PARA RENDIRLE
CULTO A DIOS
“Si no tengo
caridad nada soy” (1 Corintios 13, 1-2).
Desde un primer
momento la Iglesia Instituida por Jesucristo ha tenido la preocupación por los
pobres. Los apóstoles eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo y
sabiduría. Ellos convirtieron en realidad los deseos de Dios. (cfr. Hechos 6,
1-5).
Tomando como
punto de referencia la Exhortación Apostólica: “Dilexi Te” Te he amado, del
santo Padre León XIV. Me han pedido el favor de proponer unos talleres de
reflexión sobre la caridad, la misericordia, la preocupación por los pobres y
necesitados.
Así es este tema
tan eclesial, tan histórico, tan urgente en la vida pastoral de nuestra Iglesia
Católica.
SAN AGUSTÍN DE HIPONA HACÍA MUCHO ÉNFASIS SOBRE LA
CARIDAD DICIENDO:
«La culminación
de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin; para conseguirlo, corremos;
hacia él corremos; una vez llegados, en él reposamos» (San Agustín, In
epistulam Ioannis tractatus, 10, 4).
La caridad es
propia de la persona que ama.
La caridad es de
origen divino, Dios nos infunde dicha virtud.
Sin caridad no se
puede entender el misterio pascual de Jesucristo
La Fe y la
Esperanza preparan al hombre para recibir la caridad
LA SAGRADA
ESCRITURA NOS PROPONE LA CARIDAD
Jesucristo
propone la caridad como el mandamiento nuevo (cfr. Juan 13, 34)
El Maestro nos
propone que amemos como Él hasta nuestros enemigos. (cfr. Mateo 5, 44)
Quien cumple con
la caridad, todo lo puede, todo lo soporta. (cfr. 1 Corintios 13, 1-4)
La mayor de las
virtudes es la caridad. (cfr. 1 Corintios 13, 13)
La caridad es
vínculo de perfección. (cfr. Colosenses 3, 14) (Catecismo numerales 1822-1832)
FRENTE A LA
POBREZA
Nuestro primer
tema.
El Papa León XIV
nos propone el siguiente pensamiento: Dios se muestra solícito hacia la
necesidad de los pobres: «clamaron al Señor, y él hizo surgir un salvador»
(Jueces 3,15).
REFLEXIONEMOS EN
TORNO A LAS SIGUIENTES PROPUESTAS
El Papa León XIV nos
recuerda:
«A los pobres los
tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre»
(Mateo
26,8-9.11).
La opción
preferencial por los pobres genera una renovación extraordinaria tanto en la
Iglesia como en la sociedad.
Dios le expresa a
la humanidad su preocupación por los pobres y los que sufren: «Yo he visto la
opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor,
provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he
bajado a librarlo. (Éxodo 3, 7-8. 10),
Escuchando el
grito del pobre, estamos llamados a identificarnos con el corazón de Dios, que
es premuroso con las necesidades de sus hijos y especialmente de los más
necesitados.
Existen muchas
formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la
pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz
a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza
cultural.
En un mundo donde
los pobres son cada vez más numerosos, paradójicamente, también vemos crecer
algunas élites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y lujosa.
«Doblemente
pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y
violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de
defender sus derechos.”
¿Qué conclusiones puedes proponer al
reflexionar en grupo las siguientes máximas del Papa Francisco sobre los
pobres?
El pobre no es un
número ni un problema, sino “nuestro hermano.
Los pobres
siempre estarán con nosotros, son la carne de Cristo. Ellos lo hacen visible a
nuestros ojos.
La oración a Dios
y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. (cfr.
Sirácida 7, 32).
Mantener la
mirada hacia el pobre es difícil, pero muy necesario para dar a nuestra vida
personal y social la dirección correcta.
El grito
silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea,
siempre y en todas partes, para darles voz, defenderlos y solidarizarse.
