19 de febrero de 2026

LIMOSNA, ORACIÓN, AYUNO Y TRIDUO Reflexiones


19 de febrero 2026. LIMOSNA, ORACIÓN, AYUNO 
Y TRIDUO PASCUAL
Nos preparamos para celebrar el misterio fundamental en nuestra religión católica: “Jesucristo a quienes ustedes crucificaron, Dios lo resucitó de entre los muertos” (Hechos 4, 10). Me han pedido el favor de organizar unas reflexiones sobre cuatro temas importantes. Espero sean de ayuda pastoral: Que tu limosna la vea solo Dios. (Mateo 6, 2-4) Cuanto ores entra en tu cuarto a hablar con Dios. (Mateo 6, 6) Cuando ayunes perfúmate la cara, que solo Dios lo sepa. (Mateo 6, 17) Jesucristo superó la muerte, el pecado y la tentación, está vivo.
Orientador: Padre Jairo Yate Ramírez Arquidiócesis de Ibagué, Año 2026
 

¿EN QUÉ CONSISTE LA LIMOSNA?
Es un acto de justicia y amor compasivo hacia el prójimo, considerado una ofrenda a Dios y no solo un acto externo. Jesús enseñó a darla en secreto, sin buscar reconocimiento, cultivando la humildad y la desprendimiento del materialismo.
 
San Juan Pablo II enseñaba: «Limosna» significa, ante todo, don interior. Significa la actitud de apertura «hacia el otro». Precisamente tal actitud es un factor indispensable de la «metanoia», esto es, de la conversión, así como son también indispensables la oración y el ayuno. En efecto, se expresa bien San Agustín: «¡Cuán prontamente son acogidas las oraciones de quien obra el bien!, y esta es la justicia del hombre en la vida presente: el ayuno, la limosna, la oración»
 
San Gregorio Nacianceno: «El Señor de todas las cosas quiere la misericordia, no el sacrificio; y nosotros la damos a través de los pobres» (De pauperum amore XI).
 
La limosna, según el Papa Benedicto XVI en su Mensaje para la Cuaresma de 2008, "representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. ¡Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas! lo afirma Jesús de manera perentoria: ‘No podéis servir a Dios y al dinero’ (Lucas 16,13).
 
La limosna - nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina. Las colectas especiales en favor de los pobres, que en Cuaresma se realizan en muchas partes del mundo, tienen esta finalidad".
 
El Papa Francisco enseñaba: la limosna es un gesto sincero de amor y de atención “ante quien nos encontramos y nos pide ayuda hecho en secreto, donde sólo Dios ve y entiende el valor del acto realizado”. Pero dar limosna debe ser también un sacrificio y, para involucrarse con los pobres, hay que dar de lo que es nuestro. “Yo me privo de algo mío para dártelo a tí, decía el apóstol san Pablo: "En todo os he enseñado que es así, trabajando como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús que dijo. “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”. (Audiencia, 9 de abril, 2016)
 
HAY QUE EVITAR LA FALSA INTERPRETACIÓN DE LA LIMOSNA
Debemos evitar a toda costa todo lo que falsifica el sentido de la limosna, de la misericordia, de las obras de caridad: todo lo que puede deformar su imagen en nosotros mismos. En este campo es muy importante cultivar la sensibilidad interior hacia las necesidades reales del prójimo, para saber en qué debemos ayudarle, cómo actuar para no herirle y cómo comportarnos para que lo que damos, lo que aportamos a su vida, sea un don auténtico, un don no cargado por sentido ordinario negativo de la palabra «limosna» (cfr. Mateo 6, 24 y Lucas 11, 41)
 
LA LIMOSNA TIENE SUS EXPLICACIONES
Amor y no solo dinero
Secreto y humildad “Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda” 
Mateo 6, 3-4
Es justicia y bendición: La limosna libra de la muerte y purifica los pecados. 
(Tobías 4, 10)
Es una respuesta al amor de Dios.
Es un mandato constante
 

LA ESCRITURA NOS DA RECOMENDACIONES
“Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado” (Mateo 5, 42)
“Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente” (Mateo 10, 8)
“El que robaba, que deje de robar y se ponga a trabajar honestamente con sus manos, para poder ayudar al que está necesitado” (Efesios 4, 28)
 
Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver". (Mateo 25, 34-36).
 
"Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente". Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría. Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras». (2 Corintios 9, 6-8)
 
SOCIALICEMOS LAS SIGUIENTES PROPUESTAS BÍBLICAS
            “Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
            Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto (Mateo 6, 1-6. 16-18
 
REFLEXIONEMOS
            La verdadera religión la debemos vivir de cara a Dios, buscando la gloria de Dios, haciendo la voluntad de Dios, permitiendo que sea Dios quien edifique y santifique nuestras vidas. El Maestro de Nazareth propone una religión centrada en Dios. Una religión que tiene como base la caridad y la misericordia
 
            “Jesús dijo a sus discípulos: «No teman, pequeño rebaño, porque su Padre le ha parecido bien darles el Reino. «Vendan sus bienes y den limosna. Lleven bolsas que no se deterioren, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla; porque donde esté su tesoro, allí estará también su corazón. Lucas 12, 32-48
 
REFLEXIONEMOS
La Sagrada Biblia expresa el Reino de Dios, como un sistema de vida, planteado por el Salvador del mundo, diseñado en la mente del Padre celestial. Lo que en el fondo Dios quiere, es que reine la justica, la caridad, el amor, la misericordia. Por encima debe estar el Reino de Dios, los tesoros de su amor
 
¿EXISTEN CLASES DE LIMOSNAS?
En la limosna se distinguen siete tipos de limosna corporal: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo y enterrar a los muertos, recogidas en el verso: visito, doy de beber, doy de comer, redimo, cubro, recojo, entierro.
 
