Será Bienaventurado quien haga la voluntad de Dios
Evangelio lunes 8 de junio 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Al ver Jesús a la multitud, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; y abriendo su boca les enseñaba diciendo: —Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Bienaventurados
los limpios de corazón, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos,
porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen
persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos. Bienaventurados
cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo
de maldad por mi causa”. Mateo 5, 1-12
Las bienaventuranzas son un
proyecto de vida. El Salvador del mundo nos presenta un programa para aprender
a convivir con los demás y por supuesto que hacer la voluntad de Dios. Un
inspirado Papa decía: Jesús nos presenta un nuevo estilo de vida, inspirado en
el amor, la paz, la justicia, el servicio, el perdón. Es lo que llamamos el reinado de Dios,
expresado por Jesucristo en las bienaventuranzas. Consiste en establecer un “mundo nuevo, un
nuevo estado de cosas, una nueva manera de ser, de vivir, de vivir juntos, que
inaugura el Evangelio”. (San Pablo VI. Evangelii Nuntiandi. Numeral, 23)
Siguiendo la línea de Definir
para no equivocarnos fácilmente, describamos las bienaventuranzas para
ubicarnos en los sentimientos del Hijo de Dios. Los pobres en el espíritu
son los sencillos, abiertos a los demás, necesitados de Dios, que no se apegan
a las cosas materiales. Los mansos, son personas serenas, tranquilas,
tolerantes, pacíficas, respetuosas del pensamiento de los demás. Rechazan el
fanatismo, la violencia y toda forma de sectarismo. Los que lloran, son los
que tienen valor ante el sufrimiento, el dolor, el fracaso. Saben llevar la
Cruz de la vida con generosidad, con entereza.
Los que tienen sed de justicia, son los que buscan
una sociedad más justa, igualitaria, fraterna, donde todos puedan participar del banquete de la
vida. Los misericordiosos no juzgan mal, no condenan al hermano, perdonan a los
que les hacen injusticias, son comprensivos, se colocan en el puesto de la otra
persona. Los limpios de corazón las personas transparentes, sinceras, que
desean siempre lo mejor para los demás, que no obran con segundas
intenciones. Los que trabajan por la paz se preocupan por reconciliar los
enemistados, apagar el odio. Los perseguidos por causa de la justicia son los criticados,
encarcelados, torturados, martirizados.
ORACIÓN PARA
SER BIENAVENTURADO
“Señor de las Bienaventuranzas, esta oración como signo de nuestro amor y compromiso contigo.
Te entregamos nuestras alegrías y penas, nuestras luchas y esperanzas, confiando en tu infinita misericordia. Haznos humildes y generosos, pacientes y justos, misericordiosos y puros de corazón. Que, siguiendo tu ejemplo, trabajemos incansablemente por la paz y permanezcamos fieles en la tribulación. Para que, viviendo las Bienaventuranzas, seamos testigos de tu amor en el mundo. Amén”.
SI DESEAS ESCUCHAR EL AUDIO DE ESTA REFLEXIÓN HAZ CLICK AQUÍ
https://youtu.be/t73pQkSwJ68
Evangelio lunes 8 de junio 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Al ver Jesús a la multitud, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; y abriendo su boca les enseñaba diciendo: —Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados.
“Señor de las Bienaventuranzas, esta oración como signo de nuestro amor y compromiso contigo.
Te entregamos nuestras alegrías y penas, nuestras luchas y esperanzas, confiando en tu infinita misericordia. Haznos humildes y generosos, pacientes y justos, misericordiosos y puros de corazón. Que, siguiendo tu ejemplo, trabajemos incansablemente por la paz y permanezcamos fieles en la tribulación. Para que, viviendo las Bienaventuranzas, seamos testigos de tu amor en el mundo. Amén”.
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