“Tiende la mano
al pobre” es, por lo tanto, una invitación a la responsabilidad y un compromiso
directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino.” El apóstol
san Pablo afirmaba: “«Mediante el amor, poneos al servicio los unos de los
otros. Porque toda la Ley encuentra su plenitud en un solo precepto: Amarás a
tu prójimo como a ti mismo. [...] Llevad las cargas los unos de los otros» (Gálatas
5, 13-14; 6,2)
«No evites a los
que lloran» (Eclesiástico 7, 34) «No dejes de visitar al enfermo» (Eclesiástico
7, 35). «En todas tus acciones, ten presente tu final» (Sirácida 7,3 6).
(cfr. Mensaje
Jornada de los pobres, año 2020).
El Papa León XIV enseña:
Si reconocemos
que todos los seres humanos tienen la misma dignidad, independientemente del
lugar de nacimiento, no se deben ignorar las grandes diferencias que existen
entre los países y las regiones.
Los pobres no
están por casualidad o por un ciego y amargo destino. Menos aún la pobreza,
para la mayor parte de ellos, es una elección.
No es posible
olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la
Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico.
PREFERENCIAL POR
LOS POBRES
Nuestro segundo
tema.
El Papa León XIV
nos propone el siguiente pensamiento: Los signos que acompañan la predicación
de Jesús son manifestación del amor y de la compasión con la que Dios mira a
los enfermos, a los pobres y a los pecadores.
REFLEXIONEMOS EN
TORNO A LAS SIGUIENTES PROPUESTAS
El Papa León XIV
nos pone a meditar:
Dios se compadece
ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad y, queriendo inaugurar un
Reino de justicia, fraternidad y solidaridad, se preocupa particularmente de
aquellos que son discriminados y oprimidos.
Dios, refugio del
pobre, por medio de los profetas —Amós e Isaías— denuncia las iniquidades en
perjuicio de los más débiles y dirige a Israel la exhortación a renovar también
el culto desde dentro, porque no se puede rezar ni ofrecer sacrificios mientras
se oprime a los más débiles.
Jesucristo asumió
una pobreza radical. Dicha pobreza incidió en cada aspecto de su vida. Desde su
llegada al mundo, Jesús experimentó las dificultades relativas al rechazo
Al inicio de la
vida pública, Jesús fue expulsado de Nazaret después de haber anunciado que en
Él se cumple el año de gracia del que se alegran los pobres (cf. Lucas 4, 14-30).
No hubo un lugar acogedor ni siquiera a la hora de su muerte, ya que lo
condujeron fuera de Jerusalén para crucificarlo (cfr. Marcos 15, 22).
Jesucristo
enseña: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el
Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza» (Mateo 8, 20; Lucas 9, 58).
Él, en efecto, es un maestro itinerante, cuya pobreza y precariedad es signo de
su vínculo con el Padre.
Jesucristo
anuncia su misión en la sinagoga de Nazareth: «El Espíritu del Señor está sobre
mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena
Noticia a los pobres» (Lucas 4, 18; cfr. Isaías 61, 1).
Había una
convicción de que la enfermedad y la pobreza estuvieran vinculadas a algún
pecado personal. Jesús se opuso con firmeza a ese modo de pensar, afirmando que
Dios «hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos
e injustos» (Mateo 5, 45).
Saca tus propias conclusiones
tomando como punto de referencia las siguientes propuestas bíblicas.
El apóstol Juan
escribe: «¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a
quien ve?» (1 Juan 4,20).
«Si encuentras
perdido el buey o el asno de tu enemigo, se los llevarás inmediatamente. Si ves
al asno del que te aborrece, caído bajo el peso de su carga, no lo dejarás
abandonado; más aún, acudirás a auxiliarlo junto con su dueño» (Éxodo 23, 4-5).
¿Quién merece nuestra ayuda?
El amor al
prójimo representa la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios, como
asevera el apóstol Juan: «Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a
los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su
plenitud en nosotros” °°° (1 Juan 4, 12. 16).
