20 de enero de 2026

CORAZÓN SIN COMPASIÓN NO FUNCIONA Evangelio miércoles 21 de enero 2026


UN CORAZÓN SIN COMPASIÓN NO FUNCIONA
“Misericordia quiero no sacrificios”.              
Evangelio miércoles 21 de enero 2026 Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Entró Jesús en una sinagoga y había un hombre que tenía la mano paralizada. Los fariseos estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?»
 
Pero ellos callaban. Entonces, con una mirada de indignación por la dureza de su corazón, dice al hombre: Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.” Marcos 3, 1-6
 
            ¿Cómo podemos lograr vivir nuestra Fe en el equilibrio de la Ley y la misericordia? ¿Cómo evitar el legalismo?
            Una buena solución es aprender a interpretar la ley de Dios como el deseo profundo del corazón divino por toda su obra. La ley de Dios tiene como fundamento el amor. Todo aquel que desee agradar a Dios tendrá que vivir de acuerdo a su ley. El amor, el perdón, la bondad, la misericordia, pensar más en los demás.  Eso implica decir que queda descartada la posibilidad de la dureza de corazón en las personas. ¿Debemos salvar vidas o destruirlas? (Marcos 3, 4).

            ¿Cómo podemos evitar caer en la tentación de escondernos en el argumento de la ley para decir que estamos viviendo correctamente nuestra religión? Una posible respuesta podría ser no utilizar la dureza de corazón con los demás. Por ejemplo: “No endurezcan el corazón si han visto las obras de los demás” (Salmo 95). “Por que tienen el corazón endurecido no permiten que Dios los sane y los convierta” (Mateo 13, 15). Una fuerte dureza de corazón es aquella persona que no quiere oír y rechaza la Palabra del creador. (Proverbios 29, 1). “No debemos olvidarnos de la ley de Dios, guardar sus mandatos en nuestro corazón y tendremos mucha paz” (Proverbios 3, 1).
 
            El Papa Francisco nos indica perfectamente por qué no funciona un corazón endurecido. “Cuando el corazón se vuelve endurecido, cuando el corazón se endurece, se olvida... Se olvida la gracia de la salvación, se olvida la gratuidad. El corazón duro lleva a disputas, lleva a guerras, lleva al egoísmo, lleva a la destrucción del hermano, porque no hay compasión. Y el mensaje de salvación más grande es que Dios ha tenido compasión de nosotros. 

La voluntad del Señor es la compasión: ‘Misericordia quiero, no sacrificios’. Y un corazón sin compasión es un corazón idólatra, es un corazón autosuficiente, que va hacia adelante sostenido por el propio egoísmo.” (cfr.  Homilía, 18 de febrero, 2020).
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https://youtu.be/-A6yY7ICCF4