8 de octubre 2026 “la tecnología no puede reemplazar: la
sabiduría, la conciencia y los vínculos humanos” Obispos eméritos de Colombia
analizaron los desafíos de la inteligencia artificial.
La Iglesia colombiana puso la inteligencia artificial en el
centro de la formación de su episcopado. Durante la primera semana de
septiembre, 65 obispos participaron en un encuentro dedicado a explorar sus
usos en la gestión y en la misión pastoral.
El encuentro permitió analizar los desafíos que plantea la
inteligencia artificial para la dignidad de las personas, la vida en comunidad
y la tarea evangelizadora de la Iglesia, de la mano de especialistas.
El cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá,
llamó a la Iglesia a asumir la inteligencia artificial como una realidad que
requiere acompañamiento y discernimiento pastoral. “La inteligencia artificial
hay que acogerla, hay que acompañarla, es decir, pastorear estos escenarios”,
observó.
Conocer para discernir
La formación combinó una aproximación a los fundamentos y
evolución de la inteligencia artificial con el análisis de sus efectos sobre la
sociedad, la ética y la condición humana. Como parte de la agenda, se presentó
Magnífica Humanitas y se realizó una demostración del Asistente CEC 2026 GPT
ante escenarios de responsabilidad episcopal.
La reflexión llegó también al terreno pastoral, donde un
conversatorio y un taller práctico exploraron las posibilidades de la
inteligencia artificial generativa para la misión de la Iglesia. Profesores de
la Pontificia Universidad Javeriana aportaron además una mirada crítica sobre
la dignidad humana, las relaciones sociales, la algorética y los fundamentos de
la inteligencia
El cardenal Rueda puso el límite en aquello que la
tecnología no puede reemplazar: la sabiduría, la conciencia y los vínculos
humanos. “Hay que recuperar la importancia del corazón y de la sabiduría, más
allá de la simple acumulación de datos”, dijo. También subrayó que la vida
humana tiene una dimensión esencialmente comunitaria: “Estamos hechos para
vivir nuestro camino y nuestro corazón, nuestra conciencia en comunidad, en
fraternidad”.
Formarse para servir mejor
Por su parte, monseñor Pablo Emiro Salas, arzobispo de
Barranquilla, propuso que el proceso de formación alcance también a sacerdotes
y fieles, de modo que la Iglesia pueda responder con mayor preparación a los
cambios tecnológicos. “Desde esa realidad de ser pastores, servidores de la
comunidad, podemos entonces usar todas también las bondades que tiene la
inteligencia artificial para poder servir mejor a las personas que se nos han
confiado”, aseguró.
Al mismo tiempo, monseñor Salas subrayó que la incorporación
de estas tecnologías debe hacerse con responsabilidad, evitando que sustituyan
el encuentro personal. “Son ayudas y tenemos que aceptarlas, tenemos que
acogerlas y tenemos que implementarlas sin que ellas terminen por deshumanizar
nuestra relación de personas y nuestros vínculos”, sostuvo.
Monseñor Omar de Jesús Mejía, arzobispo de Florencia, llamó
a mirar la inteligencia artificial también desde sus aplicaciones concretas en
la misión de la Iglesia. Para ello, consideró indispensable comenzar por la
formación: “Primero, interesándonos por formarnos, formar nuestro presbiterio,
formar nuestros fieles”. El objetivo, añadió, es aprovechar la tecnología para
hacer “mucho más práctica nuestra catequesis, nuestras enseñanzas y nuestra
acción social”.
El encuentro no planteó una respuesta definitiva, sino el
inicio de un proceso que exige mayor formación y discernimiento. Para los
obispos, la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta útil
para la Iglesia siempre que fortalezca, y no sustituya, la dimensión humana de
su misión. “Bienvenida la inteligencia artificial y bienvenida la posibilidad
de aprovecharla para la evangelización”, concluyó el cardenal Rueda. Fuente:
ADN Celam.
