACIAS

“Gracias, Señor, por las bendiciones que has derramado en nuestra vida. Nos has dado más de lo que jamás podríamos haber imaginado. Nos has rodeado de personas que siempre nos cuidan. Nos has dado familia y amigos que nos bendicen cada día con palabras y acciones amables. Nos animan de manera que mantienen nuestra mirada fija en ti y elevan nuestro espíritu.

También, gracias, Señor, por mantenernos a salvo. Nos proteges de las cosas que parecen atormentar a los demás. Nos ayudas a tomar mejores decisiones y nos das consejeros para ayudarnos con las decisiones difíciles de la vida.”


AMOR, SERVICIO Y CARIDAD 
EN LA VIDA CRISTIANA            

Evangelio jueves 2 de abril 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué

            “La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y mientras celebraban la cena, cuando el diablo ya había sugerido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que lo entregara, como Jesús sabía que todo lo había puesto el Padre en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la puso a la cintura.

Después colocó agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había puesto a la cintura. Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: —Señor, ¿tú me vas a lavar a mí los pies? —Lo que yo hago no lo entiendes ahora —respondió Jesús—. Lo comprenderás después. Le dijo Pedro: —No me lavarás los pies jamás. —Si no te lavo, no tendrás parte conmigo —le respondió Jesús.” °°° Juan 13, 1-15

            Amor, servicio y caridad en la vida cristiana. Es la propuesta del Maestro de Nazareth cuando se prepara para su momento definitivo de asumir el dolor, el sufrimiento, la muerte en aras de la salvación de la humanidad. Jesucristo nos dejó la sabia idea de una Iglesia pobre, sencilla, dada a la gente. Una Iglesia que practique constantemente el servicio y la caridad con toda clase de persona. Una Iglesia que tenga como fundamento de su misión el Amor. Dios le propuso a la humanidad el Amor como principio y ápice de la ley divina. Amar significa y significará siempre: Hacer el bien en todo momento.

            Amor, sacerdocio, caridad, humildad, distinguen la última cena del Salvador del Mundo.  El Papa Francisco indica que la lógica del amor culmina en la cruz de Cristo: “Jesús quiere que en cada corazón triunfe el amor de Dios sobre el odio y el rencor. La lógica del amor, que culmina en la Cruz de Cristo, es el distintivo del cristiano, y nos induce a ir al encuentro con corazón de hermanos”. De qué modo se puede superar ese instinto humano y “la ley mundana de la venganza”. “La respuesta nos la da Jesús en la misma página evangélica: ‘Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso’. (cfr. Ángelus, 24 de febrero, 2019)

            Santo Tomás de Aquino enseñaba: el amor es el acto principal y la forma de todas las virtudes, constituyendo la esencia misma de la caridad. No se trata de un simple sentimiento, sino de un acto voluntario y racional que busca el bien del otro, definiéndose como la amistad del hombre con Dios y, por extensión, con el prójimo. El Santo nos propone pensar en el amor de benevolencia, es el amor que se tiene por alguien, deseando el bien de esa persona por su propio bien. Este es el tipo de amor más alto y desinteresado.


LAVATORIO DE LOS 
PIES, ÚLTIMA CENA JUEVES SANTO 2 de abril 2026 Posible ceremonia

Orientador Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué.  

“Convocando a los doce, les dio autoridad sobre todos los demonios, para curar enfermedades y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.”  Lucas. 9, 1-3.

Nota: Todos los apóstoles ingresan en procesión con el sacerdote a la ceremonia.  Advertencia: son dos ceremonias, el Lavatorio de los pies con la última cena y la Eucaristía Central del día

            Se ubican en sus puestos en torno a la mesa.  Después de las siguientes palabras el sacerdote los llama por su nombre para saber si se encuentran en el lugar.

CANTO LITÚRGICO:

            DONDE HAY CARID AD Y AMOR

Donde hay caridad y amor, allí está el Señor, allí está el Señor.

            Una sala y una mesa, una copa vino y pan, los hermanos compartiendo en amor y unidad

            Nos reúne la presencia y el recuerdo del Señor, celebramos su memoria y la entrega de su amor.

            Invitados a la mesa, del banquete del Señor, recordamos su mandato, de vivir en el amor.

            Comulgamos en el cuerpo y en la sangre que Él nos da y también en el hermano si le amos de verdad

            Este pan que da la vida, este cáliz de salud, nos reúne a los hermanos en el nombre de Jesús.

            Anunciamos su memoria, celebramos su pasión, el misterio de su muerte y de su resurrección.  

NOTA: El Sacerdote o ministro, introduce la celebración del Lavatorio y Ultima Cena, con la signación y las siguientes palabras:

            JESUS Y SUS DISCIPULOS CELEBRAN LA ULTIMA CENA, UN JUEVES, QUE LA TRADICION LLAMO JUEVES SANTO.  EN ESTA CENA SUCEDEN TRES ACONTECIMIENTOS SIGNIFICATIVOS.  SE INSTITUYE LA EUCARISTIA -TOMAD Y COMED- (1Corintios.11,24-25). 

SE INSTITUYE EL SACERDOCIO. HACED ESTO EN CONMEMORACION MIA - (1Corintios.11,25) SE DA EL MANDAMIENTO DEL AMOR. AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS (Juan.13,34).

            JESUS EN UN GESTO MUY RICO DE SIGNIFICADO, LAVA LOS PIES A SUS DISCIPULOS.  HOY EN NUESTRA IGLESIA COLOMBIANA Y EN NUESTRA PARROQUIA, PENSAMOS EN TODOS AQUELLAS PERSONAS QUE DEBEN DAR UNA RESPUESTA POSITIVA A SU MISION POR EL BIEN Y PROGRESO DE LAS COMUNIDADES.

            El Jueves Santo, Jesucristo nos dejó instituido ese “sacramento admirable”: 

Nota: El Sacerdote o ministro, llama a los apóstoles y los convoca para verificar su presencia.  Cuando el Sacerdote diga el nombre del Apóstol, en el contexto del Evangelio, esta persona debe colocarse en pie y decir: Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad.  Vuelve y se sienta

            DICE EL SACERDOTE A MANERA NARRATIVA:  Nos cuenta la Sagrada Escritura según el Evangelio de San Lucas en el capítulo sexto, verso doce: Sucedió que por aquellos días se fue Jesucristo al monte a orar y se pasó la noche en la oración con Dios Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, (el apóstol debe levantarse y responder) Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Nota: El Sacerdote o Diácono, proclama el Evangelio, y expone una reflexión sobre el acontecimiento del día: El amor, la caridad, el sacerdocio, la Cena, la humildad, etc.

CANTO LITÚRGICO

            Buscad primero el Reino de Dios y toda su justicia. Y todo lo demás se os dará, por añadidura. 

            El Señor esté con ustedes

Proclamación del Santo Evangelio según san Lucas

9, 11b-17

            En aquel tiempo Jesús se puso a hablar al gentío del Reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los doce se le acercaron a decirle: Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado. Él les contestó: Dadles vosotros de comer.

Ellos replicaron: no tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío. Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: Decidles que se sienten en grupos de unos cincuenta. Lo hicieron así, y todos se echaron. El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos. Palabra del Señor. °°°


LAVATORIO DE LOS PIES
CONVERSATORIO: SACERDOTE Y APÓSTOLES

Nota: Terminada la Homilía, el sacerdote o diácono procede al lavatorio. Es un momento propicio para que cada uno de los apóstoles de un mensaje corto a la comunidad sobre nuestra situación actual en Colombia o América Latina.  Sencillamente se introduce este paso, cuando el sacerdote indique con nombre del Apóstol diciéndole: Por ejemplo: Pedro, qué mensaje nos regalas para este día.  El apóstol se levanta lo dice y se sienta.

1.- SIMÓN PEDRO, Curemos con nuestra amistad y nuestra presencia los pies heridos de aquellas personas que se han visto obligadas a emigrar a otros países dejando familia y el calor de su cultura en búsqueda de una vida más digna.

2.- ANDRÉS. Enjuguemos los pies fatigados de los millones de niños y niñas que son explotados laboralmente en los países en desarrollo por las empresas occidentales, denunciando esa explotación y rechazando sus productos.

3.- SANTIAGO ZEBEDEO. Animemos con nuestra comprensión y ayuda fraterna los pies cansados de todos aquellos cristianos que a veces dudan y se sienten confusos porque la realidad no responde a sus expectativas.

4.- JUAN. Consolemos con nuestro apoyo los pies confusos y frustrados de aquellas parejas cuyo amor ha terminado en amargura y amenazas, para que el respeto a la propia dignidad les haga buscar salida.

5.- FELIPE. Ofrezcamos una comunidad eclesial acogedora y alegre como bálsamo a los pies de tantos jóvenes que hoy vagan en el sinsentido del deseo consumista y en el vacío interior.

6.- BARTOLOMÉ. Lavemos con nuestro perdón los pies de aquellos que a lo largo de nuestro caminar nos han ofendido, porque sólo así nuestros pies quedarán limpios del polvo de nuestras ofensas.

7.- MATEO PUBLICANO. Reforcemos con nuestro diálogo y buena intención los pies de todos los que trabajan por el bien común y dedican su tiempo y esfuerzo en favor de los demás.

8.- SANTIAGO. Unamos nuestra voluntad y oración por la paz, para aliviar la frustración y dolor de tantas personas que a pesar de sus esfuerzos siguen sufriendo la guerra y destrucción de sus países.

9.- TADEO. Orientemos nuestro andar cotidiano en la familia, el trabajo y las relaciones en favor de la justicia social y los derechos de los trabajadores cuyos pies hoy sufren llagas vivas de explotación, inseguridad y manipulación bajo el yugo de un duro capitalismo.

10.- SIMÓN CANANEO. Dediquemos tiempo a estar sin prisas con nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros mayores, porque el estar es la mejor caricia y el mejor abrazo para renovar las fuerzas necesarias de nuestros pies cansados en el caminar de cada día.

11.- JUDAS ISCARIOTE. Acojamos con calor y ternura los pies lánguidos y tristes de los que sufren enfermedades incurables y viven el ocaso de su vida en medio del rechazo de sus seres queridos porque el dolor que comparten con Cristo nos redime a todos.

12.- TOMÁS. Reconfortemos con nuestro agradecimiento los pies cansados de aquellos que están al cuidado de los enfermos porque su alivio es regalo que abre caminos de humanidad. Que Dios nuestro Padre, aumente nuestra Fe, porque la caridad en la persona de Jesucristo es urgente para cambiar esta sociedad. Caritas Christi Urget nos (2 Corintios 5,14)

Nota: Entramos propiamente en el lavatorio, parodiando la Sagrada Escritura, narramos el diálogo de Pedro, con Jesucristo. El Sacerdote o diácono, inicia a lavar los pies de Pedro. Antes de eso narra el coloquio en comunión con Pedro, terminado el acto, lava los pies y continúa normalmente con los otros apóstoles.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

APÓSTOL PEDRO: ¿Señor, lavarme los pies tú a mí?

