Inicia el
miércoles 18 de febrero
y culmina el
jueves santo 2 de abril exclusive.
Nuestro Lema: El
valor es la fidelidad. La gracia es la Fortaleza. El éxito es perseverar.
NUESTRA
IGLESIA CATÓLICA NOS RECUERDA
La razón del
tiempo de Cuaresma es la preparación espiritual para celebrar la pasión, muerte
y resurrección del Hijo de Dios.
El tiempo
cuaresmal va desde el miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo exclusive
El miércoles de
Ceniza es un día especial: Recordamos lo que somos. “Eres polvo y al polvo
volverás” (Génesis 3, 19). La Ceniza nos recuerda que debemos regresar por los
caminos de Dios. “Conviértanse y crean en la Buena Noticia” (Marcos 1, 15). El
Papa Francisco nos recordaba que Ayunar es saber renunciar a las cosas vanas.
De acuerdo al
Código de Derecho en nuestra Iglesia Católica. El miércoles de Ceniza 18 de
febrero y el Viernes Santo 3 de abril, debemos observar el ayuno y la
abstinencia de la carne.
INICIAMOS CON
EL MIÉRCOLES DE CENIZA
Nos preparamos
para celebrar la Pasión del Salvador del mundo.
La conversión es
el ideal de la vida cristiana.
La Cuaresma es un
tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce
hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado.
Nos hará bien
reflexionar sobre la exhortación de san Pablo a los Gálatas: «No nos cansemos
de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su
debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad hagamos el bien a
todos» (Gálatas 6, 9-10a).
La cuaresma nos
indica cómo debemos vivir correctamente nuestra religión: “No practiquen la
justicia para ser vistos por los demás. Que tu mano izquierda no sepa lo que
hace tu derecha. No oren como los hipócritas. (cfr. Mateo 6, 1-6).
El ayuno
guarda una relación con la conversión de la persona:
La práctica del
ayuno tiene una profunda raíz en la historia de la salvación y la teología. El
ayuno se remonta a tiempos bíblicos, donde personajes como Moisés (Éxodo 34,
28), Elías (1 Reyes 19, 8) y Jesús mismo (Marcos 1, 13) practicaron el ayuno.
Por ejemplo: “Moisés estuvo allí con
Yahveh cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y escribió
en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.” (Éxodo 34, 28).
Jesucristo antes
de iniciar su misión, tiene su experiencia en el desierto: “el Espíritu le
empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado
por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.”
(Marcos 1, 13).
En el
Cristianismo primitivo, el ayuno era una forma común de expresar
arrepentimiento y buscar la cercanía con Dios.
La abstinencia de
carne tiene sus raíces en la tradición de la Iglesia de sacrificar algo como
acto de penitencia, así como San Pablo invitó a someter y dominar su cuerpo (1
Corintios 9, 27) por un bien mayor.
¿POR QUÉ
DEBEMOS PRACTICAR EL AYUNO?
La razón
fundamental es la conversión del corazón. Si no sucede este efecto espiritual
nuestro ayuno es engañoso y sin sentido. Nuestra Iglesia Católica nos enseña:
“la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer
lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las
mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin
ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el
contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por
medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cfr. Joel 2, 12-13).
¿CUÁL ES EL
VERDADERO AYUNO? Que lo
note solo Dios, no que se den cuenta los demás. (Mateo 6, 18). ¿Qué es lo principal que debe buscar un buen
creyente en su religión? Encontrar el Reino de Dios y su justicia. (Mateo 6,
33). ¿Cuál es la verdadera religión? La que le sirve a Dios siempre. No se le
puede servir a dos señores a la vez. (Mateo 6, 24).
Nuestra
Iglesia Católica nos recomienda: El ayuno, la oración y la limosna.
Recomendaciones del Evangelio:
Cuídense de no practicar la justicia para ser vistos por los demás. Que tu mano
derecha no sepa lo que hace tu izquierda. Cuando ores hazlo en lo secreto que
tu Padre te premiará. Cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara. No
amontones tesoros en la tierra. Donde está tu tesoro allí está tu corazón.
(cfr. Mateo 6, 1-18).
GRANDES
ENSEÑANZAS DE LA CUARESMA
Quien ayuna, elige un bien mayor
Quien ora, su alma siempre está con Dios
Quien es caritativo, recibe muchas bendiciones
Quien se acostumbra a perdonar, tiene su alma siempre
limpia
San Pablo VI, Papa decía: La Cuaresma es un tiempo de
comunión, lo cual lleva también consigo el saber poner las cosas en común. Se
ha dicho que hay un arte de dar y un arte de recibir; los cristianos sólo
tienen una palabra para ambos, la de compartir fraternalmente. Este compartir,
que la presente Cuaresma nos hace practicar como signo de comunión con todos
los hombres, invita a todos a participar en el Misterio de la Cruz y de la
Resurrección de Cristo. (Mensaje en el año 1978).
