9 de septiembre de 2026

MISERICORDIA ES LA REGLA DE VIDA CRISTIANA Evangelio jueves 10 de septiembre 2026

MISERICORDIA CON TODOS ES
DE UNA BUENA CONCIENCIA
“Trate a los demás como le gustaría que lo trataran a usted”.                               
Evangelio jueves 10 de septiembre 2026
Padre Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Jesús dijo a sus discípulos: «Pero yo les digo a los que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan bien a los que los odien, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que quieran que les hagan los hombres, háganlo ustedes igualmente.
 
Si aman a los que os aman, ¿qué mérito tiene? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacen bien a los que os lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tiene? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tiene? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amen a sus enemigos; hagan el bien, y presten sin esperar nada a cambio; y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo”. Lucas 6, 27-38
 
            Dos reglas de oro para nuestra vida cristiana, para nuestra vida de Fe, para nuestra teología moral cristiana. Para una buena conciencia: “Traten a los demás, como le gustaría que ellos lo traten a usted” (Lucas 6, 31) “Sean compasivos con los demás, como Dios es misericordioso. (Lucas 6, 36).
 
            Una buena recomendación para formar una buena conciencia de nuestros actos, de lo que somos y de lo que hacemos, es dejarnos guiar por la Palabra del Maestro que nos regala una excelente regla de oro para tener una buena conciencia moral: “Preocúpese mucho por saber cómo trata a los demás” ¿Cómo se puede distinguir un pecador de una persona que cultiva una buena conciencia delante del mismo Dios? La respuesta es: “Si haces el bien a quien está bien contigo. Eso no tiene mérito. Eso mismo lo hace un pecador”.
 
            La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (Gaudium et Spes 16). La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad moral de un acto concreto. Para el hombre que ha cometido el mal, el veredicto de su conciencia constituye una garantía de conversión y de esperanza. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador.
 
            El Papa Francisco nos recuerda que debemos practicar la misericordia con todas las personas, eso es lo que dicta una buena conciencia y no dejarnos llevar por la tentación del gran acusador que es satanás. “El camino del cristiano siempre está ante una encrucijada: por un lado, «la invitación del Señor» a «ser misericordioso, una invitación que es una gracia, una gracia de filiación, para parecerse al Padre». Por otro lado, está «el gran acusador, Satanás, que nos insta a acusar a otros, a destruirlos». (Homilía, 13 de septiembre, 2018).
ORACIÓN PARA SER MISERICORDIOSO
“Oh Señor, deseo transformarme toda en Tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti. Que este supremo atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón al prójimo.
Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla.
Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos.
Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargue sobre mí las tareas más difíciles y más penosas.

Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. (...) (Santa Faustina Kowalska).
 
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https://youtu.be/7ZF8uSFMSDA