20 de marzo de 2025

SEMANA SANTA en el Jubileo de la Esperanza Año 2025


20 de marzo 2025 
SEMANA SANTA
JUBILEO DE LA ESPERANZA AÑO 2025
NOS CONVERTIMOS EN TESTIGOS DE LA ESPERANZA
El resucitado nos pide “Vayan y anuncien mi Palabra” (Marcos 16, 15)
Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometió” (Hebreos 10, 23)
 
Comparto estos apuntes que he organizado sobre la pasión, muerte y resurrección del Salvador del mundo.
Orientador: Padre Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
 
Los católicos celebramos la SEMANA SANTA en el contexto del año jubilar. El Papa Francisco tomó la decisión de celebrar en este año 2025 el Jubileo con el tema virtuoso de la Esperanza. Es un año especial dedicado al perdón, a la reconciliación, a practicar obras de caridad y misericordia. Es un año de gracia concedido por Dios.
 
Damos gracias a Dios porque nos permite celebrar esta SEMANA MAYOR durante los días 13 al 20 de abril 2025.
Aprovechemos para profundizar la importancia que tiene la virtud de la Esperanza, en el elenco de las tres virtudes teologales y los temas que son caminos de Esperanza en la Pasión de Jesucristo.
 
Por ejemplo: En el capítulo 5 de la carta a los Romanos en la Sagrada Escritura podemos aprender lo que recomienda san Pablo para nuestra virtud de la Esperanza.
La esperanza efectivamente nace del amor y se funda en el amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz. El Domingo de Ramos el Maestro entra en la ciudad de Jerusalén, para cumplir con su misión de Salvar la humanidad con su muerte y el signo de la Cruz.
 
La esperanza cristiana, de hecho, no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino. Jesucristo se anticipa al momento doloroso de la muerte en Cruz y celebra con sus seguidores la Última Cena, el tema central es el amor de Dios.  La Esperanza es que vivamos como hermanos.
 
Tenemos conciencia que los momentos difíciles de la vida pueden lastimar nuestra esperanza. Dice el apóstol: sabemos que la tribulación produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza» (Romanos 5, 3-4). El Hijo de Dios, el Viernes Santo, nos pone a pensar que vale la pena morir por una noble causa de la Esperanza en la salvación del mundo.
 
Si existe la esperanza en nuestro corazón nadie podrá apartarnos de Cristo. “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? (Romanos 5, 35). Tiene la razón el apóstol, nadie nos puede separar del amor de Dios. Jesucristo está vivo, resucitó, está en medio de nosotros. Sábado Santo.
 
Salimos victoriosos a Anunciar el Evangelio, con la Esperanza de que todo Aquel que escuche la Palabra y la ponga en práctica logrará su salvación.  Domingo de Resurrección. Galilea, se irá constituyendo progresivamente en el lugar del discipulado y de la misión iluminados por el fulgor de la pascua de Jesús. (Marcos 16, 7).
 

¿EN QUÉ CONSISTE LA SEMANA SANTA?
Es la celebración Pascual del Misterio de Jesucristo.
Es un tiempo privilegiado para el encuentro con Dios en su Misterio de Salvación. Semana Santa es:  Vida, Paz, Alegría, toma de conciencia de mi propia fe, es encuentro con Aquel que es el dueño de la vida, es la razón de lo que yo creo, de lo que vivo, es el punto de referencia de lo que espero
 
El Misterio Pascual hace primero referencia a un acontecimiento salvífico e histórico “Jesús murió en tiempos de Poncio Pilato, Padeció y fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras, subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre”
 
El Misterio Pascual se expresa en el conjunto de acciones litúrgicas que constituyen la Semana Santa.
Pascua es la vida que brota de la misma muerte por el poder de Dios para gloria del Padre; somos salvados por la Cruz de Cristo en la que está nuestra gloria y nuestra justificación.
 
¿QUÉ OPORTUNIDADES ME OFRECE LA SEMANA SANTA?

ORACIÓN
            Es un momento muy propicio para el encuentro con el Señor. Es la interiorización de ese gran Misterio: Pasión - Muerte y Resurrección.  Es la manera como el pueblo creyente alaba y glorifica el nombre de aquel que es la luz del mundo, la esperanza, la vida, el perdón y la Gracia. Es lograr la contemplación de Jesús en el madero de la gloria y la esperanza.
            Jesucristo es el modelo y el alma de la oración. Las grandes decisiones en la misión de Jesús están precedidas por la oración. “Estén siempre alegres, oren, den gracias a Dios en toda ocasión” (1 Tesalonicenses 5, 16).  
 
