El adviento de María
está marcado por las virtudes teologales.
“Custodiaba todas
estas cosas, meditándolas en su Corazón”. (Lucas 2,19).
Con motivo del
mes de mayo en nuestra Iglesia Católica, podemos reflexionar sobre la
importancia de la Virgen María, en la historia bíblica, en la historia
eclesial, en el Concilio Vaticano II. Durante los días sábados: 2, 9, 16, 23 y
30 de Mayo año 2026
¿QUIÉN ES LA
VIRGEN MARÍA?
Reflexionemos el sábado
2 de mayo año 2026
MARIA ES LA
VIRGEN OYENTE
La que escucha y
acoge la Palabra de Dios. También la Iglesia escucha con fe, acoge y distribuye
la Palabra a los fieles como pan de vida. (Marialis Cultus. 17)
MARIA ES LA
VIRGEN ORANTE
La oración por
excelencia de María es el Magnificat, y en Caná en favor de los necesitados. Y
luego con la primera comunidad de Jerusalén. Virgen Orante es también la
Iglesia que cada día presenta al Padre las necesidades de sus hijos (Marialis
Cultus.18)
MARIA ES LA
VIRGEN MADRE
Es una prodigiosa
maternidad por obra del Espíritu, constituida por Dios como “tipo” y “ejemplar”
de la fecundidad de la Virgen Iglesia, - Iglesia Madre e Iglesia hija.
(Marialis Cultus 19)
MARÍA ES
DISCÍPULA POR EXCELENCIA
Quizás, todo
empezó cuando “envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada
Nazaret, a una virgen prometida con un hombre llamado José, de la familia de
David; la virgen se llamaba María”. Y a su anuncia Ella, libre y
voluntariamente, respondió “aquí tienes a la esclava del Señor, que se cumpla
en mí tu palabra”.
María es madre
y es discípula; y este “catecumenado” de María empieza bien temprano, prácticamente desde el nacimiento del
Hijo, María va creciendo en su condición de Primera Cristiana, mientras medita
en su corazón todo aquello que le va pasando. (cf. Lucas 1,29).
El Adviento de la
Virgen María está marcado por las tres grandes virtudes teologales: Fe,
Esperanza y Caridad
MARÍA ES MODELO
DE FE
La Virgen Santísima, tuvo una fe
ejemplar. No ha existido criatura alguna que se pueda comparar a la fe de
Nuestra Madre, ya que su vida requirió de su corazón una fe heroica capaz de
poder responder en plenitud al misterio al cual se le llamó y en el cual
siempre viviría.
Según el Evangelista San Lucas, la Virgen María se mueve exclusivamente en
el ámbito de la fe. Fe para creer que su Hijo, sería llamado hijo del Altísimo.
El Dios hecho hombre, la Palabra encarnada
La
fe se convierte para María en la única medida para abrazar no solo su propio
misterio, sino el de su mismo hijo: un puro don que Dios le ha dado no para su
gozo o su exaltación, sino para el bien de todo.
«Por la fe, María acogió la palabra
del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia
de su entrega (cfr. Lucas 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de
alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a
Él (cfr. Lucas 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo,
manteniendo intacta su virginidad (cfr. Lucas 2, 6-7).
Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la
persecución de Herodes (cfr. Mateo 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor
en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cfr. Juan 19, 25-27).
Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos
los recuerdos en su corazón (cfr. Lucas 2, 19.51), los transmitió a los Doce,
reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cfr. Hechos 1,
14; 2, 1-4)» (Benedicto XVI, Motu proprio Porta fidei, 11-X-2011, numeral 13.)
La Virgen es maestra de fe. Todo el despliegue de la fe en la existencia
tiene su prototipo en Santa María: el compromiso con Dios y el conformar las
circunstancias de la vida ordinaria a la luz de la fe, también en los momentos
de oscuridad. Nuestra Madre nos enseña a estar totalmente abiertos al querer
divino «incluso si es misterioso, también si a menudo no corresponde al propio
querer y es una espada que traspasa el alma, como dirá proféticamente el
anciano Simeón a María, en el momento de la presentación de Jesús en el Templo
(cfr. Lucas 2, 35)» (Benedicto XVI, Audiencia general, 19-XII-2012.)
MARÍA ES MODELO
DE LA MATERNIDAD DE LA IGLESIA
«La santísima
Virgen, por el don y la función de ser Madre de Dios, por la que está unida al
Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y funciones, está también
íntimamente unida a la Iglesia» (Lumen Gentium, numeral 63).