Se recomiendan
las obras de misericordia, como signo de la autenticidad del culto que,
mientras alaba a Dios, tiene la tarea de disponernos a la transformación que el
Espíritu puede realizar en nosotros. PIENSA: “Cuando des un banquete, invita a
los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti,
porque ellos no tienen cómo retribuirte!» (Lucas 14, 12-14).
El Señor nos dejó
bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de sus
exigencias: Las obras de misericordia, las bienaventuranzas, la parábola del
juicio final. (cfr. Mateo 25, 31-46).
«¿De qué le sirve
a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe
puede salvarlo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está
completamente muerta» (Santiago 2, 14-17).
¿Qué piensas de
la propuesta de los apóstoles ante las necesidades de las viudas? Los
apóstoles, reorganizan la asistencia a las viudas pidiendo a la comunidad que
busquen personas sabias y estimadas a quienes confiar el servicio de las mesas,
mientras ellos se ocupaban de la predicación de la Palabra. (cfr. Hechos 6,
1-6).
¿Qué opinas? San
Pablo organizó varias colectas para ayudar a las comunidades necesitadas «Dios
ama al que da con alegría» (2 Corintios 9, 7).
El Papa Francisco
nos propone: “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó” (Salmo 34, 7). el Señor
escucha a los pobres que claman a él y que es bueno con aquellos que buscan
refugio en él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la
exclusión. Escucha a todos los que son atropellados en su dignidad. (cfr.
Mensaje mundial a los pobres, año 2018).
“Una Iglesia
pobre y para los pobres?
Nuestro tercer
tema
La Escritura nos
recuerda: “Desde que la Iglesia católica inició con los primeros cristianos
tenían la conciencia de servir a aquellos que sufrían de mayores privaciones.”
(cfr. Hechos 6,1-5).
El Papa León XIV
nos indica: la Iglesia «reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de
su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura
servir en ellos a Cristo».
REFLEXIONEMOS EN
TORNO A LAS SIGUIENTES PROPUESTAS
El Papa León XIV
nos refresca la memoria históricamente:
Los primeros
cristianos tienen clara conciencia de la necesidad de acudir a aquellos que
sufren mayores privaciones.
Lorenzo, diácono
en Roma en el pontificado del Papa Sixto II, al ser obligado por las
autoridades romanas a entregar los tesoros de la Iglesia, «al día siguiente
trajo consigo a los pobres. Cuando le preguntaron dónde estaban los tesoros que
había prometido, les mostró a los pobres, diciendo: “Estos son los tesoros de
la Iglesia”».
Ambrosio
pregunta: «¿Qué mejores tesoros tendría Cristo que aquellos en los que él mismo
dijo que estaba?». Y, recordando que los ministros de la Iglesia nunca deben
descuidar el cuidado de los pobres y, menos aún, acumular bienes en beneficio
propio, afirma: «Es necesario que cada uno de nosotros cumpla con esta
obligación con fe sincera y providencia perspicaz.
LA CARIDAD HACIA
LOS NECESITADOS NO SE ENTENDÍA COMO UNA SIMPLE VIRTUD MORAL, SINO COMO
EXPRESIÓN CONCRETA DE LA FE
Por ejemplo:
La fe que no iba
acompañada del testimonio de las obras, como había enseñado Santiago, se
consideraba muerta (cfr. Santiago 2,17).
San Juan
Crisóstomo Arzobispo de Constantinopla en su homilías decía: «¿Quieres honrar
el Cuerpo de Cristo? No permitas que sea despreciado en sus miembros, es
decir, en los pobres que no tienen qué vestir. °°° “Dios no necesita vasos de
oro, sino almas de oro”. “La caridad no es una vía opcional, sino el criterio
del verdadero culto.”
Quien dice amar a
Dios y no se compadece de los necesitados, miente (cfr. 1 Juan 4, 20).
La tradición
cristiana de visitar a los enfermos, de lavar sus heridas, de consolar a los
afligidos no se reduce a una mera obra de filantropía, sino que es una acción
eclesial a través de la cual, en los enfermos, los miembros de la Iglesia
«tocan la carne sufriente de Cristo».
