EL JUICIO FINAL Y LA CARIDAD
Seremos juzgados según nuestras obras
Evangelio lunes 23 de febrero 2026
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los de su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a verme».
Cristo es el único que va a juzgar. Es un derecho propio de Él, su Padre celestial se lo concedió. “Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre”. (Juan 5, 22-23). Es cierto que la misión esencial de Jesucristo es salvar, pero también la Escritura enseña que cada persona se juzga a sí misma. “El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”. (Juan 3, 18) El juicio consiste en que muchas personas prefirieron las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas. (Juan 3, 19). (cfr. Catecismo numerales 678 y 679).
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