2 de julio 2026. ¡CON EL CORAZÓN PARTIDO! Autor: Padre Mario
García Isaza c.m. Formador Seminario
Mayor Arquidiócesis de Ibagué. Correo: magarisaz@hotmail.com
Sí, nuestra santa Madre Iglesia amanece hoy con el corazón
partido. Y quienes la amamos lo tenemos también. Porque se ha consumado, ¡ay
dolor!, el cisma. Seis obispos han incurrido en excomunión, están fuera de
la Iglesia, todas sus actuaciones de hoy
en adelante son, por lo menos, ilícitas; se han convertido en aquellos
que, según el Evangelio, no entran al redil por la puerta verdadera, y de
quienes dice el Evangelio: “…qui non intrat per ostium in ovile ovium, sed
ascendit aliunde, ille fur est et latro. Ego sum ostium…” (Jn, X) Yo soy la
Puerta. Les digo en verdad que quien no entra en el redil por la puerta, sino
por otro lado, es un ladrón.
Para que se entienda de qué hablo, rememoremos, en síntesis,
los hechos. En 1988, monseñor Marcel Lefevre fue excomulgado por el Sumo
Pontífice san Juan Pablo II, no solo porque
se rebelaba contra las enseñanzas del Concilio Vaticano II, sino
principalmente porque consagró
ilícitamente, sin la autorización del Papa, a cuatro Obispos. Monseñor Lefevre
murió sin reconciliarse con la Iglesia.
El 28 de enero del año 2009, el Papa Benedicto XVI
levantó la excomunión, en un acto de bondad paternal, y porque los obispos
ilícitamente consagrados por Lefevre lo pidieron y manifestaron su intención de
acatar la autoridad pontificia; el Pontífice expresó su esperanza de que, con
ese acto, se guardaba la unidad en la Iglesia. Posteriormente, el Papa
Francisco mantuvo idéntica actitud, y buscó siempre mantener la unidad e
invitar a la adhesión fiel a la santa Iglesia.
Ahora, casi cuarenta años después, cuando dos de los obispos
ilícitamente consagrados ya han muerto, y los otros dos son casi octogenarios,
la Fraternidad sacerdotal san Pío X, - que así se autodenominan lo seguidores
de monseñor Lefevre – anunció por boca de su Superior, el padre Davide
Pagliarani, que esos dos obispos sobrevivientes consagrarían a otros cuatro
obispos, sin la autorización del Sumo Pontífice León XIV, esgrimiendo como
motivación para ese acto cismático la necesidad de asegurar la supervivencia de
su grupo.
La Iglesia, de
inmediato, los llamó a la reflexión; la Sagrada Congregación para la Doctrina
de la Fe les recordó que hacerlo equivalía a caer en un cisma e incurrir en
pena de excomunión “latæ sententiæ”. El santo Padre León, tras varios
intentos por lograr que desistiesen de su atrevimiento doctrinal y
disciplinario, hace apenas unos días, en la fiesta de los santos apóstoles
Pedro y Pablo, les hizo llegar una carta
cuyo contenido y lenguaje están llenos de amor paternal, de respeto, de
solicitud pastoral, y al mismo tiempo de pena y de esperanza; en esa carta
admirable, el Papa, al propio tiempo que se muestra firme y claro en cuanto a
lo doctrinal, se proyecta transido de misericordia y de solicitud pastoral.
“Les pido de todo corazón, dice, den marcha atrás…Rasgar
la túnica inconsútil de Cristo, que es la unidad de la Iglesia, es un
pecado de suma gravedad…Rezo por ustedes…”
Muchas otras voces autorizadas se unieron a este clamor del Papa. Entre
ellas, la del Cardenal Fernández, que preside el Dicasterio pontificio para la
doctrina de la fe, y la del Cardenal Gerard Müller, que con su reconocida
autoridad les dijo : “No sigan el camino equivocado de los donatistas y de
los jansenistas… Sin la plena comunión con el Papa León XIV no se puede
ser plena e íntegramente católico…
La
suprema autoridad del Papa no deriva de la verdad sociológica de que en toda
comunidad alguien debe tener la última palabra, sino de la institución misma del
Papa como sucesor de Pedro, y de la fe en el Espíritu Santo que lo asiste en el
ejercicio de su magisterio y en su servicio a la unidad”
Todas esas voces fueron desoídas, y ayer, primero de julio
2026, en Écone,(Suiza) los dos obispos a quienes misericordiosamente la Iglesia
había levantado la excomunión, - monseñor Alfredo De Galarreta y monseñor
Bernard Fellay – reincidieron en su rebeldía obcecada y quedaron nuevamente excomulgados, lo mismo que los cuatro
consagrados ilícitamente : el suizo Pascal Scheiber, el norteamericano Michael
Goldade, y los franceses Michel Poinsimet y Marc Hannapier . En la ceremonia,
con la que abandonaban la Iglesia única y santa de Jesucristo, hubo detalles
que desnudan la profunda e inexplicable incoherencia de su proceder.
Dentro del rito, fueron interrogados, en latín: “¿Queréis
ofrecer sujeción y obediencia en todo al Papa León XIV? Y respondieron: ”Volo”
(sí quiero) ¡Prometían así obediencia a quien en ese mismo momento estaban
desobedeciendo! Y a los consagrantes se les preguntó: ¿” Tenéis la
autorización del Sumo Pontífice”?, y en la imposibilidad de responder
afirmativamente, alegaron la endeble argumentación de estar respondiendo a una urgente necesidad…E
incluso, yendo más allá en su actitud empecinada y ensoberbecida, dijeron a sus
seguidores :”las sanciones que vengan de
Roma no tienen ningún valor para nosotros”
Bueno será recordar lo que establece la Iglesia sobre el
pecado del cisma y sus consecuencias. El
Catecismo de la Iglesia cita el Canon 751 así: “Se llama…cisma el
rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de
la Iglesia a él sometidos” (N° 2089) Y el Código de Derecho Canónico
establece: “El obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin
mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurren en
excomunión latæ sententiæ reservada a la Sede Apostólica.” (Canon 1382)
¿Qué tenemos que hacer? Varias cosas. Ante todo, trabajar en
nuestra propia conversión; afincarnos en nuestro deseo y propósito de fidelidad
indeclinable y adhesión sin sombras al magisterio de la santa madre Iglesia; recordar
siempre que nuestro amor a ella se manifiesta, entre otras cosas, en el amor y
la adhesión filial, nacida de la fe, al Sumo Pontífice. Luego, orar más y
mejor; orar por esos hermanos que se separan de la comunidad eclesial; orar por
nuestro amado padre, el Papa, y por todos los legítimos pastores de la Iglesia,
e inculcar estos mismos sentimientos y actitudes a nuestros fieles.