SAN VICENTE DE
PAÚL es el patrono de las obras de caridad. se propuso pagar con amor todo el
amor recibido de Dios, y quiso hacerlo de manera especial con los más
necesitados. Fundador de la Congregación de la Misión, cuyos miembros son
llamados vicentinos, así como de las Hijas de la Caridad, más conocidas como
vicentinas.
Santa Luisa de
Marillac escribía a sus hermanas, las Hijas de la Caridad, recordándoles que
habían «recibido una bendición especial de Dios para servir a los pobres
enfermos en los hospitales».
San Benito de
Nursia elaboró una Regla que se convertiría en la columna vertebral de la
espiritualidad monástica europea. En ella, la acogida de los pobres y los
peregrinos ocupa un lugar de honor: «Mostrad sobre todo un cuidado solícito en
la recepción de los pobres y los peregrinos, porque sobre todo en ellos se
recibe a Cristo».
Detengamos el
pensamiento en algunos ejemplos de la pobreza evangélica que nos recuerda el
Papa León XIV:
San Francisco de
Asís se convirtió en el icono de esta primavera espiritual. Tomando la pobreza
como esposa, quiso imitar al Cristo pobre, desnudo y crucificado. En su Regla,
pide a los hermanos que de «nada se apropien, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna.
Santa Clara de
Asís, inspirada por Francisco, fundó la Orden de las Damas Pobres, más tarde
llamadas clarisas. Su lucha espiritual consistió en mantener fielmente el ideal
de la pobreza radical. Rechazó los privilegios pontificios que podrían
garantizar la seguridad material de su monasterio.
Santo Domingo de
Guzmán, contemporáneo de Francisco, fundó la Orden de Predicadores con otro
carisma, pero con la misma radicalidad. Deseaba anunciar el Evangelio con la
autoridad que brota de una vida pobre, convencido de que la Verdad necesita
testigos coherentes.
San Vicente de
Paúl enseñaba: «Debemos esforzarnos por mantener nuestro corazón abierto al
sufrimiento y la miseria de los demás, y orar continuamente para que Dios nos
conceda ese espíritu de compasión que es verdaderamente el espíritu de Dios».
Muchas
Congregaciones femeninas fueron también protagonistas de esta revolución
pedagógica. Las ursulinas, las monjas de la Orden de la Compañía de María
Nuestra Señora, las Maestras Pías y muchas otras fundadas especialmente en los
siglos XVIII y XIX ocuparon espacios donde el Estado estaba ausente.
San Juan Bautista
Scalabrini y santa Francisca Javier Cabrini. Scalabrini, obispo de Piacenza,
fundó los Misioneros de San Carlos para acompañar a los migrantes en sus
comunidades de destino, ofreciéndoles asistencia espiritual, jurídica y
material.
Santa Teresa de
Calcuta, canonizada en el año 2016, se convirtió en un icono universal de la
caridad vivida hasta el extremo en favor de los más indigentes, descartados por
la sociedad. Fundadora de las Misioneras de la Caridad.
El Papa Francisco
nos recuerda una Iglesia pobre y para los pobres. Es la dimensión social de la
evangelización. (Evangelii Gaudium, numeral 198).
Trabaja en grupo
las siguientes consignas:
El contenido del
primer anuncio tiene una repercusión social en la caridad.
Lo que hagamos
con los demás tiene una dimensión trascendente. (cfr. Mateo 7, 2)
Estamos llamados
a ser instrumentos para la promoción y liberación de los pobres. (cfr. Éxodo 3,
7-8. 10).