SACERDOTE: lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. APÓSTOL PEDRO: No me lavarás los pies jamás.

SACERDOTE: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

APÓSTOL PEDRO:   Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

SACERDOTE: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más los pies, porque todo él está                               limpio.

NOTA: Terminado el lavatorio de los pies, se procede a la Cena, Pan y Vino.  Se lee la conspiración contra Jesús y se anuncia el envío de los apóstoles. Mientras los apóstoles y el ministro consumen el pan y el vino, se puede acompañar con un canto litúrgico, los ministros se organizan para iniciar la Solemne Eucaristía para este día.

COMENTADOR:

            Conspiración contra Jesús y traición de Judas (Lucas 22, 1-20)

“Se acercaba la fiesta de los Ázimos, llamada Pascua.  Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían al pueblo.

 Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce.  Éste se fue a concertar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia el modo de entregárselo.  Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero.  Él aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera…

            Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua; y envió a Pedro y a Juan, diciendo:

SACERDOTE:          «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.» 

COMENTADOR:    Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?»  Les dijo:

            SACERDOTE:          «Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre y diréis al dueño de la casa: `El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?'  Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos.» 

COMENTADOR:    Fueron y lo encontraron tal como les había dicho y prepararon la Pascua.

                                   Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo:

SACERDOTE:          «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.»

COMENTADOR:    Tomó luego una copa, dio gracias y dijo:

            SACERDOTE: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.»

COMENTADOR:    Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo:

            SACERDOTE:          «Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»

            COMENTADOR:    De igual modo, después de cenar, tomó la copa, diciendo:

            SACERDOTE:          «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por vosotros.

NOTA: CANTO LITÚRGICO,

mientras los apóstoles y el Maestro consumen el Pan y el Vino.

Canto: JESUCRISTO ME DEJÓ INQUIETO

            Jesucristo me dejó inquieto, su palabra me llenó de luz, nunca más yo pude ver el mundo, sin sentir aquello que sintió Jesús.

            Yo vivía muy tranquilo y descuidado y pensaba haber cumplido mi deber, muchas veces yo pensaba equivocado contentarme con la letra de la ley, mas después que mi Señor pasó, nunca más mi pensamiento descansó.

            Yo creía estar seguro y realizado, y dejaba descansar mi corazón, y siguiendo por la vía equivocada, cosechaba en mi vida una ilusión, más después que mi Señor pasó, mi ilusión y mi engaño se acabó.

            Sigo a veces intranquilo por la vida, sin respuesta al que viene a preguntar, mucha gente aún se encuentra

TERMINADA LA CENA SE ANUNCIA EL ENVÍO   (Mateo 10, 2-5)

COMENTADOR:    Jesús llama a cada uno de los apóstoles y les entrega el signo de su misión

            SACERDOTE:          Simón Pedro, Te recomiendo estas LLAVES, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. 

SACERDOTE:          Andrés, recibe el AGUA. Te aseguro que quien no nace del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el reino de mi Padre

SACERDOTE:          Santiago Zebedeo, recibe esta TÚNICA. Quien tenga dos túnicas que le de una a su hermano, practica siempre la caridad. No ambiciones sentarte a mi derecha.

SACERDOTE:          Juan, recibe el don de la LUZ. Yo soy la luz del mundo, quien me sigue no caminará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida.

SACERDOTE:          Felipe, Te entrego las REDES. Anda y en adelante serás pescador de hombres. Si en tanto tiempo no me has logrado conocer, ésta es tu oportunidad.

SACERDOTE:          Bartolomé, te doy la ESTOLA, Serás sacerdote, anunciarás mi Palabra e imitarás lo que predicas.

SACERDOTE:          Mateo no serás ya publicano, recibe mi PALABRA (Biblia) Dichosos aquellos que escuchen mi voz y la pongan en práctica. Devuelve lo que no es tuyo y decídete por mi Reino.

SACERDOTE:          Santiago de Alfeo, te entrego la COPA Y EL PAN. El que come mi carne y bebe mi sangre, tendrá vida eterna.

SACERDOTE:          Tadeo, toma el BASTÓN. Serás el buen pastor y darás tu vida por las ovejas

SACERDOTE:          Simón Cananeo, lleva el signo de la CRUZ. Recuerda siempre: El que quiera venir en pos de mí, que se niegue así mismo, tome su cruz y me siga.

SACERDOTE:          Judas Iscariote, Encárgate de la BOLSA. No abuses de la confianza que te doy. Conviértete y Cree en mi Evangelio

SACERDOTE:          Tomás, Recibe el perfume de mi ser LO SANTOS ÓLEOS. Unge, bendice y consagra a todos para la gran misión. Aprende la gran lección de tu vida “No seas incrédulo sino hazte creyente”.


VIERNES SANTO
3 de abril 2026

Cuando contemplamos a Cristo crucificado, descubrimos la extraordinaria riqueza que emana del madero de la cruz, con un solo objetivo, el bien de cada uno de nosotros. La Cruz se convierte en el signo del perdón, la salvación, la humildad, la conversión, la identidad con la Palabra de Jesús de Nazareth.

Según nuestra Iglesia Católica: El Viernes Santo nació para conmemorar el día de la muerte de Jesús (el 14 del mes de Nisán, un Viernes). Antiguamente era un día de luto en el que se participaba mediante el ayuno, que luego se extendió a todos los viernes del año.  

            El Papa Francisco nos enseñó a vivir un Viernes Santo: “La vía del Calvario pasa por nuestras calles de todos los días. Nosotros, Señor, por lo general vamos en dirección opuesta a la tuya. Precisamente de ese modo puede ocurrir que nos encontremos con tu rostro, que nos crucemos con tu mirada”. “Concede a tu Iglesia paz y unidad, Señor Jesús, que llevas las heridas de nuestra historia. Concede a tu Iglesia paz y unidad, Señor Jesús, que conoces la fragilidad de nuestro amor”. (cfr. Reflexiones del santo Padre, el 18 de abril, año 2025).

Viernes Santo Pasión del Señor.


VÍA CRUCIS.

3 de abril 2026

La vía del Calvario pasa por nuestras calles de todos los días. Nosotros, Señor, por lo general vamos en dirección opuesta a la tuya. Precisamente de ese modo puede ocurrir que nos encontremos con tu rostro, que nos crucemos con tu mirada.

Nosotros avanzamos como siempre y tú vienes hacia nosotros. Tus ojos nos leen el corazón. Entonces dudamos si continuar como si nada hubiera sucedido. Podemos darnos la vuelta, mirarte, seguirte. Podemos identificarnos con tu camino e intuir que es mejor cambiar de dirección.

Evangelio según san Marcos (10,21)

Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme».

Jesús es tu nombre y en ti verdaderamente «Dios salva». El Dios de Abrahán que llama, el Dios de Isaac que provee, el Dios de Jacob que bendice, el Dios de Israel que libera; en tu mirada, Señor que atraviesas Jerusalén, hay toda una revelación. En tus pasos que salen de la ciudad está nuestro éxodo hacia una tierra nueva. Has venido a cambiar el mundo; esto significa para nosotros cambiar de dirección, ver la bondad de tus pasos, dejar trabajar en nuestro corazón la memoria de tus ojos.

El Vía Crucis es la oración del que se mueve; interrumpe nuestros recorridos habituales, para que del cansancio vayamos hacia la alegría. Es verdad, el camino de Jesús nos cuesta; en este mundo que calcula todo, la gratuidad tiene un alto precio. Pero en el don todo vuelve a florecer: una ciudad dividida en facciones y lacerada por los conflictos se encamina hacia la reconciliación; una religiosidad árida redescubre la fecundidad de las promesas de Dios; incluso un corazón de piedra puede convertirse en un corazón de carne. Sólo es necesario escuchar la invitación: «¡Ven! ¡Sígueme!». Y confiar en esa mirada de amor.

I estación
Jesús es condenado a muerte
Evangelio según san Lucas (23,13-16)

Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: «Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad».

No fue así. No te dejó en libertad. Sin embargo, hubiera podido ser diferente. Es el dramático juego de nuestra libertad. Aquello por lo cual, Señor, tanto nos estimaste. Diste confianza a Herodes, a Pilato, a amigos y a enemigos. Eres irrevocable en la confianza con la que te pones en nuestras manos. Podemos obtener de ella maravillas: liberando a quien es acusado injustamente, profundizando en la complejidad de las situaciones, contrastando los juicios que matan. Incluso Herodes hubiera podido seguir la santa inquietud que lo atraía hacia ti; no lo hizo, ni siquiera cuando se encontró finalmente en tu presencia. Pilato hubiera podido liberarte; ya te había absuelto.

No lo hizo. Jesús, el camino de la cruz es una posibilidad que ya hemos dejado pasar demasiadas veces. Lo confesamos: prisioneros de roles de los que no hemos querido salir, preocupados por las molestias de un cambio de dirección. Tú sigues estando ante nosotros, silenciosamente, en cada hermana y en cada hermano expuestos a juicios y prejuicios.

Vuelven argumentos religiosos, objeciones jurídicas, el aparente sentido común que no se involucra en la suerte de los demás; miles de razones nos ponen de la parte de Herodes, de los sacerdotes, de Pilato y de la multitud. Sin embargo, puede ser diferente. Jesús, tú no te lavas las manos. Sigues amando, en silencio. Has tomado tu decisión, y ahora nos toca a nosotros.

Oremos diciendo: Abre mi corazón, Jesús

Cuando ante mí hay una persona juzgada.        Abre mi corazón, Jesús

Cuando mis certezas son prejuicios.                   Abre mi corazón, Jesús

Cuando me condiciona la rigidez.                      Abre mi corazón, Jesús

Cuando el bien me atrae secretamente.              Abre mi corazón, Jesús

Cuando quisiera tener valor, pero tengo miedo de perder.            Abre mi corazón, Jesús

 

II estación

Jesús carga la cruz
Evangelio según san Lucas (9,43b-45)

Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.

Desde hacía meses, quizás años, ese peso estaba sobre tus hombros, Jesús. Cuando hablabas de eso, nadie te prestaba atención; resistencia invencible, incluso al intuirlo. No la buscaste, pero sentiste que la cruz venía hacia ti, cada vez de una manera diferente. Si la acogiste, fue porque advertiste, más allá del peso, su responsabilidad. Jesús, el camino de tu cruz no es sólo en subida; es tu abajamiento hacia aquellos que has amado, hacia el mundo que Dios ama; es una respuesta, es asumir una responsabilidad. Cuesta, como cuestan los vínculos más auténticos, los amores más hermosos. El peso que llevas describe el aliento que te mueve, ese Espíritu “que es Señor y da la vida”. Quién sabe por qué tememos incluso interrogarte sobre esto. En realidad, somos nosotros los que tenemos dificultad para respirar, a fuerza de evitar responsabilidades.

