16 de marzo de 2026

UN IMPOSIBLE MORAL Padre Mario García Isaza


16 de marzo 2026. UN IMPOSIBLE MORAL Autor: Padre Mario García Isaza  c.m. Formador Seminario Mayor Arquidiócesis de Ibagué. 
Correo: magarisaz@hotmail.com     
“La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción…Desde el siglo primero la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza…permanece invariable…El aborto, querido como un fin o como un medio, es gravemente contario a la ley moralLa cooperación formal a un aborto constituye una falta grave…El derecho inalienable de todo ser humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil… (CEC, Números 2270- 2275)
 
“La FAMILIA es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor…La familia debe se ayuda y defendida mediante medidas sociales apropiadas…” ( CEC, 2204-2208)  “Nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natral …es algo que favorece a la sociedad; sucede todo lo contrario… Solo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena…Debemos reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo, por ejemplo, no pueden equipararse al matrimonio…” ( Papa Francisco, Exhortación Apostólica, “Amoris Laetitia, 52)
 
La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio…El Estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia.” (Constitución Política de Colombia, artículo, 42)
La ideología de género “…presenta una sociedad sin diferencia de sexo, vacía el fundamento antropológico de la familia… y lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal…radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre el hombre y la mujer…Es inquietante que algunas ideologías de este tipo…procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños” (Papa Francisco, Exhortación Apostólica, Amoris Laetitia, 56)
 
“Tenemos que ser portadores de la alegre noticia de que la vida, toda vida, desde el momento en que empieza, debe ser respetada, cuidada, protegida, amada, promovida. Solo este amor a la vida podrá salvar a nuestra patria de la situación angustiosa de muerte en que vivimos” (Conferencia episcopal, mensaje al pueblo colombiano, febrero de 1997)
 
Es claro, y así lo establece la doctrina social de la Iglesia, que un católico no puede, en conciencia, respaldar con su voto a quien profese ideas o promueva acciones políticas contrarias a la doctrina y a la moral cristiana. A la luz de estas enseñanzas, que para mí son convicciones inamovibles, hago la siguiente reflexión.
 
Voté, el ocho de marzo, en el tarjetón de las consultas, por la doctora Paloma Valencia. Ella, una vez elegida para ser candidata presidencial, ha escogido como compañero de fórmula en sus aspiraciones al señor Juan Manuel Oviedo. Desde el momento mismo en que lo supe, experimenté una desazón profunda; sentimiento que comparten y manifiestan muchísimos compatriotas que, como yo, encuentran incoherente la determinación tomada por la doctora Valencia; incoherente con los principios que decía profesar y defender.  Pienso que ella sacrificó los principios en aras de cálculos electorales.
 
 La hemos venido escuchando y viendo, ante el desconcierto provocado por su decisión, hacer cabriolas dialécticas para explicar y justificar lo que no tiene justificación; y en coro con su ahora coequipero político, hacer el inútil esfuerzo por convencernos de que no ha renunciado a nada de lo que pensaba y prometía…de que ella y él siguen siendo lo que han sido y profesando lo que han profesado, sin que eso sea óbice para trabajar unidos; todo eso suena falso, suena insostenible.   
 
Me he propuesto escuchar y analizar, en la forma más objetiva y tranquila, lo que el señor Oviedo representa, a partir de las declaraciones que viene haciendo, en respuesta a numerosas entrevistas que ha atendido. Al margen de la forma desenfadada y algo procaz en que habla de su identidad homosexual, el fondo de sus afirmaciones tiene una enorme gravedad, pensando en la inevitable influencia que tendría como vicepresidente en las políticas oficiales, e incluso en la posibilidad, así sea remota, de que en cualquier momento quede en sus manos la dirección del país por una eventual falta de la presidente.
 
Es, abiertamente, corifeo del aborto, que defiende como un derecho fundamental de la mujer; afirma que la ideología de género no existe, (¡), que es un intento de las élites de derecha para cerrar el camino a los diferentes…; propugna por las execrables e impúdicas acciones que buscan ideologizar a los niños en las escuelas y colegios, y ya lo hizo cuando tuvo participación en el Concejo de Bogotá; ha dicho que no es cierto que solo exista la familia constituida por varón y hembra, y en esa forma ridícula de hablar pretende equiparar con el  matrimonio establecido por la ley natural, otro tipo aberrante de uniones; defiende la adopción de niños hecha por parejas homosexuales.
 
Y, además, - ¡y en esto ya la señora Valencia ha coincidido con él! - defiende la pervivencia de ese infame e inmoral engendro que es la JEP, que en virtud de la gran traición del señor Santos y de la diabólica y criminal astucia de los bandidos de las FARC, a costa de billones de pesos birlados a los colombianos, ha pisoteado la justicia, ha canonizado la impunidad para los delitos más abominables, y ha premiado con gabelas jugosas a los peores criminales. Reitero que todo esto que afirmo del señor Oviedo está sacado de afirmaciones suyas de los últimos días.
 
Hoy, en virtud de lo establecido en el ordenamiento político, votamos por una “fórmula”. O sea que al apoyar a un candidato presidencial, damos también el voto por aquel que es su candidato a vicepresidente. Votar hoy por Paloma Valencia, es votar por Juan Manuel Oviedo. Y eso, a la luz de todo lo que vengo exponiendo, es para mí un imposible moral.