UN CORAZÓN SIN COMPASIÓN NO FUNCIONA
“Misericordia quiero no sacrificios”.
Evangelio miércoles 21 de enero 2026 Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Entró Jesús en una sinagoga y había un hombre que tenía la mano paralizada. Los fariseos estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?»
Una buena solución es aprender a interpretar la ley de Dios como el deseo profundo del corazón divino por toda su obra. La ley de Dios tiene como fundamento el amor. Todo aquel que desee agradar a Dios tendrá que vivir de acuerdo a su ley. El amor, el perdón, la bondad, la misericordia, pensar más en los demás. Eso implica decir que queda descartada la posibilidad de la dureza de corazón en las personas. ¿Debemos salvar vidas o destruirlas? (Marcos 3, 4).
¿Cómo podemos evitar caer en la tentación de escondernos en el argumento de la ley para decir que estamos viviendo correctamente nuestra religión? Una posible respuesta podría ser no utilizar la dureza de corazón con los demás. Por ejemplo: “No endurezcan el corazón si han visto las obras de los demás” (Salmo 95). “Por que tienen el corazón endurecido no permiten que Dios los sane y los convierta” (Mateo 13, 15). Una fuerte dureza de corazón es aquella persona que no quiere oír y rechaza la Palabra del creador. (Proverbios 29, 1). “No debemos olvidarnos de la ley de Dios, guardar sus mandatos en nuestro corazón y tendremos mucha paz” (Proverbios 3, 1).
La voluntad del Señor es la compasión:
‘Misericordia quiero, no sacrificios’. Y un corazón sin compasión es un
corazón idólatra, es un corazón autosuficiente, que va hacia adelante sostenido
por el propio egoísmo.” (cfr. Homilía,
18 de febrero, 2020).
SI DESEAS ESCUCHAR EL AUDIO DE ESTA REFLEXIÓN HAZ CLICK AQUÍ
https://youtu.be/-A6yY7ICCF4
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