26 de enero de 2026

SERVICIO A LA VERDAD EN LA CARIDAD Papa León XIV


26 de enero 2026. “Servicio a la verdad en la caridad” Discurso Papa León XIV. A los prelados auditores del Tribunal apostólico de la Rota Romana. Inauguración del año judicial. Sala clementina.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz sea con ustedes!
Su Excelencia,
Estimados Prelados Auditores del Tribunal Apostólico de la Rota Romana:
En este, nuestro primer encuentro, quisiera expresarles mi agradecimiento por su labor, que constituye un valioso servicio a la función judicial universal confiada al Papa y en la que el Señor los ha llamado a participar. «Veritatem facientes in caritate» (Efesios 4,15): esta expresión puede aplicarse a su misión diaria en la administración de justicia.
 
Agradezco a Su Excelencia el Decano sus palabras, que expresan la unión de todos ustedes con el Sucesor de Pedro. Y mi agradecimiento se extiende también a todos los tribunales de la Iglesia en todo el mundo. El ministerio de juez que he tenido la oportunidad de ejercer me permite comprender mejor su experiencia y apreciar la relevancia eclesial de su tarea.
 
Hoy quisiera retomar un tema fundamental que ha dominado los discursos dirigidos al Tribunal de la Rota Romana desde Pío XII hasta el Papa Francisco. Se trata de la relación de su actividad con la verdad inherente a la justicia. En esta ocasión, quisiera ofrecerles algunas reflexiones sobre la estrecha conexión entre la verdad de la justicia y la virtud de la caridad. No se trata de dos principios opuestos, ni de valores que deban equilibrarse según criterios puramente pragmáticos, sino de dos dimensiones intrínsecamente unidas, que encuentran su más profunda armonía en el misterio mismo de Dios, que es Amor y Verdad.
 
Esta correlación exige una exégesis crítica constante y cuidadosa, ya que, en el ejercicio de la actividad jurisdiccional, a menudo surge una tensión dialéctica entre las exigencias de la verdad objetiva y las preocupaciones de la caridad. A veces, existe el riesgo de que una identificación excesiva con las experiencias, a menudo problemáticas, de los fieles pueda llevar a una peligrosa relativización de la verdad. De hecho, una compasión equivocada, aunque parezca motivada por el celo pastoral, corre el riesgo de oscurecer la necesaria dimensión de la búsqueda de la verdad propia del oficio judicial. Esto puede ocurrir no solo en casos de nulidad matrimonial —donde podría dar lugar a decisiones pastorales carentes de una sólida base objetiva—, sino también en cualquier tipo de procedimiento, socavando su rigor y equidad.
 
Por otro lado, a veces puede darse una afirmación fría y distante de la verdad que no tiene en cuenta todo lo que exige el amor a las personas, omitiendo las preocupaciones dictadas por el respeto y la misericordia, que deben estar presentes en todas las fases de un proceso.
 
Al considerar la relación entre la verdad y la caridad, una guía clara proviene de la enseñanza del apóstol Pablo, quien exhorta: «Siguiendo la verdad en el amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, en Cristo» (Efesios 4,15). Veritatem facientes in caritate: no se trata simplemente de conformarnos a una verdad especulativa, sino de «hacer la verdad», es decir, una verdad que debe iluminar todas nuestras acciones. Y esto debe realizarse «en la caridad», que es el gran motor que conduce a la verdadera justicia. 

Con otra frase bíblica, esta vez de San Juan, están llamados a ser «cooperadores de la verdad» (3 Juan 8). Benedicto XVI, que eligió estas palabras como lema episcopal, destacó en su encíclica Caritas in Veritate la «necesidad de conjugar la caridad con la verdad, no sólo en la dirección, indicada por san Pablo, de la 'veritas in caritate' (Efesios 4,15), sino también en la dirección inversa y complementaria de la 'Caritas in Veritate'. La verdad debe buscarse, encontrarse y expresarse en la 'economía' de la caridad, pero la caridad, a su vez, debe comprenderse, validarse y practicarse a la luz de la verdad» (n. 2).
 
Por lo tanto, sus acciones deben estar siempre motivadas por ese verdadero amor al prójimo que busca ante todo su salvación eterna en Cristo y en la Iglesia, lo cual implica la adhesión a la verdad del Evangelio. Encontramos así el horizonte en el que debe situarse toda actividad jurídica eclesial: la salus animarum como ley suprema de la Iglesia.  De este modo, su servicio a la verdad de la justicia es una contribución de amor a la salvación de las almas.
 
Todos los aspectos de los procesos canónicos podrían enmarcarse en la verdad en la caridad. En primer lugar, las acciones de los diversos protagonistas del proceso deben estar plenamente marcadas por el deseo activo de contribuir a esclarecer la justa sentencia que se ha de dictar, con rigurosa honestidad intelectual, competencia técnica y recta conciencia. La búsqueda constante de la verdad es lo que dota de profunda armonía a la actividad de los tribunales, siguiendo la concepción institucional del proceso, magistralmente descrita por el Venerable Pío XII en su Discurso a la Rota de 1944.
 
