7 de enero de 2026

Caridad, bondad y misericordia Evangelio jueves 8 de enero 2026


EVANGELIZAR CON CARIDAD, BONDAD Y MISERICORDIA
El camino seguro hacia Dios es la caridad.    
Evangelio jueves 8 de enero 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”.
 
Jesús cerró el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él. Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Todos daban testimonio a favor de Él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.” Lucas 4, 14-22ª
 
            ¿En qué consiste exactamente la misión? El Maestro de Nazareth delimita muy bien la tarea que debe cumplir cada persona que cree en Él, que se ha consagrado para Él, que desea colaborar con la extensión del Reino de Dios. Existen dos columnas en una misión: Anunciar la Palabra y los efectos que debe producir dicho anuncio.
 
Lo primero es anunciar el mensaje salvífico, única y exclusivamente, según el Espíritu de Dios. Lo segundo es que se produzca el efecto de ese mensaje, con el testimonio de vida de quien lo anuncia: “Anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.” (Lucas 4, 18-19).
 
            Para que la misión logre su objetivo, es importante que cada creyente cumpla su tarea en nombre de Dios, no a título personal. (cfr. Lucas 10, 1-9). La misión contiene unas reglas de comportamiento: Es universal, no tiene distinción de personas, razas o lenguas. Se preocupa esencialmente en los pobres, los enfermos, los limitados, los despreciados por la sociedad.
            El apóstol Pedro tiene la razón cuando puntualiza que un buen misionero debe guardar los mismos sentimientos de Cristo. Afirma el apóstol: “Tengan todos un mismo sentir, sean compasivos, sean humildes, no devuelvan mal por mal”. (1 Pedro 3, 8-9).
 
            La misión que se nos encomienda es para ofrecer alternativas a las personas, para abrir caminos de salvación. Dios asume nuestra condición y se solidariza con toda situación humana. Jesús no solo es sensible al dolor humano, sino que se identifica con el que tiene hambre, frío, está enfermo… y hace del compromiso con el necesitado criterio de salvación. La Escritura nos enseña que el Salvador del mundo “Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y dolencia en el pueblo” (Mateo 4, 23).
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https://youtu.be/GwsIkhmTciY