REFLEXIÓN
            Es un ambiente privilegiado para volver sobre aquellos temas que tanto repetimos pero que aún no hacen eco en el comportamiento diario.  Es lograr tomar conciencia de la importancia de una vida orientada desde la fe. Es descubrir el valor de la Penitencia, la oración, el sacrificio, la hermandad, la unidad, la conversión, abrirse a la esperanza de una mentalidad siempre nueva y fresca. “Dichosa la persona que medita y reflexiona la ley del Señor, día y noche” (Salmo 1).
 
RECONCILIACIÓN
            Es tiempo de Gracia.  Es una Gracia especial que Dios nos concede para volver al buen camino. Es la oportunidad que se nos presenta para decirle sí a Dios; no a todo aquello que me aleje de la bondad y el amor del Señor.  Es aprender a caminar de la mano de Dios. Es la propuesta de un Dios que me enseña el camino correcto: “Vete y no vuelvas a pecar”. (Juan 8, 11)
 
CELEBRACIÓN COMUNITARIA DE LA FE
            La Semana Santa me permite encontrarme con los demás. Vivir esa fe en comunión con mis hermanos. Es un encuentro de la gran familia eclesial. Es la celebración de lo que creemos y de lo que vivimos diariamente “Jesucristo murió y resucitó por la salvación de todos”. “Vivan en armonía unos con otros, compartan penas y alegrías. Sean compasivos unos con otros.” (1 Pedro 3, 8).  
 
RESURRECCIÓN: ME DECIDO POR UNA VIDA NUEVA
            Es el fruto de un proceso.  Un proceso que se inició el Miércoles de ceniza con esa gran convocatoria bíblica: Recuerda quién eres, Revisa tus propias limitaciones, emprende un camino de conversión: por el bien tuyo, por el bien de los demás, por el bien social. Resucitar implica decir que el proceso se vivió en toda su plenitud, se puso todo el esfuerzo, se tomó la decisión firme de ganar la Gloria.  El Espíritu del resucitado nos capacita para vivir según el Espíritu y no según la carne. “Los deseos de la carne se oponen al Espíritu” (Gálatas 5, 17).
 

DOMINGO DE RAMOS
“Jesús “no es un iluso que siembra falsas ilusiones, un profeta ‘New Age’,
 un vendedor de humo, todo lo contrario: es un Mesías bien definido, con la fisonomía concreta del siervo, el siervo de Dios y del hombre que va a la pasión;
es el gran Paciente del dolor humano”. (Papa Francisco)
 
ENSEÑANZAS QUE NOS REGALA ESTE DOMINGO
            La figura del Siervo nos indica el deseo de Dios para cada uno de nosotros. Ser esos servidores. Jesucristo es el siervo fiel que ganó la salvación con su propio sufrimiento. (cfr. Isaías 50, 4-7)
            Nuestra vida cristiana debe ser según el modelo del Maestro de Nazareth. Siendo de condición divina cumplió su misión desde la humidad y la sencillez de corazón. (cfr. Filipenses 2, 6-11)
            El Hijo de Dios conquista el mundo con la gloria de su sufrimiento. Subió a Jerusalén para cumplir con la misión que el mismo Padre le había encomendado. (cfr. Lucas 23, 1-49)
 
JESUCRISTO CONQUISTA CON SU MUERTE Y RESURRECCIÓN       
Evangelio domingo 13 de abril 2025
            Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas: “Llevaron a Jesús ante Pilato. Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.» Entonces Pilato lo interrogó en estos términos: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús le contestó: «Tú eres el que lo dice.» Pilato se dirigió a los jefes de los sacerdotes y a la multitud. Les dijo: «Yo no encuentro delito alguno en este hombre.»
Pero ellos insistieron: «Está enseñando por todo el país de los judíos y sublevando al pueblo. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí.» Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo. Cuando supo que Jesús pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió, pues Herodes se hallaba también en Jerusalén por aquellos días. Al ver a Jesús, Herodes se alegró mucho. Hacía tiempo que deseaba verlo por las cosas que oía de él, y esperaba que Jesús hiciera algún milagro en su presencia. Le hizo, pues, un montón de preguntas. Pero Jesús no contestó nada.” °°° Lucas 23, 1-49.
 