El imperativo de
escuchar el clamor de los pobres se hace carne en nosotros cuando se nos
estremecen las entrañas ante el dolor ajeno. El Apóstol Santiago enseña que la
misericordia con los demás nos permite salir triunfantes en el juicio divino
(Santiago 2, 12-13)
Los pobres tienen
un lugar privilegiado en el pueblo de Dios. Para la Iglesia la opción por los
pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o
filosófica. El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres,
tanto que hasta Él mismo «se hizo pobre» (2 Corintios 8, 9).
la Iglesia hizo
una opción por los pobres entendida como una «forma especial de primacía en el
ejercicio de la caridad cristiana, °°° quiero una Iglesia pobre, para los
pobres.
Es necesario que
todos nos dejemos evangelizar por los
pobres. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza
salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia.
Estamos llamados
a descubrir a Cristo en los pobres, a prestarles nuestra voz en sus causas,
pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la
misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos.
Sin la opción
preferencial por los más pobres, «el anuncio del Evangelio, aun siendo la
primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar
de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día»
(cfr. Exhortación
Apostólica Evangelii Gaudium, capítulo IV).
“Una Iglesia fiel
al corazón de Dios”
Amor por los
pobres.
Nuestro cuarto
tema
El Papa León XIV
nos recuerda tener en cuenta: “Los pobres pueden ser para nosotros como
maestros silenciosos, devolviendo nuestro orgullo y arrogancia a una justa
humildad.”
REFLEXIONEMOS EN
TORNO A LAS SIGUIENTES PROPUESTAS
El Papa León XIV
afirma:
Los pobres deben
estar en el centro de la Iglesia.
El corazón de la
Iglesia, por su misma naturaleza, es solidario con aquellos que son pobres,
excluidos y marginados, con aquellos que son considerados un “descarte” de la
sociedad.
«La peor
discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual […]. La
opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una
atención religiosa privilegiada y prioritaria».
El cristiano no
puede considerar a los pobres sólo como un problema social; estos son una
“cuestión familiar”, son “de los nuestros”. Nuestra relación con ellos no se
puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia
El corazón de la
Iglesia, por su misma naturaleza, es solidario con aquellos que son pobres,
excluidos y marginados, con aquellos que son considerados un “descarte” de la
sociedad
«Se nos pide
dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable atención, escucharlos con
interés, acompañarlos en los momentos más difíciles.” (Conferencia de
Aparecida, Año 2007)
Piensa en los
siguientes desafíos para nuestra Iglesia enunciados por el Papa León XIV:
Los pobres, en el
silencio de su misma condición, nos colocan frente a la realidad de nuestra
debilidad.
Los pobres nos
hacen reflexionar sobre la precariedad de aquel orgullo agresivo con el que
frecuentemente afrontamos las dificultades de la vida. En esencia, ellos
revelan nuestra fragilidad y el vacío de una vida aparentemente protegida.
El corazón de la
Iglesia, por su misma naturaleza, es solidario con aquellos que son pobres,
excluidos y marginados, con aquellos que son considerados un “descarte” de la
sociedad.
La opción
preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención
religiosa privilegiada y prioritaria»
El hombre
generoso será bendecido, porque comparte su pan con el pobre» (Proverbios
22,9).
«La limosna es el
ala de la oración; si no le das alas a la oración, no volará» San Juan
Crisóstomo.
Una Iglesia fiel a su misión. Dice
la Escritura: “No aparta su rostro del pobre”
(Tobías 4, 7).
En grupo saquemos
conclusiones pastorales sobre la enseñanza del Papa Francisco en su Primera Jornada
mundial de los pobres, año 2017
«Hijos míos, no
amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Juan 3,18). El amor
no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su
ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres.
La vida de los
discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad
que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los
pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mateo 5, 3).
No pensemos sólo
en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para
hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad
para tranquilizar la conciencia.
Si realmente
queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo
llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en
la Eucaristía.
No olvidemos que
para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a
Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la
felicidad del reino de los cielos (cf. Mateo 5, 3; Lucas 6, 20)
La pobreza es una
actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo
como objetivo de vida y condición para la felicidad.
La pobreza tiene
el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses,
pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero.
Esta Jornada
tiene como objetivo, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la
cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro.