San Juan Pablo II, Papa enseñaba: La Cuaresma nos propone un tiempo propicio para intensificar la oración y la penitencia y para abrir el corazón a la acogida dócil de la voluntad divina. Ella nos invita a recorrer un itinerario espiritual que nos prepara a revivir el gran misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, ante todo mediante la escucha asidua de la Palabra de Dios y la práctica más intensa de la mortificación, gracias a la cual podemos ayudar con mayor generosidad al prójimo necesitado. (cfr. Mensaje para el año 2005)
Benedicto XVI, Papa proponía: La celebración de la Cuaresma, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás. Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor. (cfr. Mensaje para el año 2013).
Papa Francisco, nos enseñó: La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Corintios 15, 54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cfr. Juan 10, 28; 17,3) (cfr. Mensaje para el año 2025).
Confesar nuestros pecados es un Sacramento: Es instituido
por Cristo el mismo día de su resurrección: “Dicho esto, sopló sobre ellos y
les dijo: A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quienes se
los retengáis, les quedan retenidos ....” (Juan 20, 22-37) Es un hecho muy
significativo para los que creemos en Cristo y en su Santa Palabra: la
resurrección se convierte en el símbolo y la
Gracia de nuestra resurrección espiritual.
Para recibir válida y fructuosamente el sacramento de la
Penitencia, se necesita desear el sacramento y cumplir unos pasos fundamentales: Examen
de Conciencia hecho a la luz de la Palabra de Dios (cfr. Romanos 12-15. 1 Corintios
12-13. Gálatas 5. Efesios 4-6).
La
contrición y conversión: es un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la
resolución de no volver a pecar.
La confesión de los pecados, la cual nos libera y nos
facilita la reconciliación con los demás. El penitente debe enumerar todos sus
pecados e incluso aquellos que son muy secretos (Cfr. Éxodo. 20,17. Mateo.
5,28).
Toda
persona llegada a la edad del uso de razón debe confesar sus pecados al menos
una vez al año (Canon 989)
Propósito
de enmienda: Es una firme resolución de
no volver a pecar y de evitar todo lo que pueda ser ocasión de cometer pecados.
Cumplir
la penitencia: Oración, enmendar las faltas contra la justicia. Obedecer la
recomendación del sacerdote confesor.
Para lograr un buen examen de conciencia nos puede ayudar
las siguientes recomendaciones bíblicas:
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿Qué
recompensa merecen? Mateo 5, 46-48
Perdonen siempre a los demás de todo corazón. Si perdonan
sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a
ustedes. Mateo 6, 14-15
Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay
polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. Mateo
6, 19-21
No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio
con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para
ustedes. Mateo 7, 1-2
La regla de oro: Todos los que quieran que hagan con
ustedes, háganlo también ustedes con los demás. Mateo 7, 12
Hagan siempre la voluntad de Dios: No son los que me
dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que
cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Mateo 7, 21
El amor es la regla del buen comportamiento. Les doy un
mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Juan 13, 34-35
Recuerda el Acto de Contrición en tu Confesión:
“Jesús, mi Señor y Redentor, yo me arrepiento de todos
los pecados que he cometido hasta hoy y me pesa de todo corazón, porque con
ellos he ofendido a un Dios tan bueno.
Propongo firmemente no volver a pecar y confío que por tu
infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de
llevar a la vida eterna.
Amén."
18 de febrero
2026
¿Cuál debe ser
nuestra verdadera religión?
La Sagrada
Escritura nos responde: No practiquen la justicia para ser vistos por los
demás. Cuando des limosna, que tu mano derecha no sepa lo que hace tu
izquierda. Cuando ores, entra en tu cuarto y habla con Dios en secreto. En
ningún momento se debe practicar la religión para ser vistos por los demás,
aplaudidos por los demás, apariencia para los demás.
El Profeta
Joel nos recomienda: Conviértanse de todo corazón, con ayuno, con llanto y con lamento. Rasquen los
corazones y no los vestidos. (Joel 2, 12-13)
El Salmista nos
invita a reconocer que somos pecadores y acogernos a la misericordia de Dios.
