29 de enero 2026. ¡RESPÉTESE … RESPÉTENOS … RESPETE SU
CARGO! Autor: Padre Mario García Isaza c.m. Formador Seminario Mayor,
Arquidiócesis de Ibagué. Correo: magarisaz@hotmail.com
He leído y releído el comunicado que la Conferencia
Episcopal de Colombia emitió ayer. Y escuché, esta mañana, las respuestas que
el señor Obispo de Buenaventura daba a las preguntas formuladas por algún
periodista sobre el mismo tema del que se ocupa, aunque sin mencionarlo
siquiera, el dicho comunicado; además, he podido escuchar
muchos comentarios que giraban alrededor de un hecho acaecido antier, en
Bogotá: las declaraciones, verdaderamente delirantes, que hizo el señor
Gustavo Petro, en mala hora presidente de Colombia, en medio del fárrago con
que se despachó en un acto público.
Nuestros Pastores, con una delicadeza y prudencia casi
rayanas en el temor, nos trazan a los colombianos líneas pastorales de
reflexión importantísimas, y de las que nunca deberíamos apartarnos, ni los
simples ciudadanos ni mucho menos los que nos gobiernan: la persona de
Jesucristo, a quien adoramos como Dios verdadero y Salvador, merece por lo
menos el obsequio de un obsecuente respeto; como lo merece también la fe de
los que en Él creemos, que somos la mayoría de los colombianos.
Pisoteó ese respeto el señor Petro en las procaces
expresiones con que se refirió a Nuestro Señor Jesucristo, dando en ellas
muestra no solo de una ignorancia crasa sino de la vulgaridad y ordinariez
mentales propias de un desquiciado. Al señor Obispo de Buenaventura le
preguntaban si las desatinadas palabras del que nos desgobierna tenían la
dimensión de blasfemia; él no quiso calificarlas así; quizá no se atrevió… Pero
¡por supuesto que fueron blasfemas, y más que blasfemas!
“Para mí tengo – decía un cabrero al escuchar sandeces de
Don Quijote – que este gentil hombre debe tener vacíos los aposentos de la
cabeza…” Lo grave es que quien incurre
en las demasías verbales que estamos glosando es nadie menos que el presidente
de Colombia.
Al señor Petro habría que recordarle que lo es, y que, si
sus desvaríos le han dejado alguna pizca de sensatez, no lo olvide. Tenemos
que exigirle, mientras acaba de pasar esta noche calamitosa en que él y su
manípulo de cómplices nos han sumido, que piense, por un momento siquiera,
en lo que dice y en el alcance de sus palabra y de sus acciones.
Señor Petro: usted ha pisoteado, con lo que hace y lo que
dice, su propia dignidad; y resulta que usted es gobernante de una nación
digna; respétese, para que merezca siquiera el mínimo respeto y acatamiento de
los demás. Usted ha escarnecido a los ojos del mundo entero la imagen y la
dignidad de Colombia y de los colombianos; respétenos, y no continúe
hollando los valores humanos, culturales y religiosos que siempre nos han hecho
respetables ante los otros pueblos. Usted ha arrastrado por el suelo la
imagen y la dignidad que son anejas a su investidura presidencial; y aunque
creo que la inmensa mayoría de los colombianos sentimos cada día más hondamente
que usted, con sus insensateces, con su comportamiento impresentable y con sus pretensiones alucinadas no nos representa,
¡respete su cargo!
Continuemos, quienes de verdad amamos a esta Colombia
lastimada, y sobre todo quienes seguimos profesando nuestra fe en Dios, reconociendo y adorando a Jesucristo como
nuestro Salvador y nuestra única verdad, y profesando los valores y principios
que dimanan del Evangelio y de la cultura cristiana, continuemos,
digo, orando
para que en los meses venideros reencontremos el camino que hemos perdido;
pensemos en la enorme responsabilidad que trae para nosotros un tiempo en que,
con nuestros votos, confiaremos a nuevas
manos las tareas del poder ejecutivo y legislativo; nuestro voto no es solo el
cumplimiento de un deber ciudadano; es también la forma de llevar nuestra fe y
nuestros principios a la política. Dios
y su Madre santísima, la Reina de Colombia, nos amparen y guíen.

