19 de abril de 2026

HONRAMOS A MARÍA SANTÍSIMA Mes de Mayo año 2026


MARÍA SANTÍSIMA MODELO DE FE, ESPERANZA Y CARIDAD.
El adviento de María está marcado por las virtudes teologales.
“Custodiaba todas estas cosas, meditándolas en su Corazón”. (Lucas 2,19).
Con motivo del mes de mayo en nuestra Iglesia Católica, podemos reflexionar sobre la importancia de la Virgen María, en la historia bíblica, en la historia eclesial, en el Concilio Vaticano II. Durante los días sábados: 2, 9, 16, 23 y 30 de Mayo año 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué. 
 
 
¿QUIÉN ES LA VIRGEN MARÍA?
Reflexionemos el sábado 2 de mayo año 2026
 
MARIA ES LA VIRGEN OYENTE
La que escucha y acoge la Palabra de Dios. También la Iglesia escucha con fe, acoge y distribuye la Palabra a los fieles como pan de vida. (Marialis Cultus. 17)
 
MARIA ES LA VIRGEN ORANTE
La oración por excelencia de María es el Magnificat, y en Caná en favor de los necesitados. Y luego con la primera comunidad de Jerusalén. Virgen Orante es también la Iglesia que cada día presenta al Padre las necesidades de sus hijos (Marialis Cultus.18)
                       
MARIA ES LA VIRGEN MADRE
Es una prodigiosa maternidad por obra del Espíritu, constituida por Dios como “tipo” y “ejemplar” de la fecundidad de la Virgen Iglesia, - Iglesia Madre e Iglesia hija. (Marialis Cultus 19)
 
MARÍA ES DISCÍPULA POR EXCELENCIA
Quizás, todo empezó cuando “envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen prometida con un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María”. Y a su anuncia Ella, libre y voluntariamente, respondió “aquí tienes a la esclava del Señor, que se cumpla en mí tu palabra”.
 
María es madre y es discípula; y este “catecumenado” de María empieza bien temprano, prácticamente desde el nacimiento del Hijo, María va creciendo en su condición de Primera Cristiana, mientras medita en su corazón todo aquello que le va pasando. (cf. Lucas 1,29).
 
El Adviento de la Virgen María está marcado por las tres grandes virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad
 
MARÍA ES MODELO DE FE
            La Virgen Santísima, tuvo una fe ejemplar. No ha existido criatura alguna que se pueda comparar a la fe de Nuestra Madre, ya que su vida requirió de su corazón una fe heroica capaz de poder responder en plenitud al misterio al cual se le llamó y en el cual siempre viviría.
Según el Evangelista San Lucas, la Virgen María se mueve exclusivamente en el ámbito de la fe. Fe para creer que su Hijo, sería llamado hijo del Altísimo. El Dios hecho hombre, la Palabra encarnada
            La fe se convierte para María en la única medida para abrazar no solo su propio misterio, sino el de su mismo hijo: un puro don que Dios le ha dado no para su gozo o su exaltación, sino para el bien de todo.
 
            «Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cfr. Lucas 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cfr. Lucas 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cfr. Lucas 2, 6-7).  
 
Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cfr. Mateo 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cfr. Juan 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cfr. Lucas 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cfr. Hechos 1, 14; 2, 1-4)» (Benedicto XVI, Motu proprio Porta fidei, 11-X-2011, numeral 13.)
 
La Virgen es maestra de fe. Todo el despliegue de la fe en la existencia tiene su prototipo en Santa María: el compromiso con Dios y el conformar las circunstancias de la vida ordinaria a la luz de la fe, también en los momentos de oscuridad. Nuestra Madre nos enseña a estar totalmente abiertos al querer divino «incluso si es misterioso, también si a menudo no corresponde al propio querer y es una espada que traspasa el alma, como dirá proféticamente el anciano Simeón a María, en el momento de la presentación de Jesús en el Templo (cfr. Lucas 2, 35)» (Benedicto XVI, Audiencia general, 19-XII-2012.)
 