Igualmente se distinguen otras siete espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo ha menester, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir las flaquezas del prójimo y rogar por todos, recogidas asimismo en este verso: aconseja, enseña, corrige, consuela perdona, sufre, ora, comprendiendo bajo el mismo término el consejo y la doctrina.
 
Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia.
Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios. (Catecismo de la Iglesia Católica, 2447) 
 
¿Cuál es el efecto de las obras de misericordia en quien las practica?
El ejercicio de la obras de misericordia comunica gracias a quien las ejerce. En el evangelio de Lucas Jesús dice: “Dad, y se os dará”. Por tanto, con las obras de misericordia hacemos la Voluntad de Dios, damos algo nuestro a los demás y el Señor nos promete que nos dará también a nosotros lo que necesitemos.
 
Por otro lado, una manera de ir borrando la pena que queda en el alma por nuestros pecados ya perdonados es mediante obras buenas. Obras buenas son, por supuesto, las Obras de Misericordia. “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5, 7), es una de las Bienaventuranzas.
 

AUDIENCIA PAPA FRANCISCO SOBRE LA LIMOSNA
10 de abril 2016
No es la apariencia lo que cuenta
 
El Evangelio que hemos escuchado nos permite descubrir un aspecto esencial de la misericordia: la limosna. Puede parecer una cosa sencilla dar limosna, pero debemos estar atentos a no vaciar este gesto del gran contenido que posee. En efecto, el término “limosna”, deriva del griego y significa precisamente “misericordia”.
 
La limosna, pues, debería traer consigo toda la riqueza de la misericordia. Y como la misericordia tiene mil caminos, mil modalidades, así la limosna se expresa en tantos modos, para aliviar la dificultad de cuantos se encuentran en necesidad.
 
El deber de la limosna es antiguo cuánto la Biblia. El sacrificio y la limosna eran dos deberes de los cuales una persona religiosa debía cumplir. Existen páginas importantes en el Antiguo Testamento, donde Dios exige una atención particular por los pobres que, de tanto en tanto, eran los que no poseían nada, los extranjeros, los huérfanos y las viudas.
 
Y en la Biblia este es un estribillo continuo, ¿eh?: el necesitado, la viuda, el extranjero, el forastero, el huérfano. Es un estribillo. Porque Dios quiere que su pueblo mire a estos hermanos nuestros. Pero, yo diré que están al centro del mensaje: alabar a Dios con el sacrificio y alabar a Dios con la limosna. Junto a la obligación de recordarse de ellos, es dada también una indicación preciosa: «Cuando le des algo, lo harás de buena gana» (Deuteronomio 15,10). Esto significa que la caridad exige, sobre todo, una actitud de alegría interior. Ofrecer misericordia no puede ser un peso o un fastidio de la cual liberarse a prisa.
 
Y cuánta gente se justifica por dar, porque no da la limosna diciendo: “Pero, ¿Cómo será esto? Éste a quien yo daré, irá a comprar vino para emborracharse”. ¡Pero si él se embriaga, es porque no tiene otro camino! Y tú, ¿qué cosa haces a escondidas, cuando nadie ve? Y tú, ¿eres juez de aquel pobre hombre que te pide una moneda para un vaso de vino? Me gusta recordar el episodio del viejo Tobías que, después de haber recibido una gran suma de dinero, llamó a su hijo y lo instruyó con estas palabras: «A todos los que practican la justicia. Da la limosna de tus bienes y no lo hagas de mala gana. No apartes tu rostro del pobre y el Señor no apartará su rostro de ti» (Tobías 4,7-8). Son palabras muy sabias que ayudan a entender el valor de la limosna.
 
Jesús, como hemos escuchado, nos ha dejado una enseñanza insustituible al respecto. Sobre todo, nos pide no dar limosna para ser alabados y admirados por los hombres por nuestra generosidad: “Haz de modo que tu mano derecha no sepa lo que hace tú izquierda”.
 
No es la apariencia la que cuenta, sino la capacidad de detenerse para mirar en la cara a la persona que pide ayuda. Cada uno de nosotros puede preguntarse: “¿Yo soy capaz de detenerme y mirar en la cara, mirar a los ojos, a la persona que me está pidiendo ayuda? ¿Soy capaz?
 
No debemos identificar, pues, la limosna con la simple moneda ofrecida a prisa, sin mirar a la persona y sin detenerse a hablar para comprender que cosa tienen verdaderamente necesidad. Al mismo tiempo, debemos distinguir entre los pobres y las diversas formas de mendicidad que no hacen justicia a los verdaderos pobres. En conclusión, la limosna es un gesto de amor que se dirige a cuantos encontramos; es un gesto de atención sincera a quien se acerca a nosotros y pide nuestra ayuda, hecho en el secreto donde solo Dios ve y comprende el valor del acto realizado. Pero, dar limosna también debe ser para nosotros una cosa que sea un sacrificio.
 
Hagamos nuestras entonces las palabras del apóstol Pablo: «De todas las maneras posibles, les he mostrado que así, trabajando duramente, se debe ayudar a los débiles, y que es preciso recordar las palabras del Señor Jesús: “La felicidad está más en dar que en recibir”». (Hechos 20, 35; Cfr. 2 Corintios 9, 7). ¡Gracias!            
 