Sería suficiente con no escapar y permanecer junto a aquellos que nos has dado, en los contextos donde nos has puesto. Unirnos, sintiendo que sólo así dejamos de ser prisioneros de nosotros mismos. Lo había anunciado el profeta: “Los jóvenes se fatigan y se agotan, los adultos tropiezan y caen; pero los que esperan en ti renuevan sus fuerzas, despliegan alas como las águilas; corren y no se agotan, avanzan y no se fatigan” (cf. Is 40,30-31).

Oremos diciendo: Líbranos del cansancio, Señor

Si nos angustiamos mirando a nuestro alrededor.        Líbranos del cansancio, Señor

Si nos parece no tener fuerzas para dedicarnos a los demás.  Líbranos del cansancio, Señor

Si buscamos excusas para evadir las responsabilidades.            Líbranos del cansancio, Señor

Si tenemos talentos y capacidades para poner en juego.            Líbranos del cansancio, Señor

Si nuestro corazón sigue vibrando frente a la injusticia.            Líbranos del cansancio, Señor

 

III estación

Jesús cae por primera vez

Evangelio según san Lucas (10,13-15)

«¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno».

Fue como un primer “tocar fondo” y pronunciaste palabras duras, Jesús, contra esos lugares que eran tan queridos para ti. La semilla de tu palabra parecía caer en el vacío y, del mismo modo, cada uno de tus gestos de liberación. Todo profeta se sintió caer en el vacío del fracaso, para seguir avanzando, después, en los caminos del Señor. Tu vida, Jesús, es una parábola; nunca cae en vano en nuestra tierra. Incluso esa primera vez, la decepción pronto fue interrumpida por la alegría de los tuyos, a los que habías enviado; regresaban de su misión y te narraban los signos del Reino de Dios. Entonces tú exaltaste de alegría espontánea, exuberante, que hace saltar con una energía contagiosa. Bendijiste al Padre, que esconde sus designios a los sabios y entendidos, y los revela a los pequeños. También la vía de la cruz ha sido trazada de manera profunda en la tierra; los grandes se apartan de ella, quisieran tocar el cielo.

Pero el cielo está aquí, ha descendido, es posible encontrarlo aun cayendo, aun permaneciendo en el suelo. Los constructores de Babel nos dicen que no es posible equivocarse y que el que cae está perdido; es la obra del infierno. La economía de Dios, por el contrario, no mata, no descarta, no aplasta; es humilde, fiel a la tierra. Tu camino, Jesús, es el camino de las Bienaventuranzas: no destruye, sino que cultiva, repara, protege.

Oremos diciendo: Que venga tu Reino

Por aquellos que se sienten fracasados.  Que venga tu Reino

Para desafiar una economía que mata.    Que venga tu Reino

Para devolver la fuerza al que ha caído. Que venga tu Reino

En las sociedades competitivas y entre los que buscan los primeros puestos. Que venga tu Reino

Por los que están en las fronteras y sienten que su viaje ha terminado Que venga tu Reino


IV estación

Jesús encuentra a su madre

Evangelio según san Lucas (8,19-21)

Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a Jesús:

 

«Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte». Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».

Tu madre está en la vía de la cruz; ella fue tu primera discípula. Con delicada determinación, con esa inteligencia de las cosas que le hace conservarlas y meditarlas en el corazón, tu madre está. Desde el instante en el que le fue propuesto acogerte en su seno hizo un cambio, se convirtió a ti. Unió sus caminos a los tuyos. No fue una renuncia, sino un descubrimiento continuo, hasta el Calvario. Seguirte es dejar que sigas tu camino; tenerte es dar espacio a tu novedad. Lo sabe toda madre: un hijo sorprende. Hijo amado, tú reconoces que tu madre y tus hermanos son aquellos que escuchan y se dejan cambiar. No hablan, sino que hacen. En Dios las palabras son hechos, las promesas son realidades. En la vía de la cruz, oh Madre, estás entre las pocas que lo recuerda. Ahora es el Hijo el que te necesita.

Él percibe que tú no desesperas, que sigues engendrando la Palabra en tu seno. También nosotros, Jesús, logramos seguirte generados por quien te ha seguido. También nosotros hemos venido al mundo por la fe de tu madre y de innumerables testigos que generan vida incluso allí donde todo habla de muerte. Aquella vez, en Galilea, fueron ellos los que querían verte. Ahora, subiendo al Calvario, tú mismo buscas la mirada del que te escucha y lo pone en práctica. Acuerdo indescriptible. Alianza indisoluble.

Oremos diciendo: He aquí a mi madre

María escucha y habla.       He aquí a mi madre

María pregunta y reflexiona. He aquí a mi madre

María sale de su casa y viaja decidida.    He aquí a mi madre

María se alegra y consuela. He aquí a mi madre

María acoge y cuida. He aquí a mi madre

María se arriesga y protege. He aquí a mi madre

María no teme juicios ni insinuaciones.  He aquí a mi madre

María espera y permanece. He aquí a mi madre

María orienta y acompaña.  He aquí a mi madre

María no concede nada a la muerte.   He aquí a mi madre

V estación

Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la cruz

Evangelio según san Lucas (23,26)

Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.

No se ofreció, lo detuvieron. Simón regresaba de trabajar y lo cargaron con la cruz de un condenado. Habrá tenido el físico adecuado, cierto, pero su camino era otro, su plan era otro. Con Dios nos podemos tropezar con una situación así. Quién sabe por qué, Jesús, ese nombre ―Simón de Cirene― se hizo rápidamente imborrable entre tus discípulos. En el camino de la cruz no estaban ellos, tampoco nosotros, Simón, en cambio, sí. Sigue siendo válido hoy que mientras alguien ofrece todo de sí, nosotros, o podemos estar en otra parte, incluso tratando de huir; o bien, podemos involucrarnos.

Jesús, nosotros creemos recordar el nombre de Simón porque aquel incidente lo cambió para siempre. No cesó nunca de pensar en ti. Se volvió parte de tu cuerpo, testigo de primera mano de la diferencia entre ti y cualquier otro condenado. Simón de Cirene se encontró cargando con tu cruz, sin haberla pedido, como el yugo del que tú hablaste un día: «mi yugo es suave y mi carga liviana» (Mt 11,30). También los animales trabajan mejor si avanzan juntos.

Y tú, Jesús, amas involucrarte con tu trabajo, que prepara la tierra para que sea nuevamente sembrada. Necesitamos esa sorprendente delicadeza. Necesitamos a alguien que nos detenga, a veces, y ponga sobre nuestros hombros algún trozo de realidad que simplemente necesita ser cargado. Se puede trabajar el día entero, pero sin ti, se desperdicia. En vano se cansan los constructores, en vano vigila el centinela de la ciudad que Dios no construye (cf. Sal 127). Por eso, en el camino de la cruz surge la nueva Jerusalén. Y nosotros, como Simón de Cirene, cambiamos rumbo y trabajamos contigo.

Oremos diciendo: Detén nuestra carrera, Señor

Cuando vamos por nuestro propio camino, desinteresándonos de los demás. Detén nuestra carrera, Señor

Cuando las noticias no nos conmueven. Detén nuestra carrera, Señor

Cuando las personas se vuelven números. Detén nuestra carrera, Señor

Cuando nunca hay tiempo para escuchar.   Detén nuestra carrera, Señor

Cuando tenemos prisa por decidir.   Detén nuestra carrera, Señor

Cuando los cambios de programa no son permitidos. Detén nuestra carrera, Señor

VI estación

La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Evangelio según san Lucas (9,29-31)

Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.

Salmo 27 (27,8-9a)

Mi corazón sabe que dijiste: «Busquen mi rostro».

Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí.

En tu rostro, Jesús, vemos tu corazón. Tu decisión se lee en tus ojos, traspasa tu semblante, vuelve tus facciones expresión de una atención inconfundible. Te fijas en Verónica y también en mí. Yo busco tu rostro, que describe la decisión de amarnos hasta el último suspiro: incluso más allá, porque fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct 8,6). Tu rostro, que quisiera imprimir y conservar, nos cambia el corazón. Tú te entregas a nosotros, día tras día, en el rostro de cada ser humano, memoria viva de tu encarnación.

Cada vez que nos acercamos al más pequeño, en efecto, nos interesamos por tus miembros y tú permaneces con nosotros. De esta forma nos iluminas el corazón y la expresión de nuestro semblante. En vez de rechazar, ahora acogemos. En el camino de la cruz nuestro rostro, como el tuyo, puede volverse finalmente resplandeciente y derramar bendiciones. Has grabado en nosotros la memoria, presentimiento de tu regreso, cuando nos reconocerás con la primera mirada, uno a uno. Entonces, tal vez, te asemejaremos. Y estaremos cara a cara, en un diálogo sin fin, en la intimidad de la que nunca nos cansaremos, familia de Dios.

Oremos diciendo: Graba en nosotros tu recuerdo, Jesús

Si nuestro rostro es inexpresivo.              Graba en nosotros tu recuerdo, Jesús

Si nuestros proyectos excluyen.               Graba en nosotros tu recuerdo, Jesús

Si nuestro corazón es indiferente.            Graba en nosotros tu recuerdo, Jesús

Si nuestras actitudes causan división.     Graba en nosotros tu recuerdo, Jesús

Si nuestras elecciones lastiman.               Graba en nosotros tu recuerdo, Jesús


VII estación

Jesús cae por segunda vez

Evangelio según san Lucas (15, 2-6)

Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo entonces esta parábola:

 

 

«Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”».

Caer y levantarse; caer y volver a levantarse. Así nos has enseñado a leer, Jesús, la aventura de la vida humana. Humana porque es abierta. A las máquinas no les permitimos equivocarse, las pretendemos perfectas. En cambio, las personas dudan, se distraen, se pierden. Y, sin embargo, conocen la alegría: aquella de los nuevos inicios, aquella de los renacimientos. Los humanos no se generan mecánicamente, sino artesanalmente: somos piezas únicas, un entrelazado de gracia y responsabilidad. Jesús, te hiciste uno de nosotros; no tuviste temor de tropezar y de caer. Quien se avergüenza de ello, quien hace alarde de infalibilidad, quien oculta sus propias caídas y no perdona las de los demás, reniega del camino que tú has elegido.

Tú eres, Jesús, el Señor de la alegría. En ti todos nos encontramos y somos llevados a casa, como la única oveja que se había perdido. Deshumana es la economía en la que noventa y nueve valen más que uno. Sin embargo, hemos construido un mundo que funciona de ese modo; un mundo de cálculos y algoritmos, de frías lógicas e intereses implacables. La ley de tu casa, economía divina, es otra, Señor. Volvernos a ti, que caes y te levantas, es un cambio de ruta y un cambio de paso. Conversión que devuelve alegría y nos lleva a casa.