REFLEXIONEMOS:
Un domingo, nos detenemos a meditar la presencia del Hijo de José y María en la ciudad santa de Jerusalén. Disponemos nuestro espíritu y corazón para vivir el acontecimiento cumbre de nuestra fe católica-cristiana. Jesucristo tuvo la osadía de conquistar el mundo con la gloria de su propio sufrimiento.
            El Hijo de Dios conquista el mundo con la gloria de su sufrimiento. Subió a Jerusalén para cumplir con la misión que el mismo Padre le había encomendado; al llegar se encuentra con la gran sorpresa: “Es aclamado como Mesías, como el salvador del mundo.” (Lucas 19, 37-38).
 
            El dolor y el sufrimiento ocupan un puesto importantísimo en la historia de la salvación. Los católicos logramos entender más el sentido de la Cruz y del dolor, por sus efectos. Jesucristo pone la humanidad a pensar en el motivo que era necesario que alguien muriera por la salvación de muchos. El profeta Isaías nos permite entender el valor de Aquel Siervo que se entrega y asume el sufrimiento en aras de la salvación universal. “He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes me tiraban la barba, y no oculté mi rostro ante las injurias y los escupos.” Isaías 50, 6).
            Con la humildad, la obediencia y la sencillez, Jesucristo asume la muerte por la salvación del mundo. (cfr. Filipenses 2, 8). El Papa Francisco nos recuerda: “Jesús entró en Jerusalén como un Rey humilde y pacífico: ¡abrámosle nuestro corazón! Sólo Él puede librarnos de la enemistad, del odio y de la violencia, porque Él es la misericordia y el perdón de los pecados.” (cfr. Ángelus, 24 de marzo, 2024)
 

EL VALOR DE LA ESPERANZA
ANTE LOS MOMENTOS DIFÍCILES Y DOLOROSOS
Jubileo Año 2025
 
            Aprovechemos este primer día de la Semana Santa, para meditar en consonancia con el acontecimiento, la importancia que tiene la esperanza para poder comprender y asumir los momentos difíciles de nuestras vidas.
 
El Papa Francisco nos enseña que la Esperanza, es la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. La esperanza, por lo tanto, no es algo, sino alguien, tal como San Francisco exclama en las Alabanzas del Dios Altísimo: "¡Tú eres nuestra esperanza! (FF 261). Y "No abandonará a todos los que esperan en él". (FF 287; cf. Sal 33:23).
 
            La Esperanza es una virtud oculta, tenaz y paciente:  "Es la más humilde de las tres virtudes teologales, porque permanece oculta" "Es una virtud que nunca decepciona: si esperas, nunca serás decepcionado", es una virtud concreta, "de cada día porque es un encuentro. Y cada vez que nos encontramos con Jesús en la Eucaristía, en la oración, en el Evangelio, en los pobres, en la vida comunitaria, cada vez que damos un paso más hacia este encuentro definitivo" (Homilía casa Santa Marta, 23 de octubre de 2018).
 
"La Esperanza necesita paciencia", así como uno necesita tener paciencia para ver crecer el grano de mostaza. Es "paciencia para saber que sembramos, pero es Dios quien da el crecimiento" (Homilía de Santa Marta, 29 de octubre de 2019). La esperanza no es un optimismo pasivo sino, por el contrario, "es combativa, con la tenacidad de quienes van hacia un destino seguro" (Ángelus, 6 de septiembre de 2015).
 
            La Esperanza siempre está presente en todos los corazones. está siempre presente en todas las culturas y en todas las épocas, y su significado se adhiere, moldeándose, al pensamiento y a la cultura de los diferentes pueblos, en el tiempo y en las latitudes. Habiendo eliminado su significado de virtud teológica en el cristianismo, su concepto se vuelve esquivo, positivo y negativo al mismo tiempo, basta pensar en los proverbios de la sabiduría popular: "la esperanza es la última en morir" o "el que vive en la desesperación de la esperanza muere". Según Giacomo Leopardi, es el mayor bien del hombre porque le permite realizar el placer incluso sólo en su expectativa.
            Abraham es el hombre de la Esperanza. La Biblia está llena de esperanza. Abraham "creía firmemente en la esperanza contra toda esperanza" (Romanos 4, 18). El Papa Francisco señala que Abraham, en un momento de desconfianza, en lugar de pedir el hijo prometido que no vino, "se vuelve a Dios para ayudarle a seguir esperando". No hay nada más hermoso. La esperanza no defrauda" (Audiencia General, 28 de diciembre de 2018). (cfr. Vatican News, María Milvia Morciano).
 

