29 de agosto 2026. Y AHORA… Autor: Padre Mario García Isaza, cm. Formador Seminario Mayor Arquidiócesis de Ibagué. Correo: magarisaz@hotmail.com
Hoy, estamos
respirando más tranquilos; hay una sensación de alivio largamente
esperado; se respira un aire de
esperanza, hay un anhelo compartido de que cesen las confrontaciones
altisonantes, de que se apacigüen los ánimos, de que no continuemos
tratándonos como bandos enemigos, de que, como canta bellamente el poeta de
la tierra, los hombres vuelvan a ser felices, y en los campos tornen a florecer las eras, y un vendaje de olvido,
perdones y raíces le cure a nuestra patria sus cruces de madera.
El ciclo que se cerró el siete de agosto fue, no hay
duda, oscuro y lamentable. Y deja secuelas dolorosas y hondas en todas la
dimensiones de la vida de nuestra
sociedad. Actuaciones malhadadas causaron daños casi irreparables, de los que
nadie salió inmune: ricos y pobres, niños, jóvenes, personas de larga edad, la
familia, la industria, el comercio, la salud, la educación, los campos y las
ciudades…
A todos, en mayor o menor grado, nos afectó el nefando
manejo del país durante los últimos años: los fundamentos éticos, sociales,
antropológicos y religiosos que le han dado solidez y firmeza a Colombia, se
vieron persistentemente atacados y muchas veces pisoteados. Solo por la
inconmensurable riqueza humana y espiritual del pueblo colombiano, y por la
misericordia de Dios, la patria no se precipitó definitivamente al abismo y a
la disolución.
¿Y ahora?... Esas inacabables reservas humanas y
espirituales tienen que ser el sustrato que le permita a Colombia resurgir,
reencontrarse con su esencia, que nos ayude a volver al camino que perdimos, a levantarnos fortalecidos y
acrisolados para ser mejores. Cualquiera que haya sido nuestra participación en
los certámenes democráticos que condujeron al cambio de gobierno, hayamos
votado o no por quien tiene ahora en sus
manos el gobernalle de la nave, cada
uno de nosotros tiene que poner su granito de arena para la
reconstrucción social, moral y espiritual de la patria; “granito de arena”
: nuestra oración por quienes nos gobiernan, nuestro empeño por crear un
ambiente de hermandad y respeto, nuestro esfuerzo por dejar atrás
resentimientos y tal vez heridas, nuestra decisión irrevocable de cumplir los
deberes que nos atañen, como católicos y
como ciudadanos .
El nuevo equipo de gobierno, hay que reconocerlo, ha
comenzado bien. Las circunstancias terriblemente adversas creadas por el
cataclismo telúrico han puesto a prueba, ¡y de qué modo!, sus capacidades y su
talante. Y a fe que hasta el momento ha mostrado estar bien a la altura de su
responsabilidad.
No así, desgraciadamente, quienes perdieron en las urnas,
que mostrando su pequeñez humana y
civil, y su falta total de gallardía, proponen
ahora el grotesco espectáculo de la desobediencia civil…del gabinete
paralelo…y de no sé cuántas otras extravagancias y planchazos. ¡Ridículos!
Pienso
que lo mejor que podrían hacer los
medios de comunicación es ignorarlos, es dejarlos en la verdad de su liliputiense estatura cívica y moral; que
ellos, pobrecitos, sigan regurgitando su nostalgia de un poder que no supieron
ejercer, y nosotros trabajemos por hacer realidad el milagro de una patria que se levanta de
sus ruinas espirituales y materiales.
Dios y la Virgen Inmaculada, a quienes el señor presidente
ha invocado sin ambages desde el primer momento de su ejercicio, nos sigan
protegiendo.