LA ORACIÓN
ES UNA VIRTUD, ES UNA GRACIA
ES UN DEBER, ES UNA NECESIDAD
 
El Catecismo eclesiástico nos enseña: “La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo. 
Los grandes orantes de la Antigua Alianza antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con Él nos enseñan que la oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración, de la unión con su Dios. Se ora como se vive, porque se vive como se ora”. (Numeral, 2725).
Orientador:  Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué. Año 2026 
 
EN QUÉ CONSISTE LA ORACIÓN
            Santa Teresa del Niño Jesús decía: “La oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría”. 
Ø  El Espíritu Santo es el gran artífice de nuestra oración.
Ø  Los apóstoles esperaban la venida del Espíritu Santo en un ambiente de oración. (cfr. Hechos 1, 14).
Ø  La primera experiencia como vida de Iglesia, se dio en la enseñanza, en la comunión, en la fracción del pan y en la oración. (cfr. Hechos 2, 42).
Ø  Los salmos en la Sagrada Escritura, son un buen ambiente de oración y alabanza a Dios creador. (cfr. Lucas 24, 27. 44).  (cfr. Catecismo Iglesia, 2623-2625)
 
EXISTEN MODELOS DE ORACIÓN
 
Ø  Existe una buena variedad que se ajusta a los momentos, a la persona, a la cultura, a las necesidades, etc.
Ø  Existe una oración de bendición, como respuesta del hombre a los dones de Dios
Ø  Existe oración y adoración, el orante exalta la grandeza de Dios, la omnipotencia del Salvador (cfr. Salmo 95, 1-6)
Ø  Existe oración de petición, nos reconocemos pecadores y queremos regresara al Padre.
Ø  Existe petición de perdón, la humildad confiada nos devuelve a la luz con el Padre celestial. Vgr. “Oh Dios ten compasión de este pecador” (Lucas 18, 13).
Ø  Existe oración de intercesión: Pedir en favor de otro, según la Escritura, es desde Abraham lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios.
Ø  Existe oración de acción de gracias: La Eucaristía es un excelente ejemplo de acción de gracias. Las cartas del apóstol san Pablo siempre inician dándole gracias a Dios.
Ø  Existe la oración de alabanza: En ella reconocemos el ser y la grandeza de Dios. Advierte el apóstol san Pablo, ““Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor” (Efesios 5, 19). (cfr. Catecismo Iglesia, 2623 – 2643).
 

¿CÓMO DEBE SER NUESTRA ORACIÓN?
 
Ø  La oración debe ser humilde: Vgr. Fariseo y publicano. “Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes”; Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado” Lucas 18, 14.
Ø   La oración debe ser confiada: “¿Todo cuanto pidáis en la oración creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis” Marcos 11,24
Ø  La oración debe ser sincera: sin hipocresía, sin palabrería. “Oh Dios te doy gracias porque no soy como los demás” °°° Lucas 18, 9-14).
Ø  La oración debe ser perseverante: Ej. El juez inicuo y la viuda inoportuna. “Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche y les hace esperar”? (cfr. Lucas 18, 1).
 
¿EXISTEN DIFICULTADES EN LA ORACIÓN?
Ø  La distracción, es la dificultad que todos tenemos
Ø  La aridez espiritual, damos muchas vueltas y no encontramos de qué orar
Ø  El tiempo. Vivimos en una cultura muy acelerada.
Ø  El Papa Benedicto XVI advertía el peligro de caer en la dureza de corazón, por no tener tiempo para la oración. Muchas ocupaciones, poca oración.
 
¿EXISTEN LUGARES DONDE PUEDO ORAR?
Ø  Los verdaderos adoradores, adoraran a Dios en espíritu y en verdad. (cfr. Juan 4, 21-24).
Ø  Buscar un lugar solitario, calmado. Jesús buscó el desierto, la montaña. Pero el lugar de la oración es el corazón: “Tú en cambio cuando vayas a orar, entra en tu aposento y después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” Mateo 6, 5-6
Ø  Existe una verdadera oración. Combinas oración y acción. Oración y caridad, oración y perdón. Oración y alabanza. Dice la Escritura: La verdadera oración, el Padre Nuestro. (cfr. Mateo 6, 7 – 15).  
 
¿EXISTEN MOMENTOS PARA ORAR?
Ø  En todo momento y circunstancia: “Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquiera otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios” 1 Corintios 10, 31; Y todo cuanto hagáis, de palabra y de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre” Colosenses 3, 17.
Ø  Jesús oraba en la noche, muy de madrugada, en el momento de elegir a sus discípulos, hacer cualquier milagro, alabar al Padre, En el huerto de los Olivos, al tomar las grandes decisiones, en el momento de la aflicción y muy cerca de la muerte, etc.   
Ø  JESÚS ORA
Ø  Aprendió a orar conforme a su corazón de hombre.
Ø  Aprendió de su madre que conservaba todas las cosas en su corazón (Lucas 1,49)
Ø  Su oración brota de una fuente secreta: Yo debo estar en las cosas de mi Padre …. Lucas 2,49
Ø  ora ante los momentos decisivos de su misión:  Antes de que el Padre de testimonio de Él, en su bautismo, Lucas 3,21
Ø  En su transfiguración Lucas 9, 28
Ø  Antes de dar cumplimiento a su pasión:  Lucas 22, 41-44
 

Nuestro Papa Francisco enseña:
            La oración es un impulso, es una invocación que va más allá de nosotros mismos: algo que nace en lo más profundo de nuestra persona y llega, porque siente la nostalgia de un encuentro.
 
Esa nostalgia que es más que una necesidad, más que una necesidad: es un camino. La oración es la voz de un "yo" que va a tientas, que procede a tientas, en busca de un "tú". El encuentro entre el "yo" y el "tú" no se puede hacer con calculadoras: es un encuentro humano y muchas veces procedemos a tientas para encontrar el "tú" que mi "yo" está buscando.
 
La oración del hombre está estrechamente ligada al sentimiento de asombro. La grandeza del hombre es infinitesimal en comparación con las dimensiones del universo. Sus mayores logros parecen muy poco... Pero el hombre no es nada. En la oración se afirma poderosamente el sentimiento de misericordia. Nada existe por casualidad: el secreto del universo está en la mirada benévola que alguien encuentra en nuestros ojos. (cfr. Audiencia, 16 de junio, 2020).
 
SOCIALIZACIÓN
Ø  ¿Qué aprendiste sobre la oración?
Ø  ¿Cuál tipo de oración te impacta más?
Ø  Imagínate cómo debería ser una persona de oración, según el Padre Nuestro
Ø  San Vicente de Paúl afirmaba: Dame una persona de oración y será capaz de cualquier cosa. ¿Cómo se explica eso?
 

