2 de julio de 2026

CREEMOS SIN EXIGIR PRUEBAS Evangelio viernes 3 de julio 2026


CREEMOS SIN EXIGIR PRUEBAS
La Fe es la convicción de lo que no se ve            
Evangelio viernes 3 de julio 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con ustedes». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Le dijo Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído». Juan 20, 24-29.
            Aprendemos a creer sin exigir pruebas a Dios. ¿En qué consiste la Fe? Sabemos que la Fe es un don de Dios, es una virtud teologal, es una Gracia de Dios, depende de Dios, es base y fundamento para una excelente vida cristiana. El gran secreto de la Fe es que debe estar centrada en Dios que es Padre, hijo y Espíritu Santo. Nuestra Iglesia Católica enseñó a través de un Concilio en qué debemos creer exactamente. (cfr. Credo de Nicea). Cuando una persona no tiene su Fe centrada en Dios, alimentada por la Palabra de Dios y vive según el Espíritu de Dios, entra en conflicto con Dios, con la Iglesia, con el horizonte de su propia vida.
 
            Uno de los doce discípulos que seguían al Maestro tuvo dificultades en un primer momento porque no tenía un concepto claro de su Fe. Era un judío, pescador de oficio, su nombre es Tomás y se le recuerda por su incredulidad. El apóstol no podía creer que su Maestro había resucitado. Jesús de Nazareth le regala una buena catequesis sobre la Fe: “No seas incrédulo sino creyente”. (Juan 20, 27).  El apóstol san Pablo asegura muy bien la misión que deben cumplir quienes van a ser misioneros del Señor diciéndoles: “Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles y los profetas y la piedra angular es el mismo Cristo Jesús” (Efesios 2, 20).

El catecismo de nuestra Iglesia Católica nos enseña que: Nuestra profesión de fe comienza por Dios, porque Dios es "el Primero y el Ultimo" (Isaías 44, 6), el Principio y el Fin de todo. El Credo comienza por Dios Padre, porque el Padre es la Primera Persona Divina de la Santísima Trinidad; nuestro Símbolo se inicia con la creación del Cielo y de la tierra, ya que la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios.

¿EN QUIÉN DEBEMOS CREER? Nuestra primera profesión de Fe es en Dios.  El mismo CREDO que oramos en nuestra Iglesia, nos indica el principio de nuestra Fe.  Creo en Dios.  Jesús mismo confirma que Dios es "el único Señor" (cfr. Marcos 12,29-30). Confesar que "Jesús es Señor" es lo propio de la fe cristiana. Esto no es contrario a la fe en el Dios Único (Catecismo numeral, 202).

ORACIÓN PARA PEDIR EL DON DE LA FE
“Señor, yo creo, yo quiero creer en Ti
Señor, haz que mi fe sea pura, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.
 
Señor, haz que mi fe sea libre, es decir, que cuente con la aportación personal de mi opción, que acepte las renuncias y los riesgos que comporta y que exprese el culmen decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.
 
Señor, haz que mi fe sea cierta: cierta por una congruencia exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz confortadora, por su conclusión pacificadora, por su connaturalidad sosegante.
 
Señor, haz que mi fe sea fuerte, que no tema las contrariedades de los múltiples problemas que llena nuestra vida crepuscular, que no tema las adversidades de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega, sino que se robustezca en la prueba íntima de tu Verdad, se entrene en el roce de la crítica, se corrobore en la afirmación continua superando las dificultades dialécticas y espirituales entre las cuales se desenvuelve nuestra existencia temporal.
 
Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo capacite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que irradie en el coloquio sagrado y profano la bienaventuranza original de su afortunada posesión.
 
Señor, haz que mi fe sea activa y dé a la caridad las razones de su expansión moral de modo que sea verdadera amistad contigo y sea tuya en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final, que sea una continua búsqueda, un testimonio continuo, una continua esperanza” (Pablo VI). 
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https://youtu.be/7R7cdIZb0_E