“Ten misericordia Señor de nosotros, lava nuestra culpa, purifica nuestro
pecado. Yo reconozco mi delito y mi pecado, contra ti solo pequé” (Salmo 51,
3-6)
Meditemos el
Santo Evangelio
“Tengan cuidado
de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos:
de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el
cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti,
como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados
por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. “ °°° Mateo 6,
1-6. 16-18)
La limosna, la
oración y el ayuno como obras de piedad previstas en la ley mosaica son
excelentes en sí mismas,
pero el Maestro de Nazareth nos pide estar atentos a no caer en la tentación de
la hipocresía, al contrario la práctica de las buenas obras.
Los católicos nos preparamos para
celebrar el misterio pascual del Hijo de Dios. Por ende, debemos aprovechar
estos cuarenta días que inician hoy hasta el jueves santo, exclusive. Un no
rotundo a todo aquello que impida una buena pascua.
El Papa
Francisco nos invitó a volver sobre lo esencial: Cuaresma es el tiempo de gracia cuando ponemos
en práctica lo que el Señor nos pide: «Vuelvan a mí con todo su corazón» (Joel
2, 12). Volver a lo esencial: es el Señor. El rito de la imposición de la
ceniza sirve como inicio de este viaje de regreso. Nos exhorta a dos
cosas: retornar a la verdad sobre
nosotros mismos y volver a Dios y a nuestros hermanos.
La Cuaresma,
entonces, es el momento de recordarnos quién es el Creador y quién es la
criatura. El momento de
proclamar que solo Dios es Señor, de abandonar la pretensión de autosuficiencia
y la necesidad de ponernos en el centro de todo, de ser los mejores de la
clase, de pensar que con nuestras propias capacidades podemos triunfar en la
vida y transformar el mundo que nos rodea. (cfr. Homilía, 22 de febrero, 2023).
CINCO CAMINOS
PARA VIVIR CON PLENITUD
NUESTRA CUARESMA
Las tentaciones
exigen una respuesta
Domingo 22 de
febrero 2026
¿Qué nos aconseja
Dios?
No coman, ni
toquen el fruto del árbol que está en el medio del Jardín, pues morirán?
(Genesis 2, 3)
¿Qué le podemos
pedir a Dios?
Crea en mí, Dios
mío un corazón puro, renuévame en mi interior un espíritu firme, no me arrojes
de tu presencia, ni me retires tu santo espíritu. (Salmo 51, 12-13).
El apóstol san
Pablo nos recuerda que por la obediencia de uno, todos hemos sido constituidos
justos. (Romanos 5, 19).
Meditemos el
Santo Evangelio
“Jesús fue
llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después
de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y
acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras
se conviertan en panes». Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive
el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». °°° Mateo 4, 1-11
En sentido
etimológico, la "concupiscencia" puede designar toda forma vehemente
de deseo humano. Siempre
ocurre una guerra entre la carne y el espíritu. (cfr. Gálatas 5, 16). La
concupiscencia procede de la desobediencia en el primer pecado. (Génesis 3,
11). (Catecismo, numeral, 2514-2515).
Cómo enfrentar las tentaciones según nuestra Fe y
según la Palabra de Dios. La Escritura enseña que la Concupiscencia es un deseo
desmedido en alguna área
de nuestra vida. La concupiscencia puede ser el placer, deseo de riquezas,
deseo de poder, la misma soberbia humana. El apóstol san Pablo nos enseña
que quienes viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan sus deseos en ella.
Al contrario los que se fijan en el Espíritu, se dejan llevar por el Espíritu
de Dios. (Romanos 8, 5-6.
Jesucristo
manifiesta su gloria y su divinidad
Domingo 1 de
marzo 2026
La obediencia
es un don, una gracia, un voto, un requisito para cumplir la misión que Dios nos encomienda. Abraham logró
agradar a Dios y convertirse en el padre de la Fe, gracias a que marchó tal
como le había mandado el Señor, y con él fue Lot. Tenía Abraham setenta y cinco
años cuando salió de Jarán. (Génesis 12, 4).
¿Dónde está la
mirada y los sentimientos de Dios? Los ojos del Señor velan por quienes le temen, por los que esperan en su
misericordia, para librar sus almas de la muerte, y hacerlos subsistir en la
penuria. (Salmo 33, 18-19).
Meditemos el
Santo Evangelio.
“Jesús tomó consigo
a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y
se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus
vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y
Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor,
bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré
aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». °°° Mateo
17, 1-9
A la
contemplación del rostro de Cristo sólo se llega escuchando, en el Espíritu, la
voz del Padre, pues «nadie conoce bien al Hijo sino el Padre» (Mateo 11, 27).