Oremos diciendo: Levántanos, oh Dios, nuestra salvación

Somos niños que a veces lloran.   Levántanos, oh Dios, nuestra salvación

Somos adolescentes que se sienten inseguros.   Levántanos, oh Dios, nuestra salvación

Somos jóvenes que muchos adultos desprecian. Levántanos, oh Dios, nuestra salvación

Somos adultos que se han equivocado.   Levántanos, oh Dios, nuestra salvación

Somos ancianos que aún quieren soñar. Levántanos, oh Dios, nuestra salvación


VIII estación

Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

Evangelio según san Lucas (23,27-31)

Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: “¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!” Entonces se dirá a las montañas: “¡Caigan sobre nosotros!”, y a los cerros: “¡Sepúltennos!” Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?».

En las mujeres has reconocido desde siempre, Jesús, una particular correspondencia con el corazón de Dios. Por eso, en la gran multitud del pueblo que aquel día cambió dirección y te seguía, inmediatamente viste a las mujeres y, una vez más, estableciste con ellas una conexión especial. La ciudad es distinta cuando se lleva en el vientre a sus habitantes, cuando se amamanta a los niños: en definitiva, cuando no se conoce solamente el registro del dominio, sino que las cosas se viven desde dentro.

A las mujeres que por deber llevan a cabo el rito de la compasión, tú les golpeas el corazón. En efecto, es en el corazón donde se enlazan los acontecimientos y nacen los pensamientos y las decisiones. «No lloren por mí». El corazón de Dios vibra por su pueblo, genera una nueva ciudad. «Lloren más bien por ustedes y por sus hijos». En realidad, existe un llanto donde todo renace.

Pero son necesarias lágrimas de reconsideración, de las que no hay que avergonzarse, lágrimas que no se pueden esconder en lo íntimo. Nuestra convivencia herida, oh Señor, en este mundo hecho trizas, necesita lágrimas sinceras, no de circunstancia. De lo contrario, se realizará lo que predijeron los apocalípticos: ya no generaremos nada y todo se derrumbará. En cambio, la fe mueve montañas. Los montes y las colinas no se derrumban sobre nosotros, sino que en medio a ellos se abre un camino. Es tu camino, Jesús: un camino en salida, en el que los apóstoles te abandonaron, pero tus discípulas ―madres de la Iglesia― te siguieron.

Oremos diciendo: Danos un corazón materno, Jesús

Has poblado de santas mujeres la historia de la Iglesia.  Danos un corazón materno, Jesús

Has repudiado la prepotencia y el dominio.      Danos un corazón materno, Jesús

Has reunido y consolado las lágrimas de las madres.  Danos un corazón materno, Jesús

Has confiado a las mujeres el mensaje de la resurrección. Danos un corazón materno, Jesús

Has inspirado en la Iglesia nuevos carismas y sensibilidad.            Danos un corazón materno, Jesús

IX estación

Jesús cae por tercera vez

Evangelio según san Lucas (7,44-49)

[Jesús] dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor». Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados». Los invitados pensaron: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?».

No sólo una o dos veces, tú caes de nuevo, Jesús. Te caías cuando eras niño, como todo niño. Así abarcaste y acogiste nuestra humanidad, que cae una y otra vez. Si el pecado nos aleja, tu existir sin pecado te acerca a todo pecador, te une indisolublemente a las caídas. Y esto mueve a la conversión. Escándalo para quien toma distancia de los demás y de sí mismo. Escándalo para quien vive dividido en dos, entre lo que debería ser y lo que realmente es. En tu misericordia, Jesús, cae toda hipocresía.

Las máscaras, las fachadas hermosas no sirven más. Dios ve el corazón. Ama el corazón. Enciende el corazón. Y de esta manera me levantas y me colocas en caminos nunca antes recorridos, audaces, generosos. ¿Quién eres, Jesús, que perdonas también los pecados? De nuevo caído por tierra, en el camino de la cruz, eres el Salvador de esta tierra nuestra. No sólo la habitamos, sino que hemos sido plasmados con ella. Tú, por tierra, nos sigues modelando, como un hábil alfarero.

Oremos diciendo: Nosotros somos arcilla en tus manos Cuando las cosas parecen no poder cambiar, acuérdate de nosotros:  Nosotros somos arcilla en tus manos

Cuando de los conflictos no se ve el final, acuérdate de nosotros: Nosotros somos arcilla en tus manos

Cuando la tecnología nos engaña haciéndonos creer omnipotentes, acuérdate de nosotros:     Nosotros somos arcilla en tus manos

Cuando los éxitos nos despeguen de la tierra, acuérdate de nosotros: Nosotros somos arcilla en tus manos

Cuando nos preocupa más la apariencia que el corazón, acuérdate de nosotros:        Nosotros somos arcilla en tus manos


X estación

Jesús es despojado de sus vestiduras

Libro de Job (1,20-22)

Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra y exclamó: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!». En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.

No te desnudas, te desnudan. La diferencia está clara para todos nosotros, Jesús. Sólo quien nos ama puede acoger nuestra desnudez entre sus manos y en su mirada. Tememos, en cambio, la mirada de quien no nos conoce y sólo sabe poseer. Estás desnudo y expuesto a todos, pero tú transformas incluso la humillación en familiaridad. Quieres revelarte íntimo incluso a quien te destruye, miras a quien te desnuda como a una persona amada que el Padre te ha dado. Aquí hay más que la paciencia de Job, incluso más que su fe. En ti está el Esposo que se deja tomar, tocar y trueca todo en bien.

Nos dejas tus vestiduras, como reliquias de un amor consumado. Están en nuestras manos, porque has estado en casa, has estado con nosotros. Nosotros tomamos tus vestiduras y ahora las echamos a suerte, pero la suerte, aquí, no favorece a uno, sino a todos. Nos conoces uno a uno, para salvar a todos, todos, todos. Y si la Iglesia te parece hoy como una vestidura rasgada, enséñanos a recoser nuestra fraternidad, fundada sobre tu entrega. Somos tu cuerpo, tu túnica indivisible, tu Esposa. Lo somos juntos. Para nosotros la suerte ha caído en un lugar de delicias, estamos contentos con nuestra herencia (cf. Sal 16,6).

Oremos diciendo: Concede a tu Iglesia paz y unidad

Señor Jesús, que ves divididos a tus discípulos. Concede a tu Iglesia paz y unidad

Señor Jesús, que llevas las heridas de nuestra historia Concede a tu Iglesia paz y unidad

Señor Jesús, que conoces la fragilidad de nuestro amor. Concede a tu Iglesia paz y unidad

Señor Jesús, que nos quieres miembros de tu Cuerpo. Concede a tu Iglesia paz y unidad

Señor Jesús, que vistes la túnica de la misericordia.     Concede a tu Iglesia paz y unidad

XI estación

Jesús es clavado en la cruz

Evangelio según san Lucas (23,32-34a)

Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados. Cuando llegaron al lugar llamado «del Cráneo», lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Nada nos asusta más que la inmovilidad. Y tú estás clavado, inmovilizado, bloqueado. Lo estás, pero junto a otros, nunca solo; estás determinado a revelarte también en la cruz como el Dios con nosotros. La revelación no se detiene, no se clava. Tú, Jesús, nos muestras que en cualquier circunstancia hay una decisión que tomar. Y este es el vértigo de la libertad. Ni siquiera en la cruz estás neutralizado, tú decides para quién estás ahí. Tú prestas atención tanto a uno como a otro de los que están crucificados contigo; dejas deslizar los insultos de uno y acoges la invocación del otro.

 Tú prestas atención a quien te crucifica y sabes leer el corazón de quien no sabe lo que hace. Tú prestas atención al cielo, lo quisieras más claro, pero rasgas la barrera de la oscuridad con la luz de la intercesión. Clavado, de hecho, intercedes, te pones en medio de las partes, entre los opuestos. Y los llevas a Dios, porque tu cruz derriba los muros, cancela las deudas, anula las sentencias, establece la reconciliación. Eres el verdadero Jubileo. Conviértenos a ti, Jesús, que clavado todo lo puedes.

Oremos diciendo: Enséñanos a amar

Cuando nos sentimos con fuerzas y cuando parece que nos faltan. Enséñanos a amar

Cuando nos vemos inmovilizados por leyes y decisiones injustas.         Enséñanos a amar

Cuando nos vemos contrastados por quien no quiere la verdad y la justicia.  Enséñanos a amar

Cuando estamos tentados de perder la esperanza.  Enséñanos a amar

Cuando se dice que “no hay nada más que hacer”.  Enséñanos a amar

XII estación

Jesús muere en la cruz

Evangelio según san Lucas (23,44b-49)

El sol se eclipsó […] El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y diciendo esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: «Realmente este hombre era un justo». Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido.

En el Calvario, ¿dónde estamos nosotros?, ¿bajo la cruz?, ¿a cierta distancia?, ¿lejos? O tal vez, como los apóstoles, ya no estamos. Tú expiras, y este respiro, último y primero, sólo pide ser acogido. Señor Jesús, orienta nuestros caminos hacia tu don. No permitas que tu soplo de vida se disipe. Nuestra oscuridad busca luz. Nuestros templos quieren permanecer definitivamente abiertos. Ahora el Santo ya no está detrás del velo, su secreto se ofrece a todos. Lo percibe un militar, que observando de cerca cómo mueres reconoce un nuevo tipo de fuerza.

 Lo comprende la multitud que había gritado contra ti; antes estaba distante, pero ahora encuentra el espectáculo de un amor jamás visto, de una belleza que la hace volver a creer. A quienes te ven morir, Señor, tú les das el tiempo de volver, golpeándose el pecho, golpeándose el corazón, para que su dureza se haga pedazos. A nosotros, Jesús, que frecuentemente te miramos todavía desde lejos, concédenos vivir acordándonos de ti, para que un día, cuando vengas, también la muerte nos encuentre vivos.

Oremos diciendo: ¡Ven, Espíritu Santo!

Nos hemos mantenido a distancia de las llagas del Señor.     ¡Ven, Espíritu Santo!

Ante el hermano caído hemos mirado hacia otro lado. ¡Ven, Espíritu Santo!

Los misericordiosos y los pobres en el espíritu parecen unos perdedores.   ¡Ven, Espíritu Santo!

Creyentes y no creyentes están frente al crucificado.   ¡Ven, Espíritu Santo!

El mundo entero busca comenzar de nuevo.   ¡Ven, Espíritu Santo!

XIII estación

Jesús es bajado de la cruz

Evangelio según san Lucas (23,50-53a)

Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Después [lo bajó] de la cruz.

Finalmente, tu cuerpo está en las manos de un hombre bueno y justo. Tú estás envuelto en el sueño de la muerte, Jesús, pero el que se hace cargo de ti es un corazón vivo, que ha hecho una elección. José no era de aquellos que dicen y no hacen. “Había disentido con las decisiones y actitudes de los demás”, dice el Evangelio. Y esto es una buena noticia: te abraza, Jesús, uno que no ha abrazado la opinión común. Se hace cargo de ti uno que ha asumido las propias responsabilidades. Estás en tu sitio, Jesús, en el seno de José de Arimatea, que “esperaba el Reino de Dios”.