 El objetivo que une a todos los implicados en los procesos, cada uno fiel a su función, es la búsqueda de la verdad, que no se limita al cumplimiento profesional, sino que debe entenderse como expresión directa de la responsabilidad moral. La caridad impulsa esto ante todo, sabiendo, sin embargo, ir más allá de las exigencias de la mera justicia, para servir, en la medida de lo posible, al bien integral de las personas, sin distorsionar su propia función, sino ejerciéndola con pleno sentido eclesial.
 
El servicio a la verdad en la caridad debe resplandecer en toda la labor de los tribunales eclesiásticos. Esto debe ser apreciado por toda la comunidad eclesiástica, especialmente por los fieles involucrados: quienes buscan juicio sobre su unión matrimonial, quienes son acusados ​​de cometer un delito canónico, quienes se consideran víctimas de una grave injusticia y quienes reivindican un derecho. Los juicios canónicos deben inspirar la confianza que nace de la seriedad profesional, el trabajo intenso y dedicado, y una dedicación convencida a lo que puede y debe percibirse como una verdadera vocación profesional. Los fieles y toda la comunidad eclesiástica tienen derecho al ejercicio adecuado y oportuno de las funciones procesales, pues es un proceso que afecta las conciencias y las vidas.
 
Desde esta perspectiva, debe destacarse la verdad, y por ende la bondad y la belleza, de todos los oficios y servicios relacionados con los procesos. Veritatem facientes in caritate: todos los profesionales de la justicia deben actuar conforme a un código ético, que debe estudiarse y practicarse cuidadosamente dentro del marco canónico, garantizando que sea verdaderamente ejemplar. En este sentido, un estilo inspirado en la ética también debe impregnar la labor de los abogados cuando asisten a los fieles en la defensa de sus derechos, salvaguardando sus intereses sin exceder nunca lo que se considera justo en conciencia y conforme a la ley. Los promotores de la justicia y los defensores del vínculo son piedras angulares en la administración de justicia, llamados por su misión a proteger el bien público. Un enfoque meramente burocrático en un rol tan importante socavaría claramente la búsqueda de la verdad.
 
Los jueces, llamados a la grave responsabilidad de determinar qué es justo, qué es verdadero, no pueden dejar de recordar que «la justicia camina con la paz y existe en constante y dinámica relación con ella. La justicia y la paz buscan el bien de todos, y por eso exigen orden y verdad. Cuando una se ve amenazada, ambas flaquean; cuando se ofende la justicia, también se pone en peligro la paz».  Desde esta perspectiva, el juez se convierte en un pacificador que contribuye a consolidar la unidad de la Iglesia en Cristo.
 
El juicio no es en sí mismo una tensión entre intereses contrapuestos, como a veces se malinterpreta, sino una herramienta indispensable para discernir la verdad y la justicia en un caso. Por lo tanto, los procedimientos contradictorios en el proceso judicial constituyen un método dialógico para la determinación de la verdad. De hecho, la especificidad del caso exige siempre establecer los hechos y comparar las razones y pruebas que sustentan las diversas posturas, basándose en las presunciones de validez del matrimonio y de inocencia del acusado, hasta que se demuestre lo contrario.
 
La experiencia jurídica adquirida atestigua el papel esencial de los procedimientos contradictorios y la importancia crucial de la fase de investigación preliminar. El juez, manteniendo su independencia e imparcialidad, debe resolver la controversia según los elementos y argumentos que surjan durante el juicio. El incumplimiento de estos principios básicos de justicia —y el fomento de una disparidad injustificada en el tratamiento de situaciones similares— constituye una violación significativa de la naturaleza jurídica de la comunión eclesial.
 
Estas consideraciones podrían aplicarse a cada etapa del proceso y a cualquier tipo de caso legal. Por ejemplo, en el breve procedimiento de nulidad matrimonial ante el obispo diocesano, debe evaluarse cuidadosamente la naturaleza prima facie obvia de la causa de nulidad que la posibilita, sin olvidar que el propio proceso, debidamente tramitado, debe confirmar la existencia de la nulidad o determinar la necesidad de recurrir al proceso ordinario. Por lo tanto, es esencial continuar estudiando y aplicando el derecho matrimonial canónico con seriedad científica y fidelidad al Magisterio. Este conocimiento es indispensable para resolver los casos siguiendo los criterios establecidos por la ley y la jurisprudencia de la Rota Romana, que, en la mayoría de los casos, se limitan a declarar los requisitos del derecho natural.
 
Queridos amigos, su misión es noble y exigente. Están llamados a custodiar la verdad con rigor, pero sin rigidez, y a ejercer la caridad sin omisiones. En este equilibrio, que es en realidad una profunda unidad, debe manifestarse la verdadera sabiduría jurídica cristiana. Quisiera concluir estas reflexiones encomendando su labor a la intercesión de Nuestra Señora, Speculum Iustitiae, modelo perfecto de verdad en la caridad. ¡Gracias! Fuente: Vatican. Va.