EL ESPÍRITU SANTO ES AL MISMO TIEMPO
SUJETO Y OBJETO DE LA ORACIÓN CRISTIANA
Audiencia Papa Francisco.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La acción santificadora del Espíritu Santo, además de en la Palabra de Dios y en los Sacramentos, se expresa en la oración, y es a ella a la que queremos dedicar la reflexión de hoy: la oración.  

El Espíritu Santo es, al mismo tiempo, sujeto y objeto de la oración cristiana. Es decir, Él es el que dona la oración y Él es el que se nos dona mediante la oración. Nosotros oramos para recibir al Espíritu Santo, y recibimos al Espíritu Santo para poder orar verdaderamente, es decir, como hijos de Dios, no como esclavos.
 
Pensemos un poco en esto: rezar como hijos de Dios, no como esclavos. Hay que rezar siempre con libertad. «Hoy debo rezar esto, esto, esto, porque he prometido esto, esto, esto... ¡De lo contrario iré al infierno!». No, esto no es rezar. La oración es libre. Se reza cuando el Espíritu ayuda a rezar. Se ora cuando se siente en el corazón la necesidad de orar; y cuando no se siente nada, hay que detenerse y preguntarse: ¿por qué no siento el deseo de orar? ¿Qué está pasando en mi vida? La espontaneidad en la oración es siempre lo que más nos ayuda. Esto es lo que significa rezar como hijos, no como esclavos.
 
En primer lugar, debemos rezar para recibir el Espíritu Santo. A este respecto, hay unas palabras muy precisas de Jesús en el Evangelio: «Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» (Lucas 11, 13). Todos nosotros sabemos darles cosas buenas a los pequeños, ya sean hijos, nietos, sobrinos o amigos. Los pequeños siempre reciben cosas buenas de nosotros. ¿Y cómo no nos va a dar el Padre el Espíritu? Esto nos anima y podemos seguir adelante.
 
En el Nuevo Testamento, vemos que el Espíritu Santo desciende siempre durante la oración. Desciende sobre Jesús tras el bautismo en el Jordán, mientras «estaba en oración» (Lucas 3, 21); y desciende sobre los discípulos en Pentecostés, mientras «todos ellos perseveraban juntos en la oración» (Hechos 1,14).
 
Es el único «poder» que tenemos sobre el Espíritu de Dios. El «poder» de la oración: Él no resiste a la oración. Rezamos y llega. En el monte Carmelo, los falsos profetas de Baal - recuerden ese paso de la Biblia - se agitaban para invocar fuego del cielo sobre su sacrificio, pero no ocurrió nada, porque eran idólatras, adoraban a un dios que no existe; Elías se puso a orar y el fuego descendió y consumió el holocausto (cfr. 1 Reyes 18, 20-38). La Iglesia sigue fielmente este ejemplo: siempre tiene en los labios la invocación «¡Ven! ¡Ven!» cuando se dirige al Espíritu Santo. Y lo hace sobre todo en la Misa, para que descienda como rocío y santifique el pan y el vino para el sacrificio eucarístico.
 
Pero también existe el otro aspecto, que es el más importante y alentador para nosotros: el Espíritu Santo es el que nos dona la verdadera oración. San Pablo dice: «El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables; y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios.» (Romanos 8, 26-27).
 
Es cierto, no sabemos rezar, no sabemos. Tenemos que aprender cada día. La razón de esta debilidad en nuestra oración se expresaba en el pasado en una sola palabra, utilizada de tres formas distintas: como adjetivo, como sustantivo y como adverbio. Es fácil de recordar, incluso para los que no saben latín, y merece la pena tenerla presente, porque ella sola encierra todo un tratado. Nosotros, los seres humanos, decía aquel dicho, “mali, mala, male petimus”, que significa: siendo malos (mali), pedimos cosas equivocadas (mala) y de la manera equivocada (male).
 
Jesús dice: «Busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y se les darán también todas esas cosas por añadidura» (Mateo 6, 33); en cambio, nosotros buscamos en primer lugar “las añadiduras”, es decir, nuestros intereses - ¡muchas veces! -  y nos olvidamos totalmente de pedir el Reino de Dios. Pidamos al Señor el Reino, y todo vendrá con él.
 
El Espíritu Santo viene, sí, en auxilio de nuestra debilidad, pero hace algo aún más importante: nos confirma que somos hijos de Dios y pone en nuestros labios el grito: «¡Padre!» (Romanos 8,15; Gálatas 4, 6). Nosotros no podemos decir “Padre, Abba” sin la fuerza del Espíritu Santo. La oración cristiana no es el ser humano que, a un lado del teléfono, habla con Dios que está al otro lado, no, ¡es Dios que reza en nosotros! Rezamos a Dios a través de Dios. Rezar es ponernos dentro de Dios y que Dios entre en nosotros.
 
Es precisamente en la oración cuando el Espíritu Santo se revela como «Paráclito», es decir, abogado y defensor. No nos acusa ante el Padre, sino que nos defiende. Sí, nos defiende, nos convence del hecho de que somos pecadores (cfr. Juan 16, 8), pero lo hace para hacernos experimentar la alegría de la misericordia del Padre, no para destruirnos con estériles sentimientos de culpa. Incluso cuando nuestro corazón nos reprocha algo, Él nos recuerda que «Dios es mayor que nuestro corazón» (1 Juan 3, 20).
 
Dios es más grande que nuestro pecado. Todos somos pecadores... Pensemos: quizá algunos de ustedes -no lo sé- tienen mucho miedo por las cosas que han hecho, tienen miedo de ser reprendidos por Dios, tienen miedo de muchas cosas y no encuentran la paz. Pónganse en oración, invoquen al Espíritu Santo y Él les enseñará a pedir perdón. ¿Y saben qué? Dios no sabe mucha gramática y cuando pedimos perdón, ¡no nos deja terminar! «Perd...» y ahí, Él no nos deja terminar la palabra perdón. Él nos perdona primero, siempre está ahí para perdonarnos, antes de que terminemos la palabra perdón. Decimos «Perd...» y el Padre siempre nos perdona.
 