MARÍA ES MODELO DE LA MATERNIDAD DE LA IGLESIA
«La santísima Virgen, por el don y la función de ser Madre de Dios, por la que está unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y funciones, está también íntimamente unida a la Iglesia» (Lumen Gentium, numeral 63).
            «Por su fe y su obediencia engendró en la tierra al Hijo mismo del Padre, ciertamente sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo, como nueva Eva, prestando fe no adulterada por ninguna duda al mensaje de Dios, y no a la antigua serpiente»
            «Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos (cfr. Romanos 8, 29), es decir, de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre»
            Las dos madres, la Iglesia y María, son esenciales para la vida cristiana. Se podría decir que una ejerce una maternidad más objetiva, y la otra más interior.
La Iglesia actúa como madre en la predicación de la palabra de Dios, en la administración de los sacramentos, y en particular en el bautismo, en la celebración de la Eucaristía y en el perdón de los pecados”. (cfr. San Juan Pablo II, Audiencia, 13 de agosto, 1997).
 
MARÍA ES MODELO DE VIRTUDES
            Amor, humildad, Fe y aceptación de la Palabra de Dios, obediencia generosa, caridad solícita, sabiduría, piedad, paciencia, fortaleza en el dolor, confianza en el Señor, Esperanza.
 
 

PENSEMOS EN LOS DOGMAS MARIANOS
Reflexionemos el sábado 
9 de mayo año 2026
 
La Iglesia afirma que existen Dogmas Marianos.  Es decir verdades de la fe que son irrefutables y que forman parte de lo que creemos y de cómo debemos vivir y celebrar nuestra fe, en particular, lo relacionado a la veneración Mariana. Durante la historia de la Iglesia se han discernido y decretado cuatro Dogmas Marianos.
 
LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
"La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha del pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano" (Papa Pío IX en el año 1854).
Jesucristo, el Salvador prometido (Gen 2,15; Isaías 11,2), por necesidad tendría que venir a nosotros mediante un acto purísimo, libre de todo defecto o pecado (Filipenses 2,6-7) (cfr. Catecismo, numeral 490).
           
VIRGINIDAD PERPETUA DE MARÍA
Es el dogma mariano más antiguo de la Iglesia, según el cual María fue virgen antes, durante y después del parto y no tuvo otros hijos. Afirma la "real y perpetua virginidad incluso en el acto de dar a luz el Hijo de Dios hecho hombre".
El en concilio de Constantinopla (año 553) le otorgó a María el título de "virgen perpetua" (Cfr. Catecismo, numeral 449). 
María es virgen porque su virginidad es el signo de su fe no adulterada por duda alguna (cfr. Lumen Gentium 63) y de su entrega total a la voluntad de Dios (cfr. 1 Corintios 7, 34-35). Su fe es la que le hace llegar a ser la madre del Salvador. (Catecismo, numeral 506).
 
ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
La Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del Universo, para ser confirmada más plenamente a su Hijo" (Catecismo de la Iglesia Católica 966).
            Este dogma fue proclamado por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 por medio de la Constitución Munificentissimus Deus.
            San Juan Pablo II nos enseñaba: El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio.
 
            El Nuevo Testamento, aun sin afirmar explícitamente la Asunción de María, ofrece su fundamento, porque pone muy bien de relieve la unión perfecta de la santísima Virgen con el destino de Jesús. Esta unión, que se manifiesta ya desde la prodigiosa concepción del Salvador, en la participación de la Madre en la misión de su Hijo y, sobre todo, en su asociación al sacrificio redentor, no puede por menos de exigir una continuación después de la muerte. María, perfectamente unida a la vida y a la obra salvífica de Jesús, compartió su destino celeste en alma y cuerpo. (cfr. Audiencia Papal, 2 de julio, 1997).
 
  MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA
“La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”. El Papa Clementino, en el concilio de Éfeso lo expresó así: "Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema".
            María es a la vez virgen y madre porque ella es la figura y la más perfecta realización de la Iglesia (cfr. Lumen Gentium, 63): "La Iglesia [...] se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicación y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. También ella es virgen que guarda íntegra y pura la fidelidad prometida al Esposo" (Lumen Gentium, 64). (Catecismo, numeral 507).  
 