Estás en tu sitio entre quien espera todavía, entre quien no se resigna a pensar que la injusticia es inevitable. Tú rompes la cadena de lo ineludible, Jesús. Rompes los automatismos que destruyen la casa común y la fraternidad. A quienes esperan tu Reino les das el valor de presentarse a las autoridades, como Moisés al Faraón, como José de Arimatea a Pilatos. Nos habilitas para grandes responsabilidades, nos haces audaces. Así, aun estando muerto, sigues reinando. Y para nosotros, Jesús, servirte es reinar.

Oremos diciendo: Servirte es reinar

Dando de comer a los hambrientos.  Servirte es reinar

Dando de beber a los sedientos.   Servirte es reinar

Vistiendo al desnudo. Servirte es reinar

Hospedando a los forasteros. Servirte es reinar

Visitando a los enfermos.   Servirte es reinar

Visitando a los encarcelados. Servirte es reinar

Enterrando a los muertos.  Servirte es reinar


XIV estación

Jesús es colocado en el sepulcro

Evangelio según san Lucas (23, 53b-56)

Lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado. Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado.

Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado. Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.

En un sistema que nunca se detiene, Jesús, tú vives tu sábado. Lo viven también las mujeres, a las que aromas y perfumes quisieran ya hablar de resurrección. Enséñanos a no hacer nada, cuando únicamente se nos pide esperar. Edúcanos en los tiempos de la tierra, que no son los del artificio. Colocado en el sepulcro, Jesús, compartes la condición que nos acomuna a todos y alcanzas los abismos que tanto nos asustan. Ves cómo los rehuimos, multiplicando nuestras actividades. Giramos frecuentemente en círculos, pero el sábado brilla con sus luces, nos educa y nos pide descanso.

Vida divina, vida a la medida del hombre, la que conoce la paz del sábado. «Cada uno se sentará bajo su parra y bajo su higuera, sin que nadie lo perturbe» (Mi 4,4), profetizaba Miqueas. Y Zacarías se hace eco de esta palabra: «Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos– ustedes se invitarán unos a otros debajo de la parra y de la higuera» (Za 3,10). Jesús, que pareces dormir en un mundo tempestuoso, llévanos a todos a la paz del sábado. Entonces la creación entera nos parecerá muy buena y hermosa, destinada a la resurrección. Y habrá paz para tu pueblo y entre todas las naciones.

Oremos diciendo: Que venga tu paz

Para la tierra, el aire y el agua. Que venga tu paz

Para los justos y los injustos. Que venga tu paz

Para quien es invisible y carece de voz.  Que venga tu paz

Para quien no tiene poder ni dinero. Que venga tu paz

Para quien espera un brote justo. Que venga tu paz

Invocación final

«“Laudato si’, mi’ Signore” – “Alabado seas, mi Señor”, cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana […]. Esta hermana clama por el daño que le provocamos» (Carta Encíclica Laudato si’, 1-2).

«“Fratelli Tutti”, escribía san Francisco de Asís para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio» (Carta Encíclica. Fratelli Tutti, 1).

«“Nos amó”, dice san Pablo refiriéndose a Cristo […], para ayudarnos a descubrir que de ese amor nada “podrá separarnos”» (Carta Encíclica Dilexit nos, 1).

Hemos recorrido la vía de la Cruz; nos hemos dirigido al amor del que nada podrá separarnos. Ahora, mientras el Rey duerme y un gran silencio cubre toda la tierra, haciendo nuestras las palabras de san Francisco invoquemos el don de la conversión del corazón. (Fuente: Ciudad del Vaticano). 


EL DOLOR SE TRANSFORMA EN GLORIA Y ESPERANZA VIERNES SANTO 3 de abril 2026
Celebración de la Pasión del Señor.
Liturgia de la Palabra. Adoración de la Santa Cruz y Sagrada Comunión 
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA 
(Isaías 52, 13-53,12)

El Cuarto Cántico del Siervo de Yahvé anunciado por el profeta Isaías encarna todo el sufrimiento humano, que tiene su punto cumbre en la victoria. Dice el profeta: El justo, mi siervo, justificará a muchos y cargará con sus culpas. En silencio escuchemos la proclamación de la Lectura.

SEGUNDA LECTURA (Hebreos 4, 14-16; 5,7-9)

Contamos con Jesucristo el sumo sacerdote, el Hijo se Dios que se compadece de nuestras debilidades y nos da fortaleza para seguirlo en el camino. Solo nos pide que nos acerquemos a Él. Escuchemos con mucha atención la siguiente lectura.

TERCERA LECTURA Juan 18, 1-19,42

Cuando contemplamos a Cristo crucificado, descubrimos la extraordinaria riqueza que emana del madero de la cruz, con un solo objetivo, el bien de cada uno de nosotros. Allí pende, su sacerdocio, su realización, su visión profética, su sacrificio redentor, su martirio, el hombre que sufre, el Dios que salva, el hombre que se hace solidario. En pie y muy atentos vamos a escuchar la Pasión del Señor.


DOLOR, SUFRIMIENTO Y GLORIA

Evangelio viernes 3 de abril 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué

            “Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos.  Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos.  Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas.

Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?»  Le contestaron: «A Jesús el Nazareno.» Contestó: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos.  Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra.  Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.»  Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.» °°° Juan 18, 1-19. 42

            El dolor se transforma en gloria y esperanza por la fuerza del amor. Cuando contemplamos a Cristo crucificado, descubrimos la extraordinaria riqueza que emana del madero de la cruz, con un solo objetivo, el bien de cada uno de nosotros. Allí pende, su sacerdocio, su realización, su visión profética, su sacrificio redentor, su martirio, el hombre que sufre, el Dios que salva, el hombre que se hace solidario, el Dios que perdona, la Iglesia misma que nace del costado de Cristo.  Nos decidimos a aceptar el sufrimiento humano como un valor, como parte integrante de lo que significa el camino de la vida.  El sufrimiento humano constituye en sí mismo casi un específico –mundo- que existe junto con el hombre, que aparece en él y pasa, o a veces no pasa, pero se consolida y se profundiza en él.

            San Juan Pablo II enseñaba que el dolor y el sufrimiento guardan en sí un valor salvífico. El hombre se convierte de modo particular en camino de la Iglesia, cuando en su vida entra el sufrimiento. Esto sucede, en diversos momentos de la vida; se realiza de maneras diferentes; asume dimensiones diversas; sin embargo, de una forma o de otra, el sufrimiento parece ser, y lo es, casi inseparable de la existencia terrena del hombre.  La Iglesia, que nace del misterio de la redención en la cruz de Cristo, está obligada a buscar el encuentro con el hombre, de modo particular en el camino de su sufrimiento. En tal encuentro el hombre «se convierte en el camino de la Iglesia», y es este uno de los caminos más importantes. (cfr. Carta Apostólica, Salvifici Doloris, numerales 1-3).


ORACIÓN UNIVERSAL

La proclamación de la Palabra concluye con la oración universal.

Por la Santa Iglesia

Por el Papa León XIV

Por los ministerios y los fieles

Por los catecúmenos

Por la unidad de los cristianos

Por los judíos

Por los que no creen en Cristo

Por los que no creen en Dios

Por los gobernantes

Por los atribulados

ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Aclamación: Mirad el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo”.


EL SÍMBOLO QUE RESUME LA ESENCIA

DEL CRISTIANISMO ES EL MADERO DE LA CRUZ
Testamento del Maestro en la Cruz °°°
Las siete palabras.

"El mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios cuando ponía por obra su sabiduría; entonces a Dios le pareció bien salvar a los creyentes con esta locura que predicamos. Mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan el saber, nosotros proclamamos a un Mesías crucificado: para los judíos ¡qué escándalo! Y para los griegos ¡qué locura! Pero para los que Dios ha llamado, judíos o griegos, este Mesías es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues las locuras de Dios tienen más sabiduría que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres." (1 Corintios 1, 21-25). 

            1. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23, 34). Somos hombres, Señor, perdónanos: por no saber decirte nada, por ser avaros de nuestro tiempo y no tenerlo para encontrarnos contigo. Somos hombres, Señor, perdónanos: por esconder la claridad del Evangelio, por nuestras cobardías y nuestros compromisos con el pecado. Perdónanos, Señor, por nuestras faltas de amor, nuestros arrebatos, nuestros prejuicios, nuestra indiferencia, y todo lo que mata el amor. Perdónanos, Señor, por no saber perdonar, por no saber reconciliarnos con nosotros mismos, y, menos aún, con los otros. ¿Cuándo será que sabremos amar como Tú amas? ¿Cuándo será que sabremos amar al otro por él y por Ti? Perdona la fealdad de nuestra mirada. Somos hombres, Señor, perdónanos.

“El amor, he aquí la explicación de lo que está pasando. Empezamos a comprender si recordamos una frase atribuida al beato Juan XXIII en los días que precedieron a su muerte: «Sufro con dolor pero con amor». La muerte de Jesús en la cruz, aunque es un misterio de dolor, es sobre todo un misterio de amor, de un amor que purifica, restaña y cura, a la vez que elimina el obstáculo del pecado, un amor de misericordia y de perdón. Dicho de otro modo, un amor que no es sólo condolencia desde arriba para con los indigentes sino restablecimiento de la dignidad para quien la ha perdido, situándose lo más cerca posible del que necesita ser rehabilitado.

Nosotros comprendemos más fácilmente la compasión hacia los que sufren que la misericordia para con los pecadores. Jesús veía las cosas de otro modo, porque sabía que el pecado, cualquier delito, degrada al ser humano y lo aparta de Dios y de los demás hombres. Por eso, Él «se despojó de su rango tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres» (Filipenses 2,7) y pasó su vida poniendo de manifiesto que Dios es «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad, misericordioso hasta la milésima generación, que perdona culpa, delito y pecado» (Éxodo 34, 6-7). (cfr. Cofradía las 7 palabras, arquidiócesis de Valladolid). 

            2. "Hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lucas 23, 43) Ayúdame, oh, Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle.  Ayúdame, oh, Señor, a que mis oídos sean misericordiosos, para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.  Ayúdame, oh, Señor, a que mi lengua sea misericordiosa, para que jamás hable negativamente de mi prójimo, sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos.  Ayúdame, oh, Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras, para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y penosas.

“El reconocimiento de culpabilidad del buen ladrón es semejante a la palabra de arrepentimiento del hijo pródigo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo» (Lc 15,21). El buen ladrón había tomado conciencia de lo que merecía a causa de sus culpas, según las normas de la justicia de aquel tiempo. Pero, como en la parábola del hijo pródigo, la justicia va ser sobrepasada también por la misericordia. Nuevamente, por la fuerza misteriosa del perdón divino invocado por Jesús, se van a encontrar juntas «la misericordia y la fidelidad» y se van a besar «la justicia y la paz» (cf. Sal 85,11).