LUNES SANTO
El lunes es considerado en nuestra Iglesia Católica el día de la autoridad. Jesucristo derrota la hipocresía de Judas Iscariote diciendo: “Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura.”
“La autoridad es abnegación, servicio humilde, testimonio, ternura maternal y paternal hacia las personas, especialmente aquellas más necesitadas.”
Papa Francisco, 10 de noviembre, 2024
 
ENSEÑANZAS QUE NOS REGALA EL LUNES SANTO
            Seguimos el ejemplo de un Dios grande, maravilloso, poderoso y muy misericordioso. “Mi siervo no gritará, no voceará por las calles” (cfr. Isaías 42, 1-7)
El Papa Francisco enseña que Judas Iscariote sufría del virus del orgullo y la ambición. Llegó un momento en que ya no eran doce apóstoles, sino once, ante el doloroso evento de la Pasión del Señor. (cfr. Juan 12, 1-11)
 
EL VERDADERO AMOR NO VA CON LA HIPOCRESÍA        
Evangelio Lunes 14 de abril 2025
            “Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura.” °°° Juan 12, 1-11
 
REFLEXIONEMOS:
            El amor rompe las barreras del egoísmo, la falsedad, la hipocresía, la apariencia de la caridad. Judas Iscariote es un personaje que no dejó buena impresión en el proceso de la formación, la paciencia y el amor misericordioso de su Maestro. Judas representa a todas aquellas personas que viven de la apariencia, que son mentirosas, que se mueven en la ambición por el dinero, que no tienen reparo en vender a sus amigos con tal de sentir el gozo de su propia debilidad. Jesucristo nos enseña: No son necesarias las apariencias. “Los pobres siempre los tendrán con ustedes” No utilice las personas para su beneficio personal.
 
            El Papa Francisco enseña que Judas Iscariote sufría del virus del orgullo y la ambición. Llegó un momento en que ya no eran doce apóstoles, sino once, ante el doloroso evento de la Pasión del Señor. Judas, Ya había comenzado antes a separarse de la comunión con el Señor y con los demás, a hacer las cosas solo, a aislarse, a aferrarse al dinero hasta el punto de instrumentalizar a los pobres, a perder de vista el horizonte de la gratuidad y de la entrega hasta permitir que el virus del orgullo infectase su mente y su corazón, transformándolo de "amigo" (Mateo 26, 50) en enemigo y en "guía de los que arrestaron a Jesús" (Hechos 1, 17)
 
            Judas, dejó de pertenecer a Jesús con su corazón y se colocó fuera de la comunión con Él y con los suyos. Dejó de ser discípulo y se puso por encima del Maestro. Lo vendió y con el "precio del crimen" compró un terreno que no produjo frutos, sino que se impregnó con su sangre (cfr. Hechos 1, 18-19). (cfr. Audiencia, 12 de junio, 2019).
 

EL AMOR Y LA ESPERANZA
Virtudes que nos permiten vivir mejor
Ser solidarios y honestos con los demás
Jubileo Año 2025
 
            Aprovechemos este segundo día de nuestra Semana Santa, para pensar en la importancia de entender que el amor es hacer siempre el bien. La esperanza es la virtud que nos permite la ilusión que no existan más Judas en la sociedad que utilizan a las demás personas y solo piensan en sus propias ambiciones. “Trate a los demás, como le gustaría que lo trataran a usted”.
 
            El apóstol san Pablo nos recomienda: no viváis como los gentiles, que viven en la vanidad de sus pensamientos. Están oscurecidos en el entendimiento y separados de la vida de Dios por la ignorancia en que se encuentran, por el endurecimiento de su corazón.” (Efesios 4, 17-19).  Judas Iscariote manipuló a su Maestro. La Escritura nos aconseja no caer en ese tipo de pecado. 
 