«Por su fe y su obediencia engendró
en la tierra al Hijo mismo del Padre, ciertamente sin conocer varón, cubierta
con la sombra del Espíritu Santo, como nueva Eva, prestando fe no adulterada
por ninguna duda al mensaje de Dios, y no a la antigua serpiente»
«Dio a luz al Hijo, al que Dios
constituyó el mayor de muchos hermanos (cfr. Romanos 8, 29), es decir, de los
creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre»
Las dos madres, la Iglesia y María,
son esenciales para la vida cristiana. Se podría decir que una ejerce una
maternidad más objetiva, y la otra más interior.
La Iglesia actúa como madre en la predicación de la palabra de Dios, en la
administración de los sacramentos, y en particular en el bautismo, en la
celebración de la Eucaristía y en el perdón de los pecados”. (cfr. San Juan
Pablo II, Audiencia, 13 de agosto, 1997).
MARÍA ES MODELO
DE VIRTUDES
Amor, humildad, Fe y aceptación de
la Palabra de Dios, obediencia generosa, caridad solícita, sabiduría, piedad,
paciencia, fortaleza en el dolor, confianza en el Señor, Esperanza.
Reflexionemos el sábado
9 de mayo año 2026
La Iglesia afirma
que existen Dogmas Marianos. Es decir
verdades de la fe que son irrefutables y que forman parte de lo que creemos y
de cómo debemos vivir y celebrar nuestra fe, en particular, lo relacionado a la
veneración Mariana. Durante la historia de la Iglesia se han discernido y
decretado cuatro Dogmas Marianos.
LA INMACULADA
CONCEPCIÓN DE MARÍA
"La
bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha del pecado
original en el primer instante de su concepción por singular gracia y
privilegio de Dios omnipotente a los méritos de Jesucristo Salvador del género
humano" (Papa Pío IX en el año 1854).
Jesucristo, el Salvador prometido (Gen 2,15; Isaías 11,2), por necesidad
tendría que venir a nosotros mediante un acto purísimo, libre de todo defecto o
pecado (Filipenses 2,6-7) (cfr. Catecismo, numeral 490).
VIRGINIDAD
PERPETUA DE MARÍA
Es el dogma
mariano más antiguo de la Iglesia, según el cual María fue virgen antes,
durante y después del parto y no tuvo otros hijos. Afirma la "real y
perpetua virginidad incluso en el acto de dar a luz el Hijo de Dios hecho
hombre".
El en concilio de
Constantinopla (año 553) le otorgó a María el título de "virgen
perpetua" (Cfr. Catecismo, numeral 449).
María es virgen
porque su virginidad es el signo de su fe no adulterada por duda alguna (cfr. Lumen
Gentium 63) y de su entrega total a la voluntad de Dios (cfr. 1 Corintios 7,
34-35). Su fe es la que le hace llegar a ser la madre del Salvador. (Catecismo,
numeral 506).
ASUNCIÓN DE LA
VIRGEN MARÍA
La Virgen
Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el
curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del
cielo y enaltecida por Dios como Reina del Universo, para ser confirmada más
plenamente a su Hijo" (Catecismo de la Iglesia Católica 966).
Este
dogma fue proclamado por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 por medio de
la Constitución Munificentissimus Deus.
San Juan Pablo II nos enseñaba: El
dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de
su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los
cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo
se anticipó por singular privilegio.
El Nuevo Testamento, aun sin afirmar
explícitamente la Asunción de María, ofrece su fundamento, porque pone muy bien
de relieve la unión perfecta de la santísima Virgen con el destino de Jesús.
Esta unión, que se manifiesta ya desde la prodigiosa concepción del Salvador,
en la participación de la Madre en la misión de su Hijo y, sobre todo, en su
asociación al sacrificio redentor, no puede por menos de exigir una
continuación después de la muerte. María, perfectamente unida a la vida y a la
obra salvífica de Jesús, compartió su destino celeste en alma y cuerpo. (cfr.
Audiencia Papal, 2 de julio, 1997).
MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA
“La Virgen María
sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”. El Papa Clementino, en el
concilio de Éfeso lo expresó así: "Si alguno no confesare que el Emmanuel
(Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre
de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea
anatema".
María es a la vez virgen y madre
porque ella es la figura y la más perfecta realización de la Iglesia (cfr. Lumen
Gentium, 63): "La Iglesia [...] se convierte en Madre por la palabra de
Dios acogida con fe, ya que, por la predicación y el bautismo, engendra para
una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y
nacidos de Dios. También ella es virgen que guarda íntegra y pura la fidelidad
prometida al Esposo" (Lumen Gentium, 64). (Catecismo, numeral 507).
