19 de agosto 2018. El Papa Francisco subrayó, durante el
rezo del Ángelus Regina coeli este domingo, la centralidad de la Eucaristía en
la vida del cristiano, y recordó que al comulgar se recibe a Cristo mismo:
“Cuando acudimos a la comunión recibimos la vida misma del Señor, y para
recibir esta vida es necesario nutrirse del Evangelio y del amor de los
hermanos”. Durante sus reflexiones previas al rezo, el Santo Padre meditó sobre
el fragmento evangélico de este domingo,
centrado en la segunda parte del
discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm.
En su discurso, Jesús “se presenta como ‘el pan vivo bajado
del cielo’, el pan que da la vida eterna, y añade: ‘El pan que yo os daré es mi
carne por la vida del mundo’”. “Este pasaje es decisivo –aseguró Francisco– y,
de hecho, provoca la reacción de quienes le escuchan, que se ponen a discutir
entre ellos: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’”.
El Pontífice mostró
cómo “cuando el signo del pan compartido muestra su verdadero significado, esto
es, la entrega de sí mismo hasta el sacrificio, emerge la incomprensión, emerge
el rechazo a Aquel a quien poco antes querían llevar de forma triunfal”.
A pesar de estas murmuraciones, “Jesús continúa: ‘Si no
coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en
vosotros’. Aquí, junto con la carne, presenta también la sangre. Carne y
sangre, en el lenguaje bíblico, expresan la humanidad concreta”. “La gente y
los mismos discípulos, intuyen que Jesús les invita a entrar en comunión con
Él, a ‘comerle’ a Él, su humanidad, para compartir con Él el don de la vida
para el mundo, más que triunfos espejismos de éxito”.
El Papa subrayó que “este pan de vida, Sacramento del Cuerpo
y de la Sangre de Cristo, llega a nosotros entregado de forma gratuita en la
mesa de la Eucaristía. En torno al altar encontramos aquello que nos alimenta y
que nos anima espiritualmente hoy y para la eternidad”. Recordó que “cada vez
que participamos en la Santa Misa, en cierto sentido, anticipamos el cielo
sobre la tierra, porque del alimento eucarístico, el Cuerpo y la Sangre de
Jesús, aprendemos cómo es la vida eterna, a vivir para el Señor”. “La
Eucaristía nos muestra por qué no vivimos sólo para nosotros mismos, sino para
el Señor y para los hermanos. La felicidad y la eternidad de la vida dependen
de nuestra capacidad de hacer fecundo el amor evangélico que recibimos en la
Eucaristía”.
Además, insistió en que “Jesús nos repite también hoy a cada
uno de nosotros: ‘Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su
sangre, no tenéis vida en vosotros’. No se trata de una comida material, sino
de un pan vivo y vivificante, que comunica la misma vida de Dios”.
Francisco explicó que
la incomprensión de los oyentes ante estas palabras de Jesús también puede
darse en la actualidad: “Ante la invitación de Jesús a nutrirnos de su Cuerpo y
de su Sangre podemos advertir la necesidad de discutir y de resistir, como
hacían los oyentes de los que habla el Evangelio de hoy”.
“Esto sucede cuando nos resistimos a modelar nuestra
existencia a partir de la de Jesús, a actuar según sus criterios y no según los
criterios del mundo. Pero Él no se cansa nunca de invitarnos a su banquete para
saciarnos de Él, ‘pan vivo bajado del cielo’”. Sin embargo, concluyó afirmando
que “nutriéndonos de ese alimento podemos entrar en plena sintonía con Cristo,
con sus sentimientos, con sus comportamientos”. Fuente: Aciprensa.