«Justicia y paz» unidas por el vínculo de «la misericordia». La justicia no es atropellada ni relegada. Lo que sucede es que el amor de Dios, manifestado en la misericordia, llega mucho más allá de lo que sería la estricta justicia restituyendo al hombre pecador su dignidad perdida, es decir, su condición de hijo como en la parábola del hijo pródigo4. Porque Dios, no solamente es «compasivo y misericordioso», sino que revela también ser «fiel a su paternidad, fiel al amor que desde siempre sentía por su hijo» (cfr. Cofradía las 7 palabras, arquidiócesis de Valladolid). 

            3. "He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre" (Juan 19, 26) Préstame, Madre, tus ojos para con ellos mirar, porque si por ellos miro nunca volveré a pecar  Préstame, Madre, tus labios para con ellos rezar, porque si con ellos rezo Jesús me podrá escuchar  Préstame, Madre, tu lengua para poder comulgar pues es tu lengua patena de amor y de santidad  Préstame, Madre, tus brazos para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más  Préstame, Madre, tu manto para cubrir mi maldad pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar. Préstame, Madre a tu Hijo para poderlo yo amar, si Tú me das a Jesús, ¿Qué más puedo yo desear? 

Y esa será mi dicha por toda la eternidad.  Junto a la Cruz estaba también María, su Madre. La presencia de María junto a la Cruz fue para Jesús un motivo de alivio, pero también de dolor. Tuvo que ser un consuelo el verse acompañado por Ella. Ella que, por otra parte, era el primer fruto de la Redención.  Pero, a la vez, esta presencia de María tuvo que producir1e un enorme dolor, al ver el Hijo los sufrimientos que su muerte en la cruz estaban produciendo en el interior de su Madre. Aquellos sufrimientos le hicieron a Ella Corredentora, compañera en la redención.

“María es la Mujer, la nueva Eva, que en las Bodas de Caná hizo que Jesús adelantara su hora para sacar de apuros a unos recién casados dando ocasión para que los discípulos creyeran en Jesús (cf. Jn 2,1-11). En efecto, «Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”». En una sola mirada el Señor ha abarcado a María y al Apóstol Juan que en ese momento representa a los discípulos de todos los tiempos. María y Juan son el germen de la Iglesia que está a punto de nacer. María y el Apóstol, dos presencias necesarias para la vida de toda comunidad cristiana y para cada uno de nosotros.

María, Madre del que es cabeza de la Iglesia, recibe la misión de ser también la Madre de los que somos miembros del cuerpo de Cristo. Con toda razón, el papa Pablo VI, el 21-11-1964, el mismo día en que promulgaba la Constitución dogmática sobre la Iglesia, proclamaba a «María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo cristiano, tanto de los fieles como de los pastores» (cfr. Cofradía las 7 palabras, arquidiócesis de Valladolid). 

            4. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mateo 27, 46) "Tengo mil dificultades: ayúdame. De los enemigos del alma: sálvame. En mis desaciertos: ilumíname. En mis dudas y penas: confórtame. En mis enfermedades: fortaléceme. Cuando me desprecien: anímame. En las tentaciones: defiéndeme. En horas difíciles: consuélame. Con tu corazón maternal: ámame. Con tu inmenso poder: protégeme. Y en tus brazos al expirar: recíbeme. Son casi las tres de la tarde en el Calvario y Jesús está haciendo los últimos esfuerzos por hacer llegar un poco de aire a sus pulmones. Sus ojos están borrosos de sangre y sudor.  Y en este momento, incorporándose, como puede, grita: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.  No había gritado en el huerto de los Olivos, cuando sus venas reventaron por la tensión que vivía. No había gritado en la flagelación, ni cuando le colocaron la corona de espinas. Ni siquiera lo había hecho en el momento en que le clavaron a la Cruz.

“El grito de Jesús, proferido en su lengua materna, reproduce las primeras palabras del salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Al escucharlas no podemos refugiarnos en la idea de sean un recurso del evangelista para expresar el estado de ánimo del hombre inocente y justo que se ve abandonado incluso por Dios. No cabe este subterfugio, porque sabemos que Jesús oraba con los salmos como todo israelita piadoso.

Tampoco podemos olvidar que su situación anímica constituye la cumbre del drama espiritual que empezó días antes de la pasión: «Mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre» (Juan 12,27-28; Mateo 26,39). ¿Acaso no es esto mismo lo que afirma la Carta a los Hebreos al señalar que Cristo «en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado» (Hebreos 5,7-8)? Pero, ¿no podía haber escogido Dios para redimirnos otro camino menos doloroso y humillante? La respuesta nos la ofrece la misma Carta: «Tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella» (Hebreos 2,17-18).” (cfr. Cofradía las 7 palabras, arquidiócesis de Valladolid). 

            5. "Tengo sed" (Juan 19, 28). Nos haces falta tú, Señor, pues tenemos sed, Señor, mucha sed, por tantas y tantas necesidades, que no logramos satisfacer.  Nos hacen falta muchas cosas pero más que nada nos hace falta tu gracia, tu amor y tu paz. Nos haces falta tú, Señor, en nuestra vida; tu ausencia es peor que la sed inapagable que está quemando nuestro ser. Nos hace falta el agua viva que nos da la certeza de un futuro de vida.

Nos hace falta sobre todo sentirnos unidos a Ti, para saber compartir y saciar nuestra sed.

Amén. Uno de los más terribles tormentos de los crucificados era la sed.  La deshidratación que sufrían, debida a la pérdida de sangre, era un tormento durísimo. Y Jesús, por lo que sabemos, no había bebido desde la tarde anterior. No es extraño que tuviera sed; lo extraño es que lo dijera. La sed que experimentó Jesús en la Cruz fue una sed física. Expresó en aquel momento estar necesitado de algo tan elemental como es el agua. Y pidió, “por favor”, un poco de agua, como hace cualquier enfermo o moribundo.

La sed de Jesús, con ser verídica, no es sólo material. Es una sed más profunda y significativa. El evangelista comenta que Jesús dijo «Tengo sed» para que se cumpliera la Escritura, porque «todo había llegado a su término». Esta sed parece el ansia incontenible de que, por fin, se consume y complete la obra para la que salió del Padre y vino a este mundo (cf. Juan 16,28). El que había dicho tan claramente: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra» (Juan 4,34) cuando, fatigado del camino se sentó al borde del pozo de Jacob esperando a los discípulos que había ido a la aldea cercana a buscar comida (cf. Juan 4,6 ss.), manifiesta nuevamente tener sed. Entonces se había acercado una mujer samaritana con su cántaro a buscar agua, y Jesús le había pedido que le diera de beber, porque tenía sed de la fe de aquella mujer, como comenta san Agustín.

            Jesús, desde la cruz, está viendo a la humanidad desorientada, engañada, sedienta de la verdad y de la belleza, de la paz y de la justicia, de la libertad y del bien, expuesta al peligro de beber en fuentes contaminadas o en cisternas agrietadas (cf. Jeremías 2,13), en vez de acercarse a las corrientes de agua viva (cf. Sal 43,2). Y quisiera gritar nuevamente: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mateo 11,28). Está a punto de consumarse el extraordinario portento de que el que muere consumido por la sed se convierte, Él mismo, en un manantial inagotable (cf. Juan 7,38) en el que podrán beber de balde todos los sedientos (cf. Isaías 55,1).” (cfr. Cofradía las 7 palabras, arquidiócesis de Valladolid). 

            6. "Todo está consumado" (Juan 19, 30). Cuantas veces, Señor, no hemos sido fieles, no hemos sido realistas frente a las cosas! Cuántas veces hemos creído poco en la inagotable fuerza de vida que deriva de la cruz!  Concédenos, Señor que al contemplarla, nos sintamos amados por Ti, amados por Dios, hasta el fondo, tal como somos; y creamos que por la fuerza de la cruz existe en nosotros una capacidad nueva de dedicarnos a los hermanos, según aquel estilo y aquel modo que nos enseña y comunica la cruz.

            Danos, Señor, descubrir que la cruz hace nacer de verdad un hombre nuevo dentro de nosotros, suscita nuevas formas de vida entre los hombres, conviértete en el preludio, la promesa y la anticipación de aquella vida plena que explotará en el misterio de la resurrección.

            Nos arrodillamos ante la Cruz con María y pedimos que comprendamos, como ella comprendió, el misterio que transforma el corazón del hombre y que transforma al mundo. Jesús cuando seas levantado en tu cruz atráeme hacia Ti. 

«Esta cumplido». Se ha realizado ya todo lo que Dios había dispuesto en su designio eterno para salvar al hombre: el anuncio del Evangelio a los pobres, la libertad a los cautivos, a los ciegos la vista, y a todos el año de gracia del Señor (cf. Lucas 4,18; cf. Isaías 61,1-2). Jesús «pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo» (Hechos 10,38). Ahora está a punto de morir como el grano de trigo, para dar mucho fruto (cf. Juan 12,24), para que la vida brote de nuevo, aún más vigorosa, en la resurrección.

«Esta cumplido». Nuestro Sumo Sacerdote, al entrar en el mundo, había dicho al Padre: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije...: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”» (Hebreos 10,5-7; cf. Sal 40,7-9). El culto antiguo con sus sacrificios ha quedado abolido, el viejo templo dará paso al nuevo (cf. Juan 2,19-22). La vida entera de Jesús culmina en el sacrificio de la nueva y eterna Alianza para el perdón de los pecados que en la tarde anterior había instituido y promulgado bajo los signos sacramentales del pan y del vino tomados de la mesa de la última Cena y entregados como alimento”. (cfr. Cofradía las 7 palabras, arquidiócesis de Valladolid).  

            7. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lucas 23, 46). En tus manos Padre Santo y Misericordioso, ponemos nuestra vida, Tú nos la diste, Guíala y llénala de tus dones. Tú estás a nuestro lado, como roca sólida y amigo fiel, aun cuando nos olvidamos de ti. Pero ahora volvemos a ti.  Queremos agarrarnos a la guía segura de tus manos, que nos conducen a la Cruz.  Sentimos la necesidad de meditar y de callar mucho, sentimos también la necesidad de hablar para darte gracias. Y para dar a conocer a todos los hombres las maravillas de tu amor. Nos separamos de ti, fuente de la vida, y encontramos la muerte. Tu Hijo sin embargo no se paró ante el pecado y la muerte, sino que con la fuerza del amor, destruyó el pecado, redimió el dolor, venció la muerte.

La Cruz de Cristo nos revela que tu amor, es más fuerte que todo, el don misterioso y fecundo, que mana de la cruz. Es el Espíritu Santo, que nos hace partícipes, de la obediencia filial de Jesús, Nos comunica tu voluntad, de atraer a todo hombre a la alegría de una vida reconciliada y renovada por el AMOR.  Amén. ¡En Tus manos!

Terminó el duro combate. San Lucas dice también que «se oscureció el sol» y que «el velo del templo se rasgó por medio» (Lucas 23,45) como señal de que lo antiguo ha dado paso a lo nuevo (cfr. 2 Corintios 5, 17; Apocalipsis 21, 5).