 

PENSEMOS EN LOS TÍTULOS MARIANOS.
Reflexionemos el sábado
16 de mayo año 2026  

El Papa Benedicto XVI enseñaba:
El título de Madre de Dios, es por consiguiente, el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen santísima.
Expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación. Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.
            Del título de "Madre de Dios" derivan luego todos los demás títulos con los que la Iglesia honra a la Virgen, pero este es el fundamental. Pensemos en el privilegio de la "Inmaculada Concepción", es decir, en el hecho de haber sido inmune del pecado desde su concepción.
 María fue preservada de toda mancha de pecado, porque debía ser la Madre del Redentor. Lo mismo vale con respecto a la "Asunción": no podía estar sujeta a la corrupción que deriva del pecado original la Mujer que había engendrado al Salvador.
 
Por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo místico de Cristo. Desde la cruz Jesús encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo, encomendó a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre. El evangelista san Juan concluye el breve y sugestivo relato con las palabras: "Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa" (Juan 19, 27). (cfr. Audiencia Papal, 2 de enero, 2008).
 
HISTÓRICAMENTE CONOCEMOS LOS SIGUIENTES TÍTULOS EN LA VIRGEN MARÍA
María es Madre de Dios, Madre de la Iglesia, María Reina
 
Otros títulos podrían ser:  María Madre Espiritual
María Mediadora Universal, Arca de la Alianza Educadora del Hijo de Dios Esperanza de la Iglesia y de la humanidad Nueva Eva Hija de Sión Icono de la Iglesia Inmaculada Concepción Intercesora Celestial María Abogada María Auxiliadora Madre de la Unidad y la Esperanza Santa Virgen de las Vírgenes
 
Madre de Cristo María, de los hombres Madre de la Divina Gracia Madre purísima Madre castísima Madre siempre virgen Madre inmaculada Madre amable Madre admirable Madre del buen consejo Madre del creador Madre del salvador Madre de la misericordia Virgen prudentísima
 
Virgen digna de veneración Virgen digna de alabanza Virgen poderosa Virgen clemente Virgen fiel Espejo de justicia Trono de sabiduría Causa de nuestra alegría Vaso espiritual Vaso digno de honor Vaso digno de devoción Rosa mística Torre de David Torre de marfil Casa de oro Arca de la Alianza Puerta del cielo Estrella de la mañana Salud de los enfermos
 
Refugio de los pecadores Consoladora de los afligidos Auxilio de los cristianos Reina de los Ángeles Reina de los Patriarcas Reina de los Profetas Reina de los Apóstoles Reina de los Mártires Reina de los Confesores Reina de las Vírgenes Reina de todos los Santos Reina concebida sin pecado original Reina asunta a los Cielos Reina del Santísimo Rosario Reina de la familia Reina de la paz
 

LA VIRGEN MARÍA SEGÚN LA SAGRADA ESCRITURA Lucas 2, 26-34
Reflexionemos el sábado 
23 de mayo año 2026

La primera profecía referente a María se encuentra en los capítulos iniciales del Libro del Génesis 3, 15): "Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; ella te aplastará la cabeza y tú estarás al acecho de su talón".
 
            La segunda profecía la podemos meditar en el profeta Isaías en el segundo Vaticinio a Ajaz. Dice la Escritura: Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel. Él se alimentará de leche cuajada y miel, cuando ya sepa desechar lo malo y elegir lo bueno. Porque antes de que el niño sepa desechar lo malo y elegir lo bueno, quedará abandonada la tierra de esos dos reyes”. (Isaías 7, 13-16)
 
    La tercera profecía referente se encuentra en el profeta Miqueas contemporáneo de Isaías: Dice el escrito: "Y tú, Belén de Efrata, pequeño para ser contado entre las familias de Judá, de ti me saldrá quien señoreará en Israel, cuyos orígenes vienen del comienzo, de los días de la eternidad. Los entregará hasta el tiempo en que la que ha de parir parirá, y el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel". (Miqueas 5, 2-3)
           
SAN JUAN PABLO II ENSEÑÓ:
            El Evangelio según san Lucas nos proporciona una buena cantidad de datos sobre la vida y la presencia de la Santísima Virgen María en la historia de la salvación. Así lo expresaba san Juan Pablo II diciendo: Lucas, en el evangelio de la infancia, con los episodios de la Anunciación, la Visitación, el nacimiento de Jesús, la presentación del Niño en el templo y su encuentro entre los doctores a la edad de doce años no sólo proporciona algunos datos importantes, sino que presenta una especie de proto mariología de fundamental interés.
 