Reflexionemos el
sábado
16 de mayo año 2026
El Papa Benedicto
XVI enseñaba:
El título de
Madre de Dios, es por consiguiente, el apelativo fundamental con que la
comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen
santísima.
Expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación. Todos
los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre
del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la
salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.
Del título de "Madre de
Dios" derivan luego todos los demás títulos con los que la Iglesia honra a
la Virgen, pero este es el fundamental. Pensemos en el privilegio de la
"Inmaculada Concepción", es decir, en el hecho de haber sido inmune
del pecado desde su concepción.
María fue preservada de toda mancha
de pecado, porque debía ser la Madre del Redentor. Lo mismo vale con respecto a
la "Asunción": no podía estar sujeta a la corrupción que deriva del
pecado original la Mujer que había engendrado al Salvador.
Por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de
nosotros, que somos miembros del Cuerpo místico de Cristo. Desde la cruz Jesús
encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo, encomendó
a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre. El evangelista san Juan
concluye el breve y sugestivo relato con las palabras: "Y desde aquella
hora el discípulo la acogió en su casa" (Juan 19, 27). (cfr. Audiencia
Papal, 2 de enero, 2008).
HISTÓRICAMENTE
CONOCEMOS LOS SIGUIENTES TÍTULOS EN LA VIRGEN MARÍA
María es Madre de
Dios, Madre de la Iglesia, María Reina
Otros títulos
podrían ser: María Madre Espiritual
María Mediadora
Universal, Arca de la Alianza Educadora del Hijo de Dios Esperanza de la
Iglesia y de la humanidad Nueva Eva Hija de Sión Icono de la Iglesia Inmaculada
Concepción Intercesora Celestial María Abogada María Auxiliadora Madre de la
Unidad y la Esperanza Santa Virgen de las Vírgenes
Madre de Cristo María,
de los hombres Madre de la Divina Gracia Madre purísima Madre castísima Madre
siempre virgen Madre inmaculada Madre amable Madre admirable Madre del buen
consejo Madre del creador Madre del salvador Madre de la misericordia Virgen
prudentísima
Virgen digna de
veneración Virgen digna de alabanza Virgen poderosa Virgen clemente Virgen fiel
Espejo de justicia Trono de sabiduría Causa de nuestra alegría Vaso espiritual Vaso
digno de honor Vaso digno de devoción Rosa mística Torre de David Torre de
marfil Casa de oro Arca de la Alianza Puerta del cielo Estrella de la mañana Salud
de los enfermos
Refugio de los
pecadores Consoladora de los afligidos Auxilio de los cristianos Reina de los
Ángeles Reina de los Patriarcas Reina de los Profetas Reina de los Apóstoles Reina
de los Mártires Reina de los Confesores Reina de las Vírgenes Reina de todos
los Santos Reina concebida sin pecado original Reina asunta a los Cielos Reina
del Santísimo Rosario Reina de la familia Reina de la paz
Reflexionemos el
sábado
23 de mayo año 2026
La primera profecía referente a María se encuentra en los capítulos
iniciales del Libro del Génesis 3, 15): "Pondré enemistad entre ti y la
mujer, y entre tu linaje y el suyo; ella te aplastará la cabeza y tú estarás al
acecho de su talón".
La segunda profecía la podemos
meditar en el profeta Isaías en el segundo Vaticinio a Ajaz. Dice la Escritura:
Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a
los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un
signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con
el nombre de Emanuel. Él se alimentará de leche cuajada y miel, cuando ya sepa
desechar lo malo y elegir lo bueno. Porque antes de que el niño sepa desechar
lo malo y elegir lo bueno, quedará abandonada la tierra de esos dos reyes”.
(Isaías 7, 13-16)
La tercera profecía referente se
encuentra en el profeta Miqueas contemporáneo de Isaías: Dice el escrito: "Y
tú, Belén de Efrata, pequeño para ser contado entre las familias de Judá, de ti
me saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes vienen del comienzo, de los
días de la eternidad. Los entregará hasta el tiempo en que la que ha de parir
parirá, y el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel". (Miqueas
5, 2-3)
SAN JUAN PABLO II
ENSEÑÓ:
El Evangelio según san Lucas nos
proporciona una buena cantidad de datos sobre la vida y la presencia de la
Santísima Virgen María en la historia de la salvación. Así lo expresaba san
Juan Pablo II diciendo: Lucas, en el evangelio de la infancia, con los
episodios de la Anunciación, la Visitación, el nacimiento de Jesús, la
presentación del Niño en el templo y su encuentro entre los doctores a la edad
de doce años no sólo proporciona algunos datos importantes, sino que presenta
una especie de proto mariología de fundamental interés.