Jesús no había dejado de orar «sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía» (Juan 13,13). La última palabra en la Cruz ha sido para confiar en las manos del Padre su vida, su ser, su obra. Nuevamente fue un salmo lo que afloró a sus labios: «A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás» (Salmo 32, 6). La Iglesia repite diariamente esta invocación en la oración de Completas, para que sus hijos fatigados se entreguen al descanso nocturno, imagen de la muerte, en la confianza de que el Señor alejará las insidias del enemigo y los hará levantarse alegres, al clarear un nuevo día. 

En el misterio de la noche germinan las semillas del Reino de Dios, sembradas con nuestro trabajo (cfr. Marcos 4,26-27). «Como un padre siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus fieles» (Sal 103,13; cfr. Isaías 49,15). Por eso Dios no dejará que ninguno de sus hijos perezca, del mismo modo que no consintió que Jesucristo, el Hijo fiel, «conociese la corrupción» (cf. Hechos 2, 27; cfr. Salmo 16,10). (cfr. Cofradía las 7 palabras, arquidiócesis de Valladolid).  

 

ORACIÓN ANTE LA SANTA CRUZ
“Dios todo poderoso que habéis sufrido la muerte sobre la cruz, por nuestros pecados,

Acompáñanos.

Santa Cruz de Jesucristo, ten piedad de nosotros

Santa Cruz de Jesucristo, rechaza de nosotros toda arma cortante y de fuego.

Santa Cruz de Jesucristo, derrama sobre nosotros todo bien.

Santa Cruz de Jesucristo, descarta de nosotros todo mal.

Santa Cruz de Jesucristo, haz que alumbre el camino de la salud.

Santa Cruz de Jesucristo, rechaza de nosotros todo atentado de muerte.” Amén


CELEBRACIÓN DE LA PASCUA CON LA VIGILIA PASCUAL

SÁBADO SANTO
4 de abril 2026

El Papa Benedicto XVI decía: «El Sábado Santo es el día del ocultamiento de Dios, como se lee en una antigua homilía [cuyo autor se desconoce]: “¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad, porque el Rey duerme (...) Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción a los infiernos” (Homilía sobre el Sábado Santo: PG 43, 439)».

            Creer que Cristo “descendió a los infiernos” tiene un profundo significado. El Señor ha llevado su amor a niveles impensables: por su muerte ha penetrado la soledad más absoluta en la lejanía más extrema. Desde aquel primer Sábado Santo de la historia sabemos que no hay nada que pueda escapar al amor de Dios; en la más profunda tiniebla ha brillado la Luz de Cristo. (Redacción Central de Aciprensa)

HOMENAJE A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA EN EL SÁBADO SANTO

El apóstol de los gentiles enseña: “Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra Fe” (1 Corintios 15, 14)

INICIEMOS CON UNA LITURGIA DE LA PALABRA

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA: Isaías 7, 10-14; 8, 10

El profeta se anticipa a solicitar la fidelidad para que el Reino de Judá no sea destruido. Todos debemos tener nuestras esperanza fijada en la fidelidad. Escuchemos con atención la siguiente lectura:

LECTURA DE LA PROFECÍA DE ISAÍAS

Y el Señor siguió hablando a Ajaz:  —Pídele al Señor, tu Dios, un signo, en el fondo del sheol o en lo alto del cielo. Pero Ajaz dijo: —No lo pediré y no tentaré al Señor. Entonces respondió: —Escuchad, casa de David: «¿Os parece poco cansar a los hombres para que canséis también a mi Dios? Pues bien, el propio Señor os da un signo. Mirad, la virgen está encinta y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel. ¡Llegad a un acuerdo, y fracasará!

¡Quedad en algo, y no se mantendrá!, porque ¡Dios está con nosotros! Palabra de Dios.

Salmo Responsorial 40, 7-11

AQUÍ ESTOY SEÑOR PARA HACER TU VOLUNTAD

No quisiste sacrificio ni ofrenda, pero me abriste el oído. No pediste holocausto ni sacrificio de expiación; entonces dije: «Aquí estoy —como está escrito acerca de mí en el Libro— para hacer tu voluntad, Dios mío». R/

Ése es mi querer, pues llevo tu Ley dentro de mí. He anunciado la justicia en la gran asamblea;

no he cerrado mis labios, Señor, Tú lo sabes bien. No he escondido tu justicia dentro de mi corazón; he proclamado tu fidelidad y tu salvación, no he ocultado tu bondad y tu lealtad a la gran asamblea. R/

SANTO EVANGELIO: Juan 19, 25-30

MONICIÓN AL EVANGELIO

            La crucifixión la entendemos como la hora de la glorificación de Jesús, donde se consuma la redención y nos deja a María Santísima como la Madre en nuestra Iglesia. Nos colocamos en pie para escuchar el Santo Evangelio.

“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.” Palabra del Señor.


MARÍA SANTÍSIMA ES MODELO DE FE

ESPERANZA Y CARIDAD

Homenaje a María en el Sábado Santo

María Santísima custodiaba todas estas cosas, meditándolas en su Corazón. (Lucas 2,19). María, modelo perfecto de vida cristiana. Orientador: Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué. 

MARIA ES LA VIRGEN OYENTE

La que escucha y acoge la Palabra de Dios. También la Iglesia escucha con fe, acoge y distribuye la Palabra a los fieles como pan de vida. (Marialis Cultus. 17)

MARIA ES LA VIRGEN ORANTE

La oración por excelencia de María es el Magnificat, y en Caná en favor de los necesitados. Y luego con la primera comunidad de Jerusalén. Virgen Orante es también la Iglesia que cada día presenta al Padre las necesidades de sus hijos (Marialis Cultus.18)

MARIA ES LA VIRGEN MADRE

Es una prodigiosa maternidad por obra del Espíritu, constituida por Dios como “tipo” y “ejemplar” de la fecundidad de la Virgen Iglesia, - Iglesia Madre e Iglesia hija. (Marialis Cultus 19) Bienaventurados los que escuchan la Palabra y la cumplen. Lucas 11,27.

MARÍA ES DISCÍPULA POR EXCELENCIA

Quizás, todo empezó cuando “envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen prometida con un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María”. Y a su anuncia Ella, libre y voluntariamente, respondió “aquí tienes a la esclava del Señor, que se cumpla en mí tu palabra”.

 María es madre y es discípula; y este “catecumenado” de María empieza bien temprano, prácticamente desde el nacimiento del Hijo, María va creciendo en su condición de Primera Cristiana, mientras medita en su corazón todo aquello que le va pasando. (cf. Lucas 1,29).  El Adviento de la Virgen María está marcado por las tres grandes virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad

            La Virgen Santísima, tuvo una fe ejemplar. No ha existido criatura alguna que se pueda comparar a la fe de Nuestra Madre, ya que su vida requirió de su corazón una fe heroica capaz de poder responder en plenitud al misterio al cual se le llamó y en el cual siempre viviría. Según el Evangelista San Lucas, la Virgen María se mueve exclusivamente en el ámbito de la fe.

Fe para creer que su Hijo, sería llamado hijo del Altísimo. El Dios hecho hombre, la Palabra encarnada La fe se convierte para María en la única medida para abrazar no solo su propio misterio, sino el de su mismo hijo: un puro don que Dios le ha dado no para su gozo o su exaltación, sino para el bien de todo.

            María Santísima es modelo de santidad: El Papa Francisco, propone seguir las enseñanzas de María Santísima, quien fue la fiel cumplidora de las bienaventuranzas: “Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña.

Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…». (Gaudete et Exsultate, 176)

El Papa Francisco nos dice: “Lejos de querer entender o adueñarse de la situación, María es la mujer que sabe conservar, es decir proteger, custodiar en su corazón el paso de Dios en la vida de su Pueblo. Desde sus entrañas aprendió a escuchar el latir del corazón de su Hijo y eso le enseñó, a lo largo de toda su vida, a descubrir el palpitar de Dios en la historia... (Vaticano 1 de enero 2017).  María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura. Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas... (Papa Francisco. Evangelii Gaudium 286). 

Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes.  (Papa Francisco. Evangelii Gaudium 288).  Para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, nosotros tenemos un modelo cristiano a quien dirigir con seguridad nuestra mirada.

Es la Madre de Jesús y Madre nuestra, atenta a la voz de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos.  María, animada por la divina misericordia, que en ella se hace carne, se olvida de sí misma, y con ternura va al encuentro de los necesitados. Por eso es la Madre de todos los enfermos y de todos los que sufren (…) El que está bajo la cruz con María, aprende a amar como Jesús”. (Papa Francisco. Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2014).

ORACIÓN A NUESTRA MADRE DE LOS DOLORES

María, Madre de los Dolores, mujer del sábado que, en silencio, desgarrada por el dolor, has seguido a tu Hijo Jesús hasta la Cruz, permanece junto a nosotros, que hemos sido hechos hijos tuyos por tu Hijo.

Guárdanos y defiéndenos bajo tu manto, mientras esperamos el nuevo día, el día de la resurrección de tu Hijo. María, Madre Dolorosa, mujer del sábado, ayúdanos a vivir este tiempo de cruz y silencio.

Del mismo modo en que tú, Virgen Madre, permaneciste de pie bajo la cruz de tu Hijo, y supiste custodiar en la espera a los discípulos de tu Hijo Jesús, ayúdanos hoy así también a nosotros a vivir a la espera de un tiempo bueno, aprendiendo a no desperdiciar esta experiencia de pasión.

María, Madre de los Dolores, Mujer del Sábado, Cuídanos y defiéndenos, ruega por nosotros ahora y siempre. Amén. (Oración de A.V).  


CELEBRACIÓN DE LA VIGILIA PASCUAL

Sábado 4 de abril 2026.  A las 10 pm

Los católicos sabemos que la Vigilia Pascual es el momento más importante en la Semana Mayor, allí conmemoramos la resurrección del Señor.

El Papa Francisco enseñó: “La Vigilia pascual nos recuerda que la luz de la Resurrección ilumina el camino paso a paso, irrumpe en las tinieblas de la historia sin estrépito, resplandece en nuestro corazón de manera discreta. Y a esta luz corresponde una fe humilde, desprovista de todo triunfalismo. La Pascua del Señor no es un evento espectacular.

            San Agustín de Hipona decía: «La resurrección de nuestro Señor Jesucristo es nueva vida para los que creen en Jesús. Y éste es el misterio de su pasión y resurrección, que ustedes deben conocer bien y vivirlo» (Sermón 231, 2). Reproducir la Pascua en nuestra vida y convertirnos en mensajeros de esperanza. (Cfr. Homilía, 19 de abril, 2025).

Primera Parte: Lucernario y Pregón Pascual

Segunda Parte: Liturgia de la Palabra (Pascua Histórica)

Génesis 1, 1-22. Génesis 22, 1-18. Éxodo 14, 15-15,1. Isaías 54, 5-14. Isaías 55, 1-11. Baruc 3, 9-15. 32. Ezequiel 36, 16-17ª. 18-28. Romanos 6, 3-11. Mateo 28, 1-10.