Hay seis cosas que detesta el Señor, y hasta siete que le causan horror: la mirada despreciativa, la lengua mentirosa, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que medita intenciones culpables, los pies que corren impacientes a hacer el mal, el testigo falso que habla para mentir, y el hombre que provoca la discordia entre hermanos.” (Proverbios 6, 16-19).
 
El Papa Francisco desea que Viralicemos el amor y globalicemos la Esperanza a la luz de la fe. Una sociedad solidaria y justa es una sociedad más sana. Una sociedad participativa -donde a los 'últimos' se les tiene en consideración igual que a los 'primeros.
            Animados por el Espíritu Santo, podremos trabajar juntos por el Reino que Cristo ha inaugurado en este mundo, viniendo entre nosotros. Un Reino de luz en medio de la oscuridad, de justicia en medio de tantos ultrajes, de alegría en medio de tantos dolores, de sanación y salvación en medio de las enfermedades y la muerte. De ternura en medio al odio. (cfr. Audiencia, 30 de septiembre 2020).
 
            El Papa Francisco recuerda que el amor está más en las obras que en las palabras. No es amor decir solamente: “te amo, amo a todas las personas”. No. ¿Qué haces por amor? El amor se da”. Podemos hacer esto porque de esta manera ama Dios a su pueblo, cuando lo escogió y también cuando lo perdonó.
La segunda dimensión que identifica el Papa es la manera de poner en acción este amor concreto: la dimensión del diálogo. El amor, de hecho, “escucha y responde, el amor se realiza en el diálogo, en la comunión: se comunica” El amor no es sordo, ni mudo. (cfr. Discurso, 21 de junio, 2015).  
 

MARTES SANTO
Nuestra Iglesia Católica no enseña que el martes es el día de la controversia.
“El camino del siervo es pedir perdón cuando resbala o cae.
 Judas decide entregar a su maestro. Pedro llora amargamente.” (Papa Francisco)
 
ENSEÑANZAS QUE NOS REGALA EL MARTES SANTO
            El mayor deseo de Dios es que seamos luz para las demás personas. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. (Isaías 49, 1-6)
            La grandeza del reino de Dios no es el poder según el mundo, sino el amor de Dios, un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas. (cfr. Juan 13, 21-33)
 
SI EL SER HUMANO LO NIEGA, DIOS PERMANECE FIEL         
Evangelio martes 15 de abril 2025
            ““Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: “Pregúntale a quién se refiere”. Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: “Señor, ¿quién es?”
            Jesús le respondió: “Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato”.
Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: “Realiza pronto lo que tienes que hacer”. Juan 13, 21-33. 36-38.
 
REFLEXIONEMOS:
            La traición de Judas y la negación de Pedro, causan un profundo dolor y desconcierto en el corazón de Jesús de Nazareth. La grandeza del reino de Dios no es el poder según el mundo, sino el amor de Dios, un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas. Por este amor, Cristo se abajó hasta nosotros, vivió nuestra miseria humana, probó nuestra condición más ínfima: la injusticia, la traición, el abandono, experimentó la muerte
 
            El Papa Benedicto XVI explica por qué la traición de un apóstol llevó a la muerte a Jesús de Nazareth: cuando pensamos en el papel negativo que desempeñó Judas, debemos enmarcarlo en el designio superior de Dios que guía los acontecimientos. Su traición llevó a la muerte de Jesús, quien transformó este tremendo suplicio en un espacio de amor salvífico y en entrega de sí mismo al Padre (cfr. Gálatas 2, 20). (cfr. Audiencia, 18 octubre 2016).
 
            En un buen católico, un buen misionero, un buen creyente, es muy importar Creer en el Maestro, amar y serle fiel al Maestro. Judas Iscariote no lo logró. el mismo Maestro reclama el amor a sus discípulos, a Judas Iscariote quien va a traicionar ese amor de su Señor y a Pedro lo interroga hasta dónde ese futuro discípulo que va a ser la cabeza de su Iglesia, lo ama y le sostiene ese amor ante cualquier circunstancia. El Maestro desea saber si los que lo van a representar, creen en su ser y en su Palabra
 
            La Sagrada Escritura nos pide ser fieles a Dios. El mismo creador es ejemplo de fidelidad hasta las últimas consecuencias. La fidelidad es un atributo de Dios. La fidelidad debe ser una virtud de toda persona que quiera servirle a Dios. La fidelidad es un don que debemos pedir al Espíritu Santo. Mientras el ser humano traiciona a Dios. Él permanece fiel. (cfr. 2 Timoteo 2, 13).
 

