3 de abril de 2026

LA PASCUA CRISTIANA ES EL GRAN DÍA DE LA ESPERANZA Evangelio Sábado Santo 4 de abril 2026


LA PASCUA CRISTIANA ES EL GRAN DÍA DE LA ESPERANZA
Evangelio para la Vigilia Pascual del Sábado Santo. 4 de abril 2026. 
Padre Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué. 
“Pasado el sábado, al alborear el día siguiente, marcharon María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como de un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve
Los guardias temblaron de miedo ante él y se quedaron como muertos. El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres:
—Ustedes no tengan miedo; ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Vengan a ver el sitio donde estaba puesto. Marchen enseguida y digan a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de ustedes a Galilea: allí le verán. Miren que lo que les he dicho.
Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: —No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.” Palabra del Señor. Mateo 28, 1-10

Cristo necesariamente debía resucitar entre los muertos. La Sagrada Escritura nos permite saber que: los soldados buscaron el sepulcro para ver si estaba custodiado. Las mujeres madrugaron a visitar al Señor en el sepulcro, llevando consigo aromas. Pedro y Juan acudieron al sepulcro con desconcierto y esperanza. El resultado de todo este proceso es que el cuerpo no estaba allí. La muerte no tiene la última palabra. 

            Como católicos celebramos la Pascua en el ambiente de nuestra fe. Recordamos la resurrección de Jesucristo. Creemos que nuestro Maestro asumió el dolor y el sufrimiento, para la salvación del mundo. Resucitó, superando la muerte, el pecado y cualquier clase de tentación.
            La resurrección trae consigo los dones y las Gracias de Dios para la nueva vida del mundo: El primer don es la paz como Gracia de Dios y responsabilidad nuestra de cultivarla “Paz a vosotros”. El segundo don: Se inicia una misión, hombres y mujeres somos enviados a proclamar ese mensaje de reconciliación y unidad. El tercer don: El Espíritu Santo cumple la misión de darnos la sabiduría y la fortaleza para continuar la obra que Cristo dejó.

             El cuarto don: El poder de perdonar pecados emana del resucitado. Los pecados se perdonan en nombre de Cristo.
            El Papa Francisco, nos enseña que la Pascua es un día de esperanza y alegría, que marca el triunfo de la vida sobre la muerte. Es un día para dejar atrás el pasado y mirar hacia el futuro con confianza.  Pascua, que significa “paso”, porque en Jesús se realizó el paso decisivo de la humanidad: de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, del miedo a la confianza, de la desolación a la comunión.  Nuestra esperanza ya no se estrella contra el muro de la muerte; el Señor nos ha abierto un puente hacia la vida. en Pascua el destino del mundo cambió. (cfr. Mensaje Urbi et Orbi, 9 de abril, 2023).

 En el Sábado Santo rendimos homenaje a la Santísima Virgen María nuestra querida madre del cielo, madre de Dios, madre de la Iglesia. Ella es la Virgen del silencio, del dolor, del sufrimiento. El Papa Benedicto XVI decía: «El Sábado Santo es el día del ocultamiento de Dios, “¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad, porque el Rey duerme (...) Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción a los infiernos” (Homilía sobre el Sábado Santo: PG 43, 439)».

 El Santo Evangelio nos recuerda: “Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. (cfr. Juan 19, 25-30. 
María Santísima es el modelo de la Fe, la Esperanza y la caridad. Es la virgen Oyente, es la virgen Orante, es la virgen Madre, es la discípula por excelencia, es Madre y es discípula. María es el modelo perfecto de la santidad: Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña (Papa Francisco). 

ORACIÓN A NUESTRA MADRE DE LOS DOLORES

María, Madre de los Dolores, mujer del sábado que, en silencio, desgarrada por el dolor, has seguido a tu Hijo Jesús hasta la Cruz, permanece junto a nosotros, que hemos sido hechos hijos tuyos por tu Hijo.

Guárdanos y defiéndenos bajo tu manto, mientras esperamos el nuevo día, el día de la resurrección de tu Hijo. María, Madre Dolorosa, mujer del sábado, ayúdanos a vivir este tiempo de cruz y silencio.

Del mismo modo en que tú, Virgen Madre, permaneciste de pie bajo la cruz de tu Hijo, y supiste custodiar en la espera a los discípulos de tu Hijo Jesús, ayúdanos hoy así también a nosotros a vivir a la espera de un tiempo bueno, aprendiendo a no desperdiciar esta experiencia de pasión.

María, Madre de los Dolores, Mujer del Sábado, Cuídanos y defiéndenos, ruega por nosotros ahora y siempre. Amén. (Oración de A.V).   

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