(Rosarium Virginis Mariae, Numeral 18).
Podemos contemplar los misterios de
la luz. Todo en la vida de Jesucristo es Luz. ¿Él es la luz del mundo. (Juan 8,
12). (Rosarium Virginis Mariae, Numeral 21).
La transfiguración es un
misterio, es una verdad de Fe, es el momento que Jesús decide manifestar su
gloria, su divinidad, y por ende que sus seguidores entiendan qué significa
ser parte de su Gloria. La Iglesia Católica nos enseña que: Por un instante,
Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra
también que para "entrar en su gloria" (Lucas 24, 26), es
necesario pasar por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la
gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los
sufrimientos del Mesías (cfr. Lucas 24, 27).
Adoramos a Dios
en Espíritu y en Verdad.
Domingo 8 de
marzo 2026
Escuchar la
voz de Dios, obedecer lo que indica el Señor, es la garantía para el
cumplimiento de una misión. Moisés logra cumplir los deseos de Yahveh porque sigue las orientaciones
que Él mismo le propone: Pasa delante del pueblo acompañado de algunos ancianos
de Israel, lleva en tu mano el bastón con que golpeaste el Nilo y emprende la
marcha. Yo estaré junto a ti sobre la roca en el Horeb; golpearás la roca y
saldrá agua para que beba el pueblo. (Éxodo 17, 5-6)
¿Cómo debemos
adorar a Dios?
Vayamos a su
presencia con acción de gracias, aclamémosle con salmos. Venid, adoremos y
postrémonos, pongámonos de hinojos ante el Señor, nuestro Hacedor. Pues Él es
nuestro Dios,
y nosotros el
pueblo que Él apacienta. (Salmo 95, 2. 6-7).
“La esperanza es
la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida
eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de
Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia
del Espíritu Santo.” (Catecismo 1817).
El apóstol san
Pablo nos pide que no perdamos la Esperanza. Hemos sido justificados por la Fe nos gloriamos
apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Una esperanza que no defrauda,
porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del
Espíritu. (Romanos 5, 2. 5).
Meditemos el
Santo Evangelio
“Llegó Jesús a
una de ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que y Jacob dio a
su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del
camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Llega una
mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: Dame de beber. Pues sus
discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer
samaritana: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer
samaritana? °°° Juan 4, 5-15
Grandes
enseñanzas en torno al pozo de Jacob. Jesucristo dice que solo a través de él
lograremos la vida eterna. “El agua que Él nos dará es fuente para la vida eterna”. (Juan 4, 14).
Toda persona que desea adorar a Dios, lo deberá hacer en espíritu y en verdad.
(Juan 4, 23). Jesús es el Mesías y no existe otra posibilidad. “Yo soy el que
habla contigo” (Juan 4, 25-26). Muchos lograron la conversión y creyeron en
Jesucristo porque escucharon y creyeron en su Palabra. (Juan 4, 41-42).
Muchos quieren encontrar a Jesús
de Nazareth, conocer su Palabra, conocer su obra, participar de su misión.
Quienes somos ya misioneros debemos tener en cuenta los criterios misionales
del Maestro junto al pozo de Jacob: El Hijo de Dios no tiene esquema raciales,
entiende y acoge a los samaritanos. Jesucristo no entra en polémica con el
ambiente religioso de los samaritanos, creen en lo que les anuncia el
Pentateuco bíblico y tienen su propio templo. La reacción ante su visita, es
que muchos creyeron en su Palabra
Pensemos de una
manera diferente: Seamos menos jueces y más caritativos con los demás.
Domingo 15 de
marzo 2026
Dios no se
fija en las apariencias.
Por qué será que somos tan insistentes en pensar que es más importante la
figura de una persona, su status social, su familia, su procedencia y no su
ser. Dios le dijo a Samuel: ¿Hasta cuándo vas a llorar por Saúl, si yo le he
rechazado ya como rey de Israel? Llena el cuerno de aceite y ven, que voy a
enviarte a Jesé de Belén, porque he elegido entre sus hijos un rey para mí. Cuando
entraron, Samuel vio a Eliab y se dijo: «Seguramente está ante el Señor su
ungido». Pero el Señor dijo a Samuel: —No te fijes en su apariencia, ni en su
gran estatura, pues lo he descartado.” (1 Samuel 16, 1. 6-7).
David fue y se
conservó como un verdadero ungido de Dios: El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes
prados me hace reposar; hacia aguas tranquilas me guía; reconforta mi alma, me
conduce por sendas rectas por honor de su Nombre. Aunque camine por valles
oscuros,
no temo ningún mal.