Tercera Parte: Liturgia Bautismal

Cuarta Parte: Liturgia de la Eucaristía

LITURGIA DE LA PALABRA

Nos preparamos para recorrer históricamente nuestra Pascua. Escucharemos 7 lecturas de la Antigua Alianza, una epístola y el Santo Evangelio.

            Las lecturas que vamos a escuchar se ubican en el libro de la creación, el libro del Éxodo, la profecía de Isaías, la profecía de Baruc y la profecía de Ezequiel.

Bajo el espíritu de los escritores bíblicos podemos recorrer con el entusiasmo de la fe la obra de la creación, que es a su vez, la historia de la salvación. Desde la misma creación se puede contemplar la grandeza de Dios, la perfección del Señor, el amor de Dios, la misericordia de Dios. El relato bíblico, denominado: el sacrificio de Isaac. Nos permite entrar a discernir el valor de la vida, el don de la existencia como una gracia infinita del creador. Dios no quiere sacrificios, Dios no quiere demostraciones.

            San Pablo nos recuerda que Cristo resucitado ya no muere más, la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Jesucristo nos regala el mandato de su resurrección: “No tengan miedo, vayan y anuncien a mis hermanos y díganles que vayan a Galilea, allí me verán”. Dispongámonos espiritualmente para escuchar las siguientes lectura en comunión con el salmo responsorial.


LA PASCUA CRISTIANA ES EL GRAN DÍA DE LA ESPERANZA 
Evangelio para la Vigilia del Sábado Santo. 4 de abril 2026. 
Padre Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué. 

“Pasado el sábado, al alborear el día siguiente, marcharon María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como de un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve. Los guardias temblaron de miedo ante él y se quedaron como muertos. El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres:

—Ustedes no tengan miedo; ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Vengan a ver el sitio donde estaba puesto. Marchen enseguida y digan a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de ustedes a Galilea: allí le verán. Miren que lo que les he dicho.

Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: —No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.” Palabra del Señor. Mateo 28, 1-10

Cristo necesariamente debía resucitar entre los muertos. La Sagrada Escritura nos permite saber que: los soldados buscaron el sepulcro para ver si estaba custodiado. Las mujeres madrugaron a visitar al Señor en el sepulcro, llevando consigo aromas. Pedro y Juan acudieron al sepulcro con desconcierto y esperanza. El resultado de todo este proceso es que el cuerpo no estaba allí. La muerte no tiene la última palabra. 

            Como católicos celebramos la Pascua en el ambiente de nuestra fe. Recordamos la resurrección de Jesucristo. Creemos que nuestro Maestro asumió el dolor y el sufrimiento, para la salvación del mundo. Resucitó, superando la muerte, el pecado y cualquier clase de tentación.

            La resurrección trae consigo los dones y las Gracias de Dios para la nueva vida del mundo: El primer don es la paz como Gracia de Dios y responsabilidad nuestra de cultivarla “Paz a vosotros”. El segundo don: Se inicia una misión, hombres y mujeres somos enviados a proclamar ese mensaje de reconciliación y unidad. El tercer don: El Espíritu Santo cumple la misión de darnos la sabiduría y la fortaleza para continuar la obra que Cristo dejó.

             El cuarto don: El poder de perdonar pecados emana del resucitado. Los pecados se perdonan en nombre de Cristo.

            El Papa Francisco, nos enseña que la Pascua es un día de esperanza y alegría, que marca el triunfo de la vida sobre la muerte. Es un día para dejar atrás el pasado y mirar hacia el futuro con confianza.  Pascua, que significa “paso”, porque en Jesús se realizó el paso decisivo de la humanidad: de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, del miedo a la confianza, de la desolación a la comunión.  Nuestra esperanza ya no se estrella contra el muro de la muerte; el Señor nos ha abierto un puente hacia la vida. en Pascua el destino del mundo cambió. (cfr. Mensaje Urbi et Orbi, 9 de abril, 2023).


ORACIÓN COMÚN DE LOS FIELES

            En esta noche santa concentremos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, dándole gracias a Dios por todos los dones y beneficios que Él nos regala, habiendo superado la tentación, el pecado, la muerte y regalarnos una vida según su resurrección.

Oremos diciendo: ALABADO SEAS POR SIEMPRE SEÑOR

1.   Por todos los que, reunidos en asamblea por todo el mundo, renuevan esta noche su adhesión a Cristo Jesús. Roguemos al Señor.

2.   Por los catecúmenos que, iluminados con la luz de Cristo, se incorporan esta noche a la Iglesia por los sacramentos de la iniciación cristiana. Roguemos al Señor.

3.   Por el papa León XIV, por nuestro obispo, por todos los obispos, sacerdotes, diáconos y demás ministros de la Iglesia. Roguemos al Señor.

4.   Por el gobierno de nuestro país, por los gobernantes de todos los pueblos y naciones. Para que cumplan su misión pensando más en los demás.  Roguemos al Señor.

5.   Por toda la humanidad que, rescatada en Cristo de la muerte, todavía sufre en la espera de su plena liberación. Roguemos al Señor.

6.   Por nosotros que, renacidos del agua y del Espíritu, nos disponemos a participar en el banquete de la Pascua y queremos vivir en plenitud el Misterio pascual. Roguemos al Señor.

OREMOS

“Amado Jesús resucitado regálanos un corazón que se alegre con los que gozan, que comparto el dolor con los que sufren. Un corazón que sepa compartir con los demás. Un corazón libre para liberar. Un corazón con una profunda experiencia espiritual para hacerle tanto bien a los demás. Por Jesucristo Nuestro Señor”. 



5 DE ABRIL  2026

DOMINGO DE PASCUA EN 
LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Sólo en la resurrección de Cristo nuestros destinos encuentran su lugar en el horizonte infinito de la eternidad. Sólo de su Pascua nos viene la certeza de que nada, «ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios» (Romanos 8, 38-39).  Jesucristo propone a sus discípulos que el punto de encuentro es Galilea. (Marcos 14, 28) Galilea, se irá constituyendo progresivamente en el lugar del discipulado y de la misión iluminados por el fulgor de la pascua de Jesús. 

NOS PREPARAMOS PARA LA LITURGIA DE LA PALABRA
MONICIÓN INICIAL

Hermanos y Hermanas. Bienvenidos a nuestra celebración del gran día desde que iniciamos preparándonos con una santa cuaresma viviendo el llamado a convertirnos y encontrar a Dios en nuestras vidas. En este día de la resurrección del Hijo de Dios, nos embarga el gozo, la esperanza, la alegría, la felicidad de lo que creemos y esperamos de nuestra vida cristiana: “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura”.  La muerte y la Resurrección de Jesús son justo el corazón de nuestra esperanza. Sin esta fe en la muerte y en la Resurrección de Jesús nuestra esperanza ya no será ni siquiera esperanza. Participemos cantando para iniciar nuestra celebración Eucarística.

LITURGIA DE LA PALABRA
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA Hechos 10, 34ª. 37-43

Vamos a escuchar un compendio maravilloso de la predicación de san Pedro presentando a su Maestro: Jesucristo quien fue crucificado en Jerusalén es ahora el Señor resucitado. Jesucristo es el Señor de vivos y muertos, es el rostro del amor de Dios. Escuchemos con mucha atención la siguiente lectura.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA Colosenses 3, 1-4

Aprendemos una excelente lección para nuestra vida cristiana: Busquemos siempre las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. En silencio escuchemos la segunda lectura.

MONICIÓN AL SANTO EVANGELIO Juan 20, 1-9

La resurrección abre las puertas de la evangelización para la humanidad. La resurrección como misterio pertenece al orden de la fe; es también un acontecimiento histórico, las pruebas reposan en el sepulcro vacío (cfr. Juan 20,2). En pie nos disponemos para escuchar el Santo Evangelio.  


NOS COMPROMETEMOS CON UNA CIVILIZACIÓN DEL AMOR                 

Evangelio domingo 5 de abril 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
            “El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. 

            Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura; que Él había de resucitar de entre los muertos.” Juan 20, 1-9

            Cristo necesariamente debía resucitar entre los muertos. Es la noticia esperanzadora y renovadora de nuestra fe al cumplirse la celebración del misterio de la Pasión, muerte y resurrección del Señor. El primer domingo de pascua en la historia del cristianismo se celebró en la ciudad de Jerusalén. La muerte no tiene la última palabra. La experiencia con el resucitado es motivo de gozo, de paz, de alegría, de fe, de cumplimiento de las promesas de un Dios Padre, de un Dios Hijo, de un Dios Espíritu que se quedó para permanecer con nosotros.

Un Cristo resucitado que nos propone vivir según la ley del Amor. Comienza una nueva civilización en la historia. Es la civilización del Amor. Quien cree según la Fe del resucitado: Ama a Dios, Convierte el amor de Dios en servicio y caridad. Se estima, ama y valora mucho sentirse fruto del amor de Dios.

            La Pascua significa mucho para nosotros los católicos cristianos: Pascua es ese acontecimiento central de nuestra fe, porque a través de ella descubrimos en su complejidad el misterio de Cristo, el misterio de Dios, el misterio de la Iglesia, la misión que se nos encomienda: “Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos” (Hechos 10, 42). Qué bueno caer en cuenta que no estamos solos, nuestra vida no se reduce a un sepulcro, porque la losa que cubría el sepulcro ha desaparecido, nos han liberado de las tinieblas, de la oscuridad, del pecado, de la condenación eterna. Vivir la pascua en toda su extensión es comenzar a ser el testigo de la esperanza.


ORACIÓN COMÚN DE LOS FIELES

Cristo necesariamente debía resucitar entre los muertos. Es la noticia esperanzadora y renovadora de nuestra fe al cumplirse la celebración del misterio de la Pasión, muerte y resurrección del Señor.  Oremos en acción de gracias a Dios por tantas bondades que Él tiene para con cada uno de nosotros.

Digamos: TU QUE ERES LA VIDA Y LA RESURRECCIÓN, ESCÚCHANOS

1. Por la Iglesia; para que, renovándose sin cesar, pueda anunciar al mundo la vida nueva en Cristo, roguemos al Señor.

2. Por los bautizados, para que, despojados del hombre viejo y revestidos del hombre nuevo, a imagen de Cristo, perseveren en la fe, que han sellado en el bautismo, roguemos al Señor.

3. Por la humanidad que sufre; para el Señor Jesús, el Viviente, encienda en ella la esperanza de la liberación de todo mal, roguemos al Señor.

4. Por los que gobiernan las naciones y los pueblos; para que la Resurrección de Jesús los estimule para hacer de éste un mundo más justo y solidario, roguemos al Señor.

5. Por nosotros, que celebramos esta PASCUA; para que, cuando aparezca Cristo, vida nuestra, aparezcamos juntamente con Él en la gloria, roguemos al Señor.

OREMOS: Padre celestial te alabamos por tu triunfo definitivo. Que al terminar de celebración este maravilloso misterio pascual nos convirtamos en verdaderos testigos de tu amor viviendo como católicos resucitados. Por Jesucristo Nuestro Señor.