San Mateo completa indirectamente esos datos en el relato sobre el anuncio a José (cf. Mateo 1, 18-25), pero sólo en relación con la concepción virginal de Jesús.
El evangelio de Juan, además, profundiza el valor histórico-salvífico del papel que desempeña la Madre de Jesús, cuando refiere que se hallaba presente al comienzo y al final de la vida pública. Particularmente significativa es la intervención de María al pie de la cruz, donde recibe de su Hijo agonizante la misión de ser madre del discípulo amado y, en él, de todos los cristianos (cf. Juan 2, 1-12 y Juan 19, 25-27).
Los Hechos de los Apóstoles, por último, recuerdan expresamente a la Madre de Jesús entre las mujeres de la primera comunidad, que esperaban Pentecostés (cf. Hechos 1, 14). (cfr. Audiencia Papal, 8 de noviembre, 1995).
 
María Santísima cumple perfectamente su misión:
Llamada por Dios para cumplir la misión de ser Madre y esposa.
María es Agradable a los ojos de Dios: “Cómo es posible eso si yo no conozco varón.
(cf. Lucas 1,34)
 María es modelo que quien hace la voluntad de Dios: “Hágase en mí según tu Palabra” (Lucas 1,38)
 María confía en su Hijo y se preocupa por los demás. (cf. Juan 2,1-5).
María Asume el dolor de su Hijo, gana el título de Corredentora “Ahí tienes a tu Madre” (cfr. Juan19, 27)
            María responde a la misión encomendada. Acompañó siempre a los apóstoles. 
(cf. Hechos 1,14)
 
            María Santísima se conserva como una mujer virtuosa:
1) Es una persona de fe y acepta la palabra de Dios.
2) Se destaca por ser obediente y muy generosa.
3) La caridad es la bandera de la Virgen (cfr. Lucas 1,39-45).
4) María goza de ser sabia, se deja guiar por el Espíritu de Dios.
5) María es una mujer de oración.
6) María enseña la paciencia y la fortaleza ante el dolor. (cfr. Juan 19,25).
7) María disfruta de su pobreza y confianza en el Señor. (cfr. Lucas 2,7).
8) Siempre una mujer de la Esperanza (cfr. Eclesiástico 24,24).
9) María es humilde frente a la misión que le encomendó Dios. (cfr. Lucas 1,38). 9)
10) María vive en castidad y pureza (cfr. Lucas 1,27-34).
11) María es prudente, sabe agradarle a Dios (cfr. Lucas 2, 46-51).
 

MARÍA MODELO DE SANTIDAD
Reflexionemos el sábado 
30 de mayo año 2026
 
El Papa Francisco, propone seguir las enseñanzas de María Santísima, quien fue la fiel cumplidora de las bienaventuranzas: “Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña.  
 
Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…». (Gaudete et Exsultate, 176)             
 “Lejos de querer entender o adueñarse de la situación, María es la mujer que sabe conservar, es decir proteger, custodiar en su corazón el paso de Dios en la vida de su Pueblo. Desde sus entrañas aprendió a escuchar el latir del corazón de su Hijo y eso le enseñó, a lo largo de toda su vida, a descubrir el palpitar de Dios en la historia... (Vaticano 1 de enero 2017).
 
“María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura. Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas... (Papa Francisco. Evangelii Gaudium 286). 
 
“Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes.  (Papa Francisco. Evangelii Gaudium 288).
 
 Para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, nosotros tenemos un modelo cristiano a quien dirigir con seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús y Madre nuestra, atenta a la voz de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos.
 
María, animada por la divina misericordia, que en ella se hace carne, se olvida de sí misma, y con ternura va al encuentro de los necesitados. Por eso es la Madre de todos los enfermos y de todos los que sufren (…) El que está bajo la cruz con María, aprende a amar como Jesús”. (Papa Francisco. Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2014).
 
UNA ACTITUD FUNDAMENTAL DE MARÍA SANTÍSIMA, ES QUE: ESCUCHA, DECIDE Y ACTÚA.
 
