Misterio central de nuestra fe.
Evangelio domingo 31 de mayo 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez.
Arquidiócesis de Ibagué
“Tanto amó Dios
al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no
perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para
juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
San Gregorio de Nisa enseñaba
acertadamente: “Gracias al don de la Santísima Trinidad nos hacemos partícipes
de una fuerza vivificante. Nuestro segundo nacimiento cuando recibimos el
bautismo de nuestra vida cristiana es en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu. creemos en el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que es fuente de la
vida; y en el Hijo unigénito del Padre, que es el autor de la vida, según
afirma el Apóstol; y en el Espíritu Santo de Dios, del que dice el Señor: El
Espíritu es quien da vida.
Santo Tomás de Aquino el doctor
Angélico, enseñaba que: en la Transfiguración «apareció toda la Trinidad:
el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa». Cuenta
la historia que san Efrén compuso en el año 333 una lista en verso sobre
los títulos de la Santísima Virgen María. Decía el santo: “Eres el ser más
poderoso que existe, después de la Santísima Trinidad; la mediadora de
todos nosotros ante el mediador que es Cristo;
Nuestra Iglesia Católica nos
enseña que: El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la
fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es la fuente
de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la
enseñanza más fundamental y esencial en la "jerarquía de las verdades de
fe". "Toda la historia de la
salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los
cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela a los
hombres, los aparta del pecado y los reconcilia y une consigo"
La Trinidad es un misterio de fe
en sentido estricto, uno de los misterios escondidos en Dios, "que no
pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto" (Concilio
Vaticano I: DS 3015). Dios, ciertamente, ha dejado huellas de su ser trinitario
en su obra de Creación y en su Revelación a lo largo del Antiguo Testamento.
Pero la intimidad de su Ser como Trinidad Santa constituye un misterio
inaccesible a la sola razón e incluso a la fe de Israel antes de la Encarnación
del Hijo de Dios y el envío del Espíritu Santo. (cfr. Catecismo Iglesia
Católica, numerales 234 y 237).
El Papa Francisco nos enseñó que:
"La Trinidad nos enseña que no se puede estar nunca sin el otro. No
somos islas, estamos en el mundo para vivir a imagen de Dios: abiertos,
necesitados de los demás. (cfr. Ángelus, 12 de junio, 2022).
ORACIÓN A LA
SANTÍSIMA TRINIDAD
¡Oh, Dios mío,
trinidad adorable, ayúdame a olvidarme por entero para establecerme en ti!
¡Oh, mi Cristo
amado, crucificado por amor! Siento mi impotencia y te pido que me revistas de
ti mismo, que identifiques mi alma con todos los movimientos de tu alma; que me
sustituyas, para que mi vida no sea más que una irradiación de tu propia vida.
Ven a mí como adorador, como reparador y como salvador...
¡Oh fuego
consumidor, Espíritu de amor! Ven a mí, para que se haga en mi alma una como
encarnación del Verbo; que yo sea para él una humanidad sobreañadida en la que
él renueve todo su misterio.
Y tú, ¡oh,
Padre!, inclínate sobre tu criatura; no veas en ella más que a tu amado en el
que has puesto todas tus complacencias.
¡Oh mis tres, mi
todo, mi dicha, soledad infinita, inmensidad en que me pierdo! Me entrego a ti;
sepultaos en mi para que yo me sepulte en ti, en espera de ir a contemplar en
vuestra luz el abismo de vuestras grandezas. Fuente: (Beata Isabel de la
trinidad).
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