San Mateo
completa indirectamente esos datos en el relato sobre el anuncio a José (cf. Mateo
1, 18-25), pero sólo en relación con la concepción virginal de Jesús.
El evangelio de Juan, además, profundiza el valor histórico-salvífico del
papel que desempeña la Madre de Jesús, cuando refiere que se hallaba presente
al comienzo y al final de la vida pública. Particularmente significativa es la
intervención de María al pie de la cruz, donde recibe de su Hijo agonizante la
misión de ser madre del discípulo amado y, en él, de todos los cristianos (cf.
Juan 2, 1-12 y Juan 19, 25-27).
Los Hechos de los Apóstoles, por último, recuerdan expresamente a la Madre
de Jesús entre las mujeres de la primera comunidad, que esperaban Pentecostés
(cf. Hechos 1, 14). (cfr. Audiencia Papal, 8 de noviembre, 1995).
María Santísima
cumple perfectamente su misión:
Llamada por Dios para cumplir la misión de ser Madre y esposa.
María es
Agradable a los ojos de Dios: “Cómo es posible eso si yo no conozco varón.
(cf. Lucas 1,34)
María es modelo que quien hace la
voluntad de Dios: “Hágase en mí según tu Palabra” (Lucas 1,38)
María confía en su Hijo y se preocupa por los
demás. (cf. Juan 2,1-5).
María Asume el dolor de su Hijo, gana el título de Corredentora “Ahí tienes
a tu Madre” (cfr. Juan19, 27)
María
responde a la misión encomendada. Acompañó siempre a los apóstoles.
(cf. Hechos 1,14)
María
Santísima se conserva como una mujer virtuosa:
1) Es una persona
de fe y acepta la palabra de Dios.
2) Se destaca por
ser obediente y muy generosa.
3) La caridad es
la bandera de la Virgen (cfr. Lucas 1,39-45).
4) María goza de
ser sabia, se deja guiar por el Espíritu de Dios.
5) María es una
mujer de oración.
6) María enseña
la paciencia y la fortaleza ante el dolor. (cfr. Juan 19,25).
7) María disfruta
de su pobreza y confianza en el Señor. (cfr. Lucas 2,7).
8) Siempre una
mujer de la Esperanza (cfr. Eclesiástico 24,24).
9) María es
humilde frente a la misión que le encomendó Dios. (cfr. Lucas 1,38). 9)
10) María vive en
castidad y pureza (cfr. Lucas 1,27-34).
11) María es
prudente, sabe agradarle a Dios (cfr. Lucas 2, 46-51).
Reflexionemos el
sábado
30 de mayo año 2026
El Papa Francisco, propone seguir las enseñanzas de María Santísima, quien
fue la fiel cumplidora de las bienaventuranzas: “Quiero que María corone estas
reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella
es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo
en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos,
la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña.
Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos
sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La
Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos
demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios
te salve, María…». (Gaudete et Exsultate, 176)
“Lejos de querer entender o
adueñarse de la situación, María es la mujer que sabe conservar, es decir
proteger, custodiar en su corazón el paso de Dios en la vida de su Pueblo.
Desde sus entrañas aprendió a escuchar el latir del corazón de su Hijo y eso le
enseñó, a lo largo de toda su vida, a descubrir el palpitar de Dios en la
historia... (Vaticano 1 de enero 2017).
“María es la que
sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres
pañales y una montaña de ternura. Ella es la esclavita del Padre que se
estremece en la alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el
vino en nuestras vidas... (Papa Francisco. Evangelii Gaudium 286).
“Porque cada vez
que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del
cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los
débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse
importantes. (Papa Francisco. Evangelii
Gaudium 288).
Para crecer en la ternura, en la caridad
respetuosa y delicada, nosotros tenemos un modelo cristiano a quien dirigir con
seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús y Madre nuestra, atenta a la voz
de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos.
María, animada
por la divina misericordia, que en ella se hace carne, se olvida de sí misma, y
con ternura va al encuentro de los necesitados. Por eso es la Madre de todos
los enfermos y de todos los que sufren (…) El que está bajo la cruz con María,
aprende a amar como Jesús”. (Papa Francisco. Mensaje para la Jornada Mundial
del Enfermo 2014).