María Escucha: María escucha también los hechos, es decir, lee los acontecimientos de su vida, está atenta a la realidad concreta y no se detiene en la superficie, sino que va a lo profundo, para captar el significado. Su pariente Isabel, que ya es anciana, espera un hijo (cfr. 136): éste es el hecho. Pero María está atenta al significado, lo sabe captar: «Para Dios nada hay imposible» (Lucas 1, 37).
De acuerdo a las bodas de Caná (cf. Juan 2, 1-11).
 
María Decide: ve y comprende la dificultad de los dos jóvenes esposos a quienes falta el vino en la fiesta, reflexiona y sabe que Jesús puede hacer algo, y decide dirigirse al Hijo para que intervenga: «No tienen vino» (cf. v. 3).
 
María Actúa: María no tiene prisa, no se deja atrapar por el momento, no se deja arrastrar por los acontecimientos. Pero cuando tiene claro lo que Dios le pide, lo que debe hacer, no se detiene, no se demora, sino que va «deprisa».  (Papa Francisco, Vaticano 31 de mayo 2013).
 
 
MARÍA SANTÍSIMA NOS ACOMPAÑA 
EN LOS MOMENTOS CRÍTICOS DE NUESTRA VIDA.
           
Ella misma los vivió, acompañando y colaborando en la vida de su Hijo Jesús:            Primero: el nacimiento de Jesús. «No había un lugar para ellos» (Lucas 2,7). No tenían una casa, una habitación para recibir a su hijo. No había espacio para que pudiera dar a luz. Tampoco familia cercana: estaban solos. El único lugar disponible era una cueva de animales.
 
Segundo momento: la huida a Egipto. Tuvieron que irse, exiliarse. Ahí no solo no tenían un espacio, ni familia, sino que incluso sus vidas corrían peligro. Tuvieron que marcharse a tierra extranjera. Fueron migrantes perseguidos por la codicia y la avaricia del emperador. (cfr. Mateo 2, 13-15).
Tercer momento: la muerte en la cruz. No debe existir una situación más difícil para una madre que acompañar la muerte de su hijo. Son momentos desgarradores. Ahí vemos a María, al pie de la cruz, como toda madre, firme, sin abandonar, acompañando a su Hijo hasta el extremo de la muerte y muerte de cruz. (cfr. Juan 19, 25-27).  (Papa Francisco, Paraguay, Junio del 2015).
 
 EL SECRETO A VOCES DE LOS SANTOS. ES LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.
Ha sido la que mejor supo asimilar la vida y doctrina de Jesucristo. Jesús mismo en su agonía en la cruz, no se reservó nada para Él y nos dio a su buena Madre.
 
Para imitar las enseñanzas de Jesús debemos primero conocerlo, y quién mejor que María, nadie conoce tanto a un hijo que su misma Madre. Es ella la que hace que nuestra relación con Dios sea más cercana. 
 
La humildad no es sinónimo de debilidad, aunque una   espada atravesó su corazón. La firmeza de María a los pies de la cruz nos enseña que la fe nos fortalece en los momentos de angustia.  (San Pablo VI).
María es el camino más seguro, el más corto y el más perfecto para ir a Jesús.”
 (Marcelino Champagnat).
María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo” 
(san Agustín de Hipona)
En María está la plenitud de la Gracia y de todo bien. (san Francisco de Asís)
 Nunca tengas miedo de amar demasiado a la Virgen (san Maximiliano Kolbe).
La grandeza de María reside en su humildad. Tenemos muchos que aprender de ella.
(Santa Teresa de Calcuta)
Con la práctica fiel de las virtudes más humildes y sencillas, has hecho Madre mía, visible a todos el camino recto del Cielo” (santa Teresa de Lisieux).
La devoción y el amor a María Santísima es una gran protección y un arma poderosa contra las asechanzas del demonio” (san Juan Bosco).
No temen tanto los soldados un copioso ejército de enemigos como teme el poder del infierno al oír el nombre de María”.
“Entre todos los homenajes que se deben a la Madre de Dios no conozco ninguno más agradable que el Santo Rosario” – San Alfonso María Ligorio.