El Espíritu Santo intercede por nosotros, y también nos enseña a interceder, a nuestra vez, por nuestros hermanos y hermanas; nos enseña la oración de intercesión: rezar por esta persona, rezar por aquel enfermo, por el que está en la cárcel, rezar...; rezar también por la suegra, y rezar siempre, siempre. Esta oración es especialmente agradable a Dios, porque es la más gratuita y desinteresada. Cuando cada uno reza por todos los demás, sucede – lo decía san Ambrosio – que todos los demás rezan por cada uno y la oración se multiplica. La oración es así. He aquí una tarea muy valiosa y necesaria en la Iglesia, especialmente en este tiempo de preparación al Jubileo: unirnos al Paráclito, cuya “intercesión a favor de todos nosotros es según Dios”.
 
Pero no recen como los loros, ¡por favor! No digan: «bla, bla, bla...». No. Digan «Señor», pero díganlo de corazón. «Ayúdame, Señor», «Te quiero, Señor». Y cuando recen el Padre Nuestro, recen «Padre, Tú eres mi Padre». Recen con el corazón y no con los labios, no sean como los loros. Que el Espíritu nos ayude en la oración, ¡porque la necesitamos tanto! Gracias. (cfr. (Audiencia 6 de noviembre, año 2024).
 

EL VERDADERO AYUNO GUARDA UNA RELACIÓN
CON LA CONVERSIÓN DE LA PERSONA.
Orientador
Padre Jairo Yate Ramírez
Arquidiócesis de Ibagué. 
Año 2026
La Iglesia Católica cuenta con una serie de prácticas que marcan el calendario litúrgico y guían la vida espiritual de los creyentes. Entre estas se encuentran el ayuno y la abstinencia durante la Cuaresma, el periodo de 40 días de preparación para la celebración del misterio Pascual del Hijo de Dios. Su Pasión, muerte y resurrección.
 
¿Cuándo se originan estas prácticas que nos ayudan a ser mejores personas en nuestras vidas?
            Estas prácticas tienen profundas raíces en la historia de la salvación y la teología. El ayuno se remonta a tiempos bíblicos, donde personajes como Moisés (Éxodo 34, 28), Elías (1 Reyes 19, 8) y Jesús mismo (Marcos 1, 13) practicaron el ayuno.
            Por ejemplo: “Moisés estuvo allí con Yahveh cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y escribió en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.” (Éxodo 34, 28).
 
            La experiencia de Elías: “Volvió segunda vez el ángel de Yahveh, le tocó y le dijo: «Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti.» Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb.” (1 de Reyes 19, 8)
            Jesucristo antes de iniciar su misión, tiene su experiencia en el desierto: “el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.” (Marcos 1, 13).
 
En el Cristianismo primitivo, el ayuno era una forma común de expresar arrepentimiento y buscar la cercanía con Dios.
La abstinencia de carne tiene sus raíces en la tradición de la Iglesia de sacrificar algo como acto de penitencia, así como San Pablo invitó a someter y dominar su cuerpo (1 Corintios 9, 27) por un bien mayor. “No vayas a destruir la obra de Dios por un alimento. Todo es puro, ciertamente, pero es malo comer dando escándalo. Lo bueno es no comer carne, ni beber vino, ni hacer cosa que sea para tu hermano ocasión de caída, tropiezo o debilidad” (Romanos 14, 20-21).
 
¿Cuál es el sentido de practicar el ayuno y la abstinencia?
            La razón fundamental es la conversión del corazón. Si no sucede este efecto espiritual nuestro ayuno es engañoso y sin sentido. Nuestra Iglesia Católica nos enseña: “la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cfr.  Joel 2, 12-13).

El corazón del hombre es torpe y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cfr. Ezequiel 36, 26-27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a Él nuestros corazones: "Conviértenos, Señor, y nos convertiremos" (Lamentaciones 5, 21). 
Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron (cfr. Juan 19,37). (cfr. Catecismo Iglesia Católica, 1430 y 1432).
 
San Pedro Crisólogo, obispo italiano y doctor de la Iglesia Católica le daba mucha importancia al ayuno en la vida cristiana diciendo: «El ayuno es paz para el cuerpo, fuerza de las mentes, vigor de las almas» (Sermon VII: de ieiunio 3), y más aún: «El ayuno es el timón de la vida humana y rige toda la nave de nuestro cuerpo» En el dominio de las propias pasiones y en el rechazar los malos deseos reside la verdadera grandeza de un ser humano. 
 El Papa Benedicto XVI enseñaba: el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él.  "el verdadero ayuno tiene como finalidad comer el 'alimento verdadero', que es hacer la voluntad del Padre". (cfr. Mensaje cuaresma, 2009). El Papa Francisco aclara que el verdadero ayuno implica la humildad y la coherencia de reconocer y corregir los propios pecados. (cfr. Homilía, 16 de febrero, 2018).

    ¿Cuál es el verdadero ayuno? Que lo note solo Dios, no que se den cuenta los demás. (Mateo 6, 18).  ¿Qué es lo principal que debe buscar un buen creyente en su religión? Encontrar el Reino de Dios y su justicia. (Mateo 6, 33). ¿Cuál es la verdadera religión? La que le sirve a Dios siempre. No se le puede servir a dos señores a la vez. (Mateo 6, 24).
 