(Salmo 23, 1-4)
Nuestra tarea
es que aprendamos a ser hijos de la luz. Que caminemos como hijos de la luz. Así lo
recomienda el apóstol: el fruto de la luz se manifiesta en toda bondad,
justicia y verdad. Sabiendo discernir lo que es agradable al Señor, no
participéis en las obras estériles de las tinieblas, antes bien combatidlas, pues
lo que éstos hacen a escondidas da vergüenza hasta el decirlo. (Efesios 5,
9-12).
Meditemos el
santo Evangelio
“Al pasar vio
Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: —Rabbí,
¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? Respondió Jesús: —Ni
pecó éste ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se
manifiesten en él. Es necesario que
nosotros hagamos las obras del que me ha enviado mientras es de día, porque
llega la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo soy luz
del mundo.” °°° Juan 9, 1-41
Jesucristo nos
enseña a pensar de una manera diferente. Mientras para el común de una buena cantidad de
personas el pecado pueda ser la causa de muchos males en el ser humano. Para el
Maestro de Nazareth el punto está en pensar qué puedo hacer por los demás. En
materia de Fe debemos ser menos inquisidores y más prácticos para llevar a
término la bondad y la misericordia con quien lo necesita. El Maestro responde:
“Ni pecó éste ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de
Dios se manifiesten en él”. (Juan 9, 3).
Reconocer a
Jesús de Nazareth, creer en Jesús de Nazareth, aceptar el poder de Jesús de
Nazareth, exigen la fe limpia y serena de cada persona. Al contrario, tomar una actitud inversa al poder
de Dios es en pocas palabras ser ciegos ante la Gracia que viene de Dios. Jesús
busca muchas maneras de hacernos entender, su procedencia divina. Utiliza el
método de su revelación a través de los milagros y sanaciones.
La muerte da
plenitud a la vida. Jesucristo es la resurrección y la vida.
Domingo 22 de
marzo 2026
Dios siempre
se ha manifestado como el Señor de la vida. Aquel que da vida. El símbolo de la vida. El
profeta y sacerdote a quien le correspondió predicar la reconstrucción de la
nueva Jerusalén decía: “¡Pueblo mío! Voy a abrir sus sepulcros, los haré salir
de sus sepulcros y los haré entrar en la tierra de Israel. Y sabrán que Yo soy el Señor cuando abra sus
sepulcros y los haga salir de sus sepulcros, ¡pueblo mío! Infundiré mi espíritu
en ustedes y vivirán. (Ezequiel 37, 12-14).
Quienes
creemos más en un Dios de la vida, confiamos en su misericordia, tenemos
conciencia de nuestro propio pecado pero Dios es nuestra Esperanza. Así lo expresó el salmista: Señor mío,
¿quién podrá quedar en pie? Pero en Ti está el perdón, y así mantenemos tu
temor. Espero en Ti, Señor. Mi alma espera en su palabra; mi alma espera en el
Señor más que los centinelas la aurora. (Salmo 130, 4-6).
Dios nos pide
que vivamos según el Espíritu de la vida. El apóstol de los gentiles nos invita a pensar: Los
que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Ahora bien, ustedes no viven
según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en
ustedes. Si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, ése no es de él. (Romanos
8, 8-9).
Meditemos el
Santo Evangelio
“Cuando llegó
Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de
Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver
a Marta y María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta
que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo
Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús
dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la
resurrección del último día”: Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida.
El que cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” °°° Juan 11, 1-45
El Papa Benedicto XVI Explicaba el sentido de la
muerte física según el corazón de Dios: “Jesús demostró un poder absoluto sobre
esta muerte: se ve cuando devuelve la vida al joven
hijo de la viuda de Naím y a la niña de doce años. "La niña no ha muerto;
está dormida" la muerte del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede
despertar en cualquier momento. Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús
experimentar una sincera compasión por el dolor de la separación. Al ver llorar
a Marta y María y a cuantos habían acudido a consolarlas, también Jesús
"se conmovió profundamente, se turbó" y, por último,
"lloró". El corazón de Cristo es divino-humano.” (cfr. Homilía, 9 de
marzo, 2008).
Los
cristianos no solo creemos en la resurrección de Jesús sino también en "la
resurrección de la carne", como profesamos en el credo de los
Apóstoles, es decir en la resurrección de todos los hombres. San Pablo nos
enseña: "Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un
hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán
mueren todos, así también todos revivirán en Cristo" (1 Corintios 15,
20-27ª)












