EL AMOR ES UNIVERSAL, BUENO Y MISERICORDIOSO
Nunca juzgues injustamente
Evangelio jueves 17 de septiembre 2026
Padre Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Un fariseo le rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando Jesús en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.
Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: Si éste fuera
profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es
una pecadora. Jesús le respondió: Simón, tengo algo que decirte. Él dijo: Di,
maestro. Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el
otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos
le amará más? Respondió Simón: Supongo que aquel a quien perdonó más. Él le
dijo: Has juzgado bien”. °°° Lucas 7, 36-50
Noemí es una mujer dulce y agradable. Su historia aparece en el libro de Rut. Es toda una vida ejemplar bendecida por Dios. (cfr. Rut 4, 14-15).
Un grupo de mujeres acompañaron al Maestro de Nazareth en su misión: “María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que lo ayudaban con sus bienes” (Lucas 8, 1-3).
ORACIÓN PARA PEDIR UN CORAZÓN MISERICORDIOSO
“Ayúdame Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.
Ayúdame Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás critique a mi prójimo sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos.
Ayúdame Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y penosas.
Ayúdame Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.
Ayúdame Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón”. (Fuente: Catholic.net)
https://youtu.be/3uchzYd6AgM