     El profeta Isaías nos enseña tres momentos para reflexionar en torno al Ayuno.
Lo primero. ¿Existe un falso ayuno? La respuesta es sí, según la experiencia en Israel. Los judíos decían: ¿Para qué ayunamos si Dios no lo ve? (Isaías 58, 1-5). Dios responde: ¿Cómo pueden ayunar si tratan con injusticia y egoísmo a los demás?
            ¿Existe un verdadero ayuno? La respuesta es evidente. El ayuno que le agrada a Dios es romper toda clase de yugo contra los demás. Practicar siempre la justicia, la caridad y la misericordia con los demás. (Isaías 58, 6-7). Jesucristo recomienda: “Cuando ayunes nunca tomes la actitud de un hipócrita” (Mateo 6, 16-18).
  La excelente vida según el ayuno. “Tu luz surgirá como la aurora y tus heridas sanarán rápidamente. Tu recto obrar marchará delante de ti y la gloria de Dios te seguirá siempre” (Isaías 58, 8-14).

¿Dónde está el justo equilibrio?
            Existen dos momentos que se deben entender en su justo equilibrio. En la Antigua Alianza el ayuno jugó un papel importantísimo como medio de conversión para la salvación. Recordemos a los Ninivitas, creyeron en Dios, proclamaron un ayuno, se vistieron de saco, se convirtieron de su mala conducta y Dios viendo sus obras se compadeció de ellos. (Jonás 3, 5-10).
 
Queda muy claro que para Dios lo más importante es la conversión del corazón, no tanto las cosas externas. (cfr. Joel 2, 12-14). El segundo momento histórico, es la presencia del Salvador del mundo. Dice el Mesías, si ya llegó el Salvador, deben estar con el salvador sus seguidores. El ayuno sigue vigente, sí, siempre como medio de conversión. “Cuando el novio ya no esté, tendrán que ayunar”.
 
Nuestra Iglesia Católica nos recomienda: El ayuno, la oración y la limosna.
            Recomendaciones del Evangelio: Cuídense de no practicar la justicia para ser vistos por los demás. Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda. Cuando ores hazlo en lo secreto que tu Padre te premiará. Cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara. No amontones tesoros en la tierra. Donde está tu tesoro allí está tu corazón. (cfr. Mateo 6, 1-18).
 
  La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (cfr. Amós 5, 24; Isaías 1, 17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia (cfr. Lucas 9, 23).

            LA EUCARISTÍA TIENE UNA RELACIÓN CON LA PENITENCIA: La conversión y la penitencia diarias encuentran su fuente y su alimento en la Eucaristía, pues en ella se hace presente el sacrificio de Cristo que nos reconcilió con Dios; por ella son alimentados y fortificados los que viven de la vida de Cristo; "es el antídoto que nos libera de nuestras faltas cotidianas y nos preserva de pecados mortales" (cfr. Catecismo Iglesia Católica. Numerales 1434 – 1436).     
 

EL AYUNO DEBE VIVIRSE CON FE Y HUMILDAD
Mensaje Año 2026 Papa León XIV
 
Ayunar
Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. 
Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
 
San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos». El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
 
Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».  En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que «sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».
 
Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias.
 
Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz. 
 
la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Nehemías 9,1-3).
 
Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.


PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
TRIDUO PASCUAL
Jesucristo dispuso todo
Para el gran acontecimiento salvífico
 
Orientador: Padre Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué. Año 2026
 
¿DE QUÉ SE TRATA EL TRIDUO PASCUAL?
    El Triduo es la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Comienza con el Jueves Santo con la Misa vespertina de la Cena del Señor, alcanza su punto máximo en la Vigilia Pascual y termina con la Oración Víspera del Domingo de Pascua. Es el punto culminante de todo el año litúrgico.
 
    Nos ubicamos en el Jueves Santo: Amor, servicio y caridad. Es el día de la cena, es el día del pan, es el del día del vino, es la consigna del amor y el servicio, es la formación de la nueva comunidad internacional que propone el Mesías: “Lo mismo que yo he hecho con ustedes, háganlo también ustedes con sus hermanos”.
 
     Entendemos el Viernes Santo: Pasión, dolor, sufrimiento y gloria. Cuando contemplamos a Cristo crucificado, descubrimos la extraordinaria riqueza que emana del madero de la cruz, con un solo objetivo, el bien de cada uno de nosotros. Allí pende, su sacerdocio, su realización, su visión profética, su sacrificio redentor, su martirio, el hombre que sufre, el Dios que salva, el hombre que se hace solidario, el Dios que perdona, la Iglesia misma que nace del costado de Cristo.  Nos decidimos a aceptar el sufrimiento humano como un valor, como parte integrante de lo que significa el camino de la vida.
 
   La Vigilia Pascual del Sábado Santo. La celebración central de la Semana Santa está en la Pascua. Cristo resucitado de entre los muertos, ya no muere más (Romanos.6, 9) Es una fiesta de alegría y de luz, de fuego, de agua, de bautismo y de celebración de la Palabra de Dios.  Todo estos símbolos hacen que la noche se viva con ese sentido de una pascua sagrada que muestra la victoria de la cruz, la victoria de Cristo sobre la muerte, victoria que se da por medio de la fe, sobre los poderes del mal y sobre la misma muerte.
 
¿CÓMO PUEDO VIVIR MEJOR EL TRIDUO PASCUAL?
            Cinco caminos para vivir y entender el misterio pascual de Jesús de Nazareth
LO PRIMERO
            La oración: Es un momento muy propicio para el encuentro con el Señor. Es la interiorización de ese gran Misterio: Pasión - Muerte y Resurrección.  Es la manera como el pueblo creyente alaba y glorifica el nombre de aquel que es la luz del mundo, la esperanza, la vida, el perdón y la Gracia. Es lograr la contemplación de Jesús en el madero de la gloria y la esperanza, es seguir paso a paso la gran enseñanza del Maestro de la fe: El que cree en Mí no morirá jamás.