ESPERANZA Y FIDELIDAD
Dios guarda las esperanzas en nosotros
Que seamos fieles hasta el final
Jubileo Año 2025
 
            Detengamos nuestro pensamiento en este tercer día de nuestra Semana Santa, para pensar en la importancia de la Esperanza como virtud, unida a la fidelidad como valor fundamental de la integridad de una persona. Desde el mismo momento de la creación hasta nuestros días, Dios ha tenido la Esperanza que la fidelidad sea para nosotros un principio, un valor, una gracia, fundamental para relacionarnos con Dios, para no cambiar a Dios, para no dejar a Dios, para no engañar a Dios, para retribuirle a Dios tantas gracias y bondades con nuestra fidelidad. Judas Iscariote no pudo ser fiel a su Maestro.
            El Papa Francisco nos enseña varios modelos en el ser, en el actuar y en el decidir de Dios para con nosotros.  Dios es fiel a su Palabra y a su promesa. Dios no secansa de trabajar, de insistir, es la fidelidad de la gratuidad. La fidelidad de Dios es extremadamente paciente.
 
            Dios que es fiel a su palabra, que es fiel a su promesa, que camina con su pueblo llevando a cabo la promesa al lado de su pueblo. Fiel a la promesa: Dios, que continuamente se hace sentir como el Salvador del pueblo porque es fiel a la promesa. Dios, que es capaz de re-hacer las cosas, de re-crear, como lo hizo con este paralítico de nacimiento al que re-creó sus pies, lo sanó (cf. Hechos 3, 6-8), el Dios que cura, el Dios que siempre trae consuelo a su pueblo.
 
            Un Dios que va adelante y que no se cansa de trabajar, para llevar al pueblo adelante, y no tiene miedo de “cansarse”, digamos así... Como aquel pastor que cuando llega a casa se da cuenta de que le falta una oveja y va, vuelve a buscar la oveja que se ha perdido (cf. Mateo 18, 12-14). El pastor que trabaja horas extras, pero por amor, por fidelidad.
 
            La fidelidad de Dios es una fidelidad paciente: tiene paciencia con su pueblo, lo escucha, lo guía, le explica lentamente y calienta su corazón, como lo hizo con estos dos discípulos que se alejaban de Jerusalén: conforta sus corazones para que vuelvan a casa (cf. Lucas 24, 32-33). La fidelidad de Dios es lo que no sabemos: qué pasó en ese diálogo, pero es el Dios generoso que buscó a Pedro, el que lo negó.  
            La fidelidad de Dios siempre nos precede y nuestra fidelidad es siempre la respuesta a esa fidelidad que nos precede. Es el Dios que siempre nos precede. Y la flor del almendro, en primavera: florece primero. Ser fiel es alabar esta fidelidad, ser fiel a esta fidelidad. Es una respuesta a esta fidelidad. (cfr. Homilía, 15 de abril, 2020).
 

MIÉRCOLES SANTO
La Iglesia Católica nos enseña que el miércoles es el día de la traición.
Si Judas prefirió la muerte a la vida (cfr. Deuteronomio 30, 19)
y siguió el ejemplo de los impíos cuyo camino es como la oscuridad
 y se arruina (cfr. Proverbios 4,19),
los once eligieron, en cambio, elegir la vida y la bendición.”
Papa Francisco, audiencia, 12 de junio, 2019
 
ENSEÑANZAS QUE NOS REGALA EL MIÉRCOLES SANTO
            Quien escucha y se deja llevar por el Espíritu de la sabiduría de Dios, cumple muy bien su misión. “El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba.” (cfr. Isaías 50, 4-9ª).
            Dios reclama la fidelidad a todos aquellos que deseen seguirlo y creer en su nombre. (cfr. Mateo 26, 14-25).
 
DIOS RECLAMA FIDELIDAD          
Evangelio miércoles 16 de abril 2025
“Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego?” Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?”
Él respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: “El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos””. Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
            Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Mateo 26, 14-25. 
 
