4 de marzo de 2026

LA CONFIANZA SIEMPRE EN DIOS Evangelio jueves 5 de marzo 2026


LA CONFIANZA EN DIOS NOS LLEVARÁ HASTA EL FINAL
“Quien confía en Dios no teme a nada”.
Evangelio jueves 5 de marzo 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y todos los días celebraba espléndidos banquetes. En cambio, un pobre llamado Lázaro yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas, deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían a lamerle las llagas.
 
Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado. Estando en los infiernos, en medio de los tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno; y gritando, dijo: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy atormentado en estas llamas». Contestó Abrahán: «Hijo, acuérdate de que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora aquí él es consolado y tú atormentado”. °°° Lucas 16, 19-31
 
            ¿En dónde debe estar esencialmente nuestra confianza? La respuesta la tiene una parábola bíblica denominada “El rico epulón y el pobre Lázaro” dos personajes que pueden representan a dos grupos sociales. Uno pone su confianza en el dinero, en el poder, en el orgullo personal. Otro pone su confianza en la humildad, la sencillez, la pobreza, la bondad. Dos personajes en dos rutas diferentes.
 
            La Escritura recomienda que nuestra confianza debe estar en Dios. Quien pone su confianza en el creador supera las debilidades de este mundo. Quien confía en Dios se equivoca menos, produce más, avanza vertiginosamente, llega hasta la perfección. El punto clave es dónde depositar nuestra confianza.
 
            El profeta nacido en Anatot en Judá profetizó durante cuarenta años antes y después del exilio. Sus oráculos nos ponen en sintonía con lo que debemos elegir: “Bendita será la persona que confía en el Señor y el Señor es su confianza. Será como árbol plantado que extiende sus raíces, no teme que llegue el calor. (Jeremías 17, 7-8). Dios nos advierte a través del salmista: “Dichosa la persona que no sigue los consejos de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta con farsantes. Medita la ley de Dios día y noche” (cfr. Salmo 1).
 
            El Papa Francisco enseñó que la confianza y nada más que la confianza podrá conducirnos al amor de Dios. Es la confianza la que nos sostiene cada día, la que nos mantiene en pie ante la mirada del Señor. La Confianza plena que se vuelve abandono en el amor, nos libera de los cálculos obsesivos, de la constante preocupación por el futuro, de los temores que quitan la paz. (cfr. Exhortación apostólica, C´est la confiance. Capítulo segundo).
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https://youtu.be/UHgwTLGtWCY