EL DESPRENDIMIENTO ABRE CAMINOS EN LA MISIÓN
Quien no está apegado a este mundo tiene mucho para ofrecer a los demás.
Evangelio domingo 28 de junio 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Jesús dijo a sus apóstoles: Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Quien encuentre su vida, la perderá; pero quien pierda por mí su vida, la encontrará» Quien a ustedes los recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.
Instrucciones para la misión.
El Maestro de Nazareth delimita perfectamente en qué consiste la misión,
requisitos para poder cumplir la misión, comportamientos en la misión, en
nombre de quién cumplimos la misión. Un buen misionero se identifica plenamente
con su Maestro. El Hijo de Dios toma la palabra para indicarnos lo que Él
quiere, lo que Él desea, lo que Él espera de cada uno de nosotros. La
palabra clave es “identidad”. Cada creyente para que tenga éxito en su vida
de fe, en su misión, necesariamente debe elegir un modelo a seguir. Ese modelo
se llama Jesús de Nazareth.
El desprendimiento es una virtud
indispensable para convertirse en un buen misionero del Maestro. Quien toma
en serio el desprendimiento y anda ligero de equipaje tiene mucho para ofrecer
a los demás. Será una persona caritativa, disponible, paciente, siempre atenta
a cumplir con todo lo que le encomienden. Lo contrario al desprendimiento es el apego, la mundanidad en la misión. El Papa Francisco afirma que la mundanidad
anestesia el alma.
Muchas personas
que llevan la vida de modo difícil; pero si tengo el corazón mundano, nunca
entenderé eso. Con el corazón mundano no se puede entender la necesidad y lo
que hace falta a los demás. Jesucristo pidió al Padre celestial para que sus
discípulos no cayeran en la mundanidad. Es más, la mundanidad es un pecado
sutil, es más que un pecado: es un estado pecador del alma. (cfr. Homilía, 5 de
marzo de 2015).
ORACIÓN CONFIANDO
MÁS EN DIOS
MENOS APEGO AL
MUNDO TERRENAL
“Esperaba,
esperaba al Señor, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor, me sacó de la
fosa fatal del barro del pantano; puso mis pies sobre roca y aseguró mis pasos.
Puso en mi boca
un cántico nuevo, de alabanza a nuestro Dios. Muchos al verlo temerán y pondrán
su confianza en el Señor.
Feliz el hombre
que pone su confianza en el Señor, que no escucha a los cínicos ni se pierde en
sus mentiras.
¡Cuántas
maravillas has hecho, Señor, mi Dios, cuántos proyectos en favor nuestro! Nadie
se te puede comparar. Yo quisiera publicarlas y contarlas, pero son demasiado
para enumerarlas.
No quisiste
sacrificios ni ofrendas -lo dijiste y penetró en mis oídos- no pediste
holocaustos ni víctimas. Entonces dije: 'Aquí estoy, de mi está escrito en el
rollo del Libro. He elegido, mi Dios,
hacer tu voluntad, y tu Ley está en el fondo de mi ser”. (Salmo 40)
https://youtu.be/GypHA05LVx4