            El Espíritu Santo es el gran artífice de nuestra oración.  Los apóstoles esperaban la venida del Espíritu Santo en un ambiente de oración. (cfr. Hechos 1, 14).  La primera experiencia como vida de Iglesia, se dio en la enseñanza, en la comunión, en la fracción del pan y en la oración. (cfr. Hechos 2, 42). Los salmos en la Sagrada Escritura son un buen ambiente de oración y alabanza a Dios creador. (cfr. Lucas 24, 27. 44).  (cfr. Catecismo Iglesia, 2623-2625)
 
LO SEGUNDO
            La Reflexión: Es un ambiente privilegiado para volver sobre aquellos temas que tanto repetimos pero que aún no hacen eco en el comportamiento diario.  Es lograr tomar conciencia de la importancia de una vida orientada desde la fe. Es descubrir el valor de la Penitencia, la oración, el sacrificio, la hermandad, la unidad, la conversión, abrirse a la esperanza de una mentalidad siempre nueva y siempre fresca “todo lo puedo en Aquel que me conforta”.
            Debemos aprender a reflexionar y discernir para poder saber cuál es la voluntad de Dios. El apóstol san Pablo recomienda: “No sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación interior. Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto.” (Romanos 12, 2).
            Cuando hablamos poco, cometemos menos errores y fastidiamos menos a los demás
Si Guardamos silencio en la imaginación, juzgamos menos y amamos más a los demás
Si Guardamos silencio en la memoria, olvidamos más rápido y no archivamos rencor
Si Guardamos silencio en el corazón, tenemos sentimientos más nobles, puros y sinceros
Si Guardamos silencio en el espíritu, nos entendemos más con Dios y su Santa Palabra
 
LO TERCERO
     La Reconciliación: Es tiempo de Gracia.  Es una Gracia especial que Dios nos concede para volver al buen camino. Es la oportunidad que se nos presenta para decirle sí a Dios, no a todo aquello que me aleje de la bondad y el amor del Señor.  Es aprender a caminar de la mano de Dios. Es la propuesta de un Dios que me enseña a caminar “Vete y no vuelvas a pecar”. De un Dios que me enseña a entenderme con los demás “Perdona setenta veces siete” “Ama a tus enemigos” “ora por los que sufren”.
 
LO CUARTO
   Celebración comunitaria de la Fe. Vivir esa fe en comunión con mis hermanos. Es un encuentro de la gran familia eclesial. Es la celebración de lo que creemos y de lo que vivimos diariamente “Jesucristo murió y resucitó por la salvación de todos”.  Es una celebración universal del día en que cambió la historia del mundo. Es la unidad de una fe que nos beneficia a todos y nos permite luchar unidos por la paz y la reconciliación de los hombres “Convertíos de todo corazón” “Conviértete, cree y vive en Evangelio” 
 
LO QUINTO
    La resurrección.  Me decido por una vida nueva. Es el fruto de un proceso.  Un proceso que se inició el Miércoles de ceniza con esa gran convocatoria bíblica: Recuerda quién eres, Revisa tus propias limitaciones, emprende un camino de conversión: por el bien tuyo, por el bien de los demás, por el bien social. Resucitar implica decir que el proceso se vivió en toda su plenitud, se puso todo el esfuerzo, se tomó la decisión firme de ganar la Gloria.  Se vence el mal con la fuerza del bien, con el convencimiento de aceptar a Jesucristo único camino de salvación y liberación para quien ha puesto su confianza en El. “Vayan y anuncien lo que han visto y han odio.”
 

SOCIALICEMOS UN POCO 
EL MISTERIO PASCUAL
DESDE LA PALABRA DE DIOS
 
EN EL LUNES SANTO
            Los pobres son un espacio privilegiado del pueblo de Dios. Dice el Maestro: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura.  Porque pobres siempre tendrán con ustedes; pero a mí no siempre me tendrán.»  Juan 12, 1-11 ““El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo «se hizo pobre» (2 Corintios 8,9). Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres.”  (Papa Francisco)
 
EN EL MARTES SANTO
            Aprendemos a darle un verdadero culto a Dios. No a la traición. Dice el Maestro: Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él.  Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto. JUAN 13, 21, 33.36-38. El Papa Francisco recuerda que en el Cenáculo aparece la mezquindad, la curiosidad, la traición. Afirma el Papa: “Y cualquiera de nosotros, y no sólo siempre los demás, puede encarnar estas actitudes, cuando miramos con suficiencia al hermano, lo juzgamos; cuando traicionamos a Jesús con nuestros pecados.” De un corazón corrupto, sale la traición.
 
EN EL MIÉRCOLES SANTO
     La traición y la hipocresía son despreciables. Dice el Maestro: Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en el plato, ése me entregará.  El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» Mateo 26, 14-25.  El Papa Francisco enseña que la grandeza del Reino de Dios no es el poder según el mundo, sino el amor de Dios: “un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas. Por este amor, Cristo se abajó hasta nosotros, vivió nuestra miseria humana, probó nuestra condición más ínfima: la injusticia, la traición, el abandono; experimentó la muerte, el sepulcro, los infiernos. De esta forma nuestro Rey fue incluso hasta los confines del Universo para abrazar y salvar a todo viviente.” (cfr. 1 Corintios 13, 7)
 
EN EL JUEVES SANTO
   Caridad, misericordia y servicio deben ser principios de nuestra vida cristiana. Dice el Maestro: Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Simón Pedro le dijo: Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Juan 13, 1-15.  Los gestos, las actitudes y las palabras de Cristo permiten celebrar la Pascua del Señor. Es el cambio evangélico que nos incita hacia una civilización del amor, a una cultura de la misericordia, a una sociedad de la hermandad y el perdón. El Papa Francisco indica que la lógica del amor culmina en la cruz de Cristo: “Jesús quiere que en cada corazón triunfe el amor de Dios sobre el odio y el rencor. La lógica del amor, que culmina en la Cruz de Cristo, es el distintivo del cristiano.
 