UNA ACTITUD
FUNDAMENTAL DE MARÍA SANTÍSIMA, ES QUE: ESCUCHA, DECIDE Y ACTÚA.
María Escucha:
María escucha también los hechos, es decir, lee los acontecimientos de su vida,
está atenta a la realidad concreta y no se detiene en la superficie, sino que
va a lo profundo, para captar el significado. Su pariente Isabel, que ya es
anciana, espera un hijo (cfr. 136): éste es el hecho. Pero María está atenta al
significado, lo sabe captar: «Para Dios nada hay imposible» (Lucas 1, 37).
De acuerdo a las
bodas de Caná (cf. Juan 2, 1-11).
María Decide: ve
y comprende la dificultad de los dos jóvenes esposos a quienes falta el vino en
la fiesta, reflexiona y sabe que Jesús puede hacer algo, y decide dirigirse al
Hijo para que intervenga: «No tienen vino» (cf. v. 3).
María Actúa:
María no tiene prisa, no se deja atrapar por el momento, no se deja arrastrar
por los acontecimientos. Pero cuando tiene claro lo que Dios le pide, lo que
debe hacer, no se detiene, no se demora, sino que va «deprisa». (Papa Francisco, Vaticano 31 de mayo 2013).
MARÍA SANTÍSIMA
NOS ACOMPAÑA
EN LOS MOMENTOS CRÍTICOS DE NUESTRA VIDA.
Ella misma los
vivió, acompañando y colaborando en la vida de su Hijo Jesús: Primero: el nacimiento de Jesús. «No
había un lugar para ellos» (Lucas 2,7). No tenían una casa, una habitación para
recibir a su hijo. No había espacio para que pudiera dar a luz. Tampoco familia
cercana: estaban solos. El único lugar disponible era una cueva de animales.
Segundo momento:
la huida a Egipto. Tuvieron que irse, exiliarse. Ahí no solo no tenían un
espacio, ni familia, sino que incluso sus vidas corrían peligro. Tuvieron que
marcharse a tierra extranjera. Fueron migrantes perseguidos por la codicia y la
avaricia del emperador. (cfr. Mateo 2, 13-15).
Tercer momento:
la muerte en la cruz. No debe existir una situación más difícil para una madre
que acompañar la muerte de su hijo. Son momentos desgarradores. Ahí vemos a
María, al pie de la cruz, como toda madre, firme, sin abandonar, acompañando a
su Hijo hasta el extremo de la muerte y muerte de cruz. (cfr. Juan 19,
25-27). (Papa Francisco, Paraguay, Junio
del 2015).
EL SECRETO A VOCES DE LOS SANTOS. ES LA
SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.
Ha sido la que
mejor supo asimilar la vida y doctrina de Jesucristo. Jesús mismo en su agonía
en la cruz, no se reservó nada para Él y nos dio a su buena Madre.
Para imitar las
enseñanzas de Jesús debemos primero conocerlo, y quién mejor que María, nadie
conoce tanto a un hijo que su misma Madre. Es ella la que hace que nuestra
relación con Dios sea más cercana.
La humildad no es
sinónimo de debilidad, aunque una
espada atravesó su corazón. La firmeza de María a los pies de la cruz
nos enseña que la fe nos fortalece en los momentos de angustia. (San Pablo VI).
María es el
camino más seguro, el más corto y el más perfecto para ir a Jesús.”
(Marcelino Champagnat).
María es dichosa
también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el
cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo”
(san Agustín de
Hipona)
En María está la
plenitud de la Gracia y de todo bien. (san Francisco de Asís)
Nunca tengas miedo de amar demasiado a la
Virgen (san Maximiliano Kolbe).
La grandeza de
María reside en su humildad. Tenemos muchos que aprender de ella.
(Santa Teresa de
Calcuta)
Con la práctica
fiel de las virtudes más humildes y sencillas, has hecho Madre mía, visible a
todos el camino recto del Cielo” (santa Teresa de Lisieux).
La devoción y el
amor a María Santísima es una gran protección y un arma poderosa contra las
asechanzas del demonio” (san Juan Bosco).
No temen tanto
los soldados un copioso ejército de enemigos como teme el poder del infierno al
oír el nombre de María”.
“Entre todos los
homenajes que se deben a la Madre de Dios no conozco ninguno más agradable que
el Santo Rosario” – San Alfonso María Ligorio.





