30 de agosto 2026. “Permanecer fiel a la Palabra de Cristo”
Ángelus Regina Coeli Papa León XIV. Plaza de san Pedro.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día y feliz domingo!
Esta afirmación está muy lejos de lo que esperaban de un
Mesías triunfante y poderoso, con cuya ayuda derrotarían y humillarían a sus
enemigos (cf. Salmo 108,14). Ya habían tenido el modo, en el tiempo
transcurrido con Él, de maravillarse de muchos de sus gestos y palabras. Pero
este último mensaje, fue más allá de toda perspectiva. Pedro,
particularmente, manifiesta su desacuerdo y comienza a reprender a Jesús
diciéndole: «“¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte”» (v. 22).
Apenas hacía un instante que había reconocido en Él al
«Mesías, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Ahora en cambio, sorprendido y quizá
decepcionado de lo que había escuchado, en contraste con la hermosa profesión
de fe que acababa de pronunciar, lo reprende. Parecería que le dice: “sí,
creo que tú eres el Mesías, pero ese no es el modo de salvar al mundo”. Es
un impulso de fervor, sin duda motivado por un amor sincero que, sin embargo,
nos hace reflexionar.
Tampoco para nosotros, es siempre fácil entender y aceptar
los caminos de Dios, especialmente cuando están muy alejados de los nuestros.
Entonces las tentaciones son, contra toda lógica de fe, pensar que sea el
Señor el que se equivoca o, peor aún, el que no nos escucha o no se
interesa por nosotros. Frente a esta incertidumbre Pedro, aun dentro de su
impulsividad, nos enseña dos cosas importantes.
La primera es la de no interrumpir nunca, ni siquiera
en estos momentos, el diálogo con el Señor; más bien, manifestarle con
confianza nuestra dificultad para comprender lo que nos pide.
La segunda es la de no juzgar nunca el obrar de Dios,
sino más bien, ponernos a la escucha, con humildad, en la oración, de lo que
nos está revelando a través de su accionar, aun cuando no corresponde a
nuestras expectativas.
Y la grandeza del primero de los apóstoles se manifiesta
también en esto.
Jesús le responde: «¡Ponte detrás de mí, Satanás!» (v. 23),
y les explica, a él y a los otros discípulos que, para seguir sus huellas, deberán
negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirlo (cf. v. 24). Pedro lo hará
después de haberlo escuchado, asumirá el desafío y permanecerá fiel a las
palabras del Cristo, al que ha reconocido como su redentor, por toda la
existencia, hasta el martirio.
Pidamos entonces al Señor que también nosotros tengamos en
nuestra vida de fe y en nuestra oración, la misma sinceridad de Pedro,
diciéndole con humildad lo que sentimos realmente, aun cuando el corazón está
confuso; y, al mismo tiempo, que sepamos cultivar su docilidad, aceptando
aquello que nos pide más allá de nuestras expectativas.
Que nos ayude María, que fue obediente a los designios de
Dios permaneciendo de pie junto a la cruz de su hijo Jesús. Fuente: Exaudi. Org.

