6 de octubre de 2026

LA ORACIÓN ES BENDICIÓN DE DIOS Evangelio miércoles 7 de octubre 2026


LA ORACIÓN ES DON Y ES GRACIA DE DIOS
Nuestra oración debe ser para la gloria de Dios.
Evangelio miércoles 7 de octubre 2026
Padre Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Estando Él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos. Él les dijo: Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación” Lucas 11, 1-4
 
            Para ser una buena persona de oración no es necesario pensar en cantidad de tiempo o de actitudes, o de palabras.  El Maestro enseñó a sus seguidores una oración básica y fundamental. El Padre celestial es de todos y él sabe qué necesita cada persona. Nuestra misión es hacer la voluntad de Dios. Le demostramos a Dios lo que somos y lo que creemos en la forma como perdonamos y tratamos a los demás. Nunca dejamos de pedirle a Dios la Gracia tan necesaria como la fortaleza y la templanza para no caer en la tentación.
 
            El Catecismo de nuestra Iglesia Católica nos enseña que la oración es un don de Dios, es una gracia de Dios. Una virtud supremamente necesaria en la oración debe ser la humildad. El Santo Hipona enseñaba: “El hombre es un mendigo de Dios”. “Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de él”. La clave para que nuestra oración sea efectiva es que brote de nuestro corazón. El efecto de nuestra oración debe ser para la gloria de Dios y la comunión con todos los que me rodean.
 
Desde David hasta la venida del Mesías, las Sagradas Escrituras contienen textos de oración que atestiguan el sentido profundo de la oración para sí mismo y para los demás (cfr. Esdras 9, 6-15). Los salmos fueron reunidos poco a poco en un conjunto de cinco libros: los Salmos (o "alabanzas"), son la obra maestra de la oración en el Antiguo Testamento.
 
            La oración siempre ha venido acompañando la obra de la salvación. Siempre ha existido una relación entre Dios y el hombre. La oración de Abraham y de Jacob aparece como una lucha de fe vivida en la confianza a la fidelidad de Dios. La oración de Moisés responde a la iniciativa del Dios vivo para la salvación. Los profetas llaman a la conversión del corazón y, buscando siempre el rostro de Dios. (Catecismo numerales 2559 – 2589).
 
            La Santísima Virgen María es nuestro gran modelo de oración. Nuestra señora del Santo Rosario es una advocación que nos recuerda la importancia de María como Maestra de oración. La suprema importancia del Santo Rosario en la vida cristiana. Las gracias abundantes que recibimos con el Santo Rosario. María nos enseña a contemplar los misterios de Jesús a través de su mirada maternal. El Rosario es escuela de oración.
 
SAN PABLO NOS PIDE QUE SEAMOS 
PERSONAS DE ORACIÓN
“Os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta; (Romanos 15, 30-31)
Cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos. (2 Corintios 1, 11)
Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar. (Efesios 6, 18-20)
Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación, (Filipenses 1, 19)
Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar. (Colosenses 4, 2-4)” (Fuente: coalicionporelevangelio,org).
 
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https://youtu.be/qPz-l0Cv5Nc