EN EL VIERNES SANTO
     Pasión, dolor, sufrimiento y gloria. Dice el Maestro:  Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscan?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Respondió Jesús: «Ya les he dicho que yo soy; así que si me buscan a mí, dejen marchar a éstos.»  Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.» Juan 18, 1-19. 42.  Nos decidimos a aceptar el sufrimiento humano como un valor, como parte integrante de lo que significa el camino de la vida.  El sufrimiento humano constituye en sí mismo casi un específico –mundo- que existe junto con el hombre, que aparece en él y pasa, o a veces no pasa, pero se consolida y se profundiza en él.
 
EN EL SÁBADO SANTO
            “Vana es nuestra Fe, si Cristo no resucitó”. El Maestro dice: —No tengan miedo; vayan a anunciar y digan a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán. Mateo 28, 1-10 La resurrección corre el velo de todo el misterio de Cristo como hombre y como Dios. Reafirma la obra del Padre Celestial con su propósito intenso de la salvación del mundo. Este es el sábado santo, y el culmen de la semana mayor.  El Papa Francisco exhorta a vivir con intensidad la Pascua cristiana, la pascua de Jesús: ““celebrar la Pascua, es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos. Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza”. 


EL TRIDUO PASCUAL ES UNA HISTORIA DE AMOR
QUE NO CONOCE OBSTÁCULOS
Audiencia Papa Francisco 23 de marzo 2016
 
El Evangelio de san Juan proporciona la clave para entender este significado profundo "Habiendo amado a los su yos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». “El amor de Dios no tiene límites. El misterio que adoramos en la Semana Santa es una gran historia de amor que no conoce obstáculos.
 
La pasión de Jesús dura hasta el fin del mundo, porque es una historia de compartición del sufrimiento de toda la humanidad y una presencia permanente en los acontecimientos de la vida personal de cada uno de nosotros. En resumen, el Triduo Pascual es el memorial de un drama de amor que nos da la certeza de que nunca seremos abandonados en las pruebas de la vida”.
 
El Jueves Santo con la institución de la Eucaristía y el lavatorio de los pies Jesús nos enseña que “la Eucaristía es el amor que se hace servicio. Es la sublime presencia de Cristo que quiere alimentar a todos los hombres, especialmente a los más débiles... Pero además, dándose a nosotros como alimento, Jesús atestigua que tenemos que aprender a partir con los demás este alimento para que se convierta en una verdadera comunión de vida con los necesitados. Él se entrega a nosotros y nos pide que permanezcamos en El para hacer lo mismo.”
 
El Viernes Santo es el momento culminante del amor. “Un amor que quiere abrazar a todos, sin exclusión. Un amor que se extiende a cada tiempo y a cada lugar: una fuente inagotable de salvación de la que podemos beber todos nosotros, pecadores. Si Dios nos ha demostrado su amor supremo en la muerte de Jesús, entonces nosotros también, regenerados por el Espíritu Santo, podemos y debemos amarnos unos a otros.”
 
El Sábado Santo, día del silencio de Dios. “Y tenemos que hacer todo lo posible – pidió Francisco- para que sea para nosotros una jornada de silencio, como fue en aquel tiempo: el silencio de Dios. Jesús depuesto en el sepulcro comparte con toda la humanidad el drama de la muerte. Es un silencio que habla y expresa el amor como solidaridad con los abandonados desde siempre a los que el Hijo de Dios alcanza llenando un vacío que solo puede colmar la misericordia infinita del Padre. 
 
En este día el amor, ese amor silencioso, se convierte en espera de la vida en la resurrección. El Sábado Santo nos hará bien pensar en la Virgen, en “la Creyente”, que ese día esperaba la Resurrección. La Virgen tiene que ser el icono del Sábado Santo. Pensar mucho en cómo vivió ese día: en espera. Es el amor que no duda, sino que espera en la palabra del Señor, para que ...resplandezca el día de Pascua”.
 

EL PAPA FRANCISCO RECOMIENDA A LOS JÓVENES
TRES GRANDES VERDADES
UN DIOS QUE ES AMOR
            “Dios te ama. Nunca lo dudes, más allá de lo que te suceda en la vida. En cualquier circunstancia, eres infinitamente amado. Porque te ama. Intenta quedarte un momento en silencio dejándote amar por Él. 
Intenta acallar todas las voces y gritos interiores y quédate un instante en sus brazos de amor”. (Los católicos el Jueves Santo, celebramos el día del amor, la caridad, el servicio)
 
UN DIOS QUE SALVA
      “Cristo, por amor, se entregó hasta el final para salvarte. Sus brazos abiertos en la Cruz son el signo más precioso de un amigo capaz de llegar hasta el extremo: «Él, que amó a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Juan 13,1). Su perdón y su salvación no son algo que hemos comprado, o que tengamos que adquirir con nuestras obras o con nuestros esfuerzos. Él nos perdona y nos libera gratis. Su entrega en la Cruz es algo tan grande que nosotros no podemos ni debemos pagarlo, sólo tenemos que recibirlo con inmensa gratitud”. (Los católicos detenemos nuestro pensamiento en el Viernes Santo, Dios asume el camino de la Cruz para Salvar a la humanidad. Dolor y sufrimiento en aras de la salvación). 
 
UN DIOS QUE ESTÁ VIVO
    “¡Él vive! Hay que volver a recordarlo con frecuencia, porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo sólo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. Es Cristo resucitado, lleno de vitalidad sobrenatural, vestido de infinita luz. Por eso decía san Pablo: «Si Cristo no resucitó vana es la fe de ustedes» (1 Corintios 15, 17).
Si Él vive, entonces sí podrá estar presente en tu vida, en cada momento, para llenarlo de luz. Así no habrá nunca más soledad ni abandono. Aunque todos se vayan Él estará, tal como lo prometió: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28, 20).”  (Los católicos celebramos el gran misterio de la resurrección de Jesucristo. Él está vivo y está en medio de nosotros. Domingo de Pascua). (cfr. Exhortación Christus Vivit, numerales, 112 – 125).