REFLEXIONEMOS:
            El apóstol san Pablo advierte: “Dios es siempre veraz, aunque las personas sean mentirosas”. (Romanos 3, 4). Dios reclama la fidelidad a todos aquellos que deseen seguirlo y creer en su nombre. La ocasión no se presenta exclusivamente en el caso de Judas el Iscariote, sino que desde un principio de la obra de Dios conduciendo al pueblo de Israel, la infidelidad fue lastimando el amor, la confianza, las esperanzas del pueblo de Dios. 
 
            Santa Teresa de Calcuta, visionó su apostolado y su misión en la fidelidad a Dios. Entendió que, en la mente de Dios, el asunto no es tanto de “Éxito”, sino de fidelidad, de compromiso, de entrega, de servicio. Ella misma afirmaba: “Dios no pretende de mí que tenga éxito. Sólo me exige que le sea fiel”. 
 
            La fidelidad va en consonancia con la perseverancia. El Maestro de Nazareth enseña: “Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: Yo he vencido al mundo”. (Juan 16, 33).  La fidelidad exige la obediencia. “Jesús dijo a sus discípulos: “No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.” (Mateo 7, 21).
 
La obediencia es un excelente valor. Quien se acostumbra a ser obediente, se vuelve sabio, es prudente, avanza rápidamente, llega a la santidad. La Sagrada Escritura nos enseña una buena máxima: “Hay que obedecerle a Dios antes que a los hombres”. (Hechos 5, 29). La obediencia pertenece a la dimensión comunitaria de la fe. Eso implica decir que obedecer en la fe es someterse libremente a la palabra escuchada.
 

LA ESPERANZA Y LA OBEDIENCIA
“Donde hay obediencia hay Iglesia
Donde hay desobediencia, está el Cisma” Papa Francisco. Jubileo Año 2025
 
Nos ubicamos en el cuarto día, ante la celebración de nuestra Semana Santa. Hoy vamos a meditar sobre la virtud de la Esperanza y el valor de la obediencia. El Salvador del mundo le ofreció una oportunidad a Judas Iscariote. Arrepentimiento y obediencia antes de cometer el error más grave de su vida. La tentación del dinero no permite que una persona sea obediente y fiel a su Maestro. El Maestro dice: “Uno de ustedes me va a entregar” Alguien pregunta: ¿Seré yo Señor? El Maestro responde: “Tú lo has dicho”. Quien no obedece al mandato divino, termina destruyendo su propia historia.
            El Evangelista Juan, nos propone pensar en la relación de obediencia de un creyente en relación con Dios. Quien se deja guiar por la obediencia cumple perfectamente con su misión. El Bautista enseñó una gran verdad: “Es preciso que Él crezca y que yo disminuya” (Juan 3, 30). 
            El valor de la obediencia permite una comunión perfecta con Dios. Dice el Evangelista: El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta.
            El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.» Juan 3, 31-36.
 
            El Papa Francisco nos pone a pensar: «La obediencia muchas veces nos conduce por una senda que no es la que yo pienso que debe ser: existe otra, la obediencia de Jesús que dice al Padre en el huerto de los Olivos “que se cumpla tu voluntad”». Obrando así, Jesús «obedece y nos salva a todos». Por lo tanto, debemos estar dispuestos a «obedecer, tener la valentía de cambiar de camino cuando el Señor nos lo pide». Y «por ello quien obedece tiene la vida eterna; y quien no obedece, la ira de Dios permanece en él».
 
            Teniendo en cuenta el capítulo 5 de los Hechos de los apóstoles en la Escritura aprendemos: A estas acusaciones Pedro responde: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Y así «repite la historia de salvación hasta Jesús». Pero «al oír este kerigma de Pedro, esta predicación de Pedro sobre la redención realizada por Dios a través de Jesús al pueblo». (cfr. Homilía, 16 de abril, 2015).
 

JUEVES SANTO
Centramos nuestro pensamiento en el amor, la caridad, el servicio.
“El corazón sin arrepentimiento ni llanto, se vuelve rígido. Las lágrimas siguen derramándose y purifican el corazón” (Papa Francisco. 28 de marzo, 2024)
 
ENSEÑANZAS QUE NOS REGALA EL JUEVES SANTO
            Jesús de Nazareth nos invita a liberarnos del egoísmo y del mal que nos domina, cuando no funciona nuestro corazón con la bondad de Dios. (cfr. Éxodo 12, 1-8 11-14)
            “Jesús se hace frágil como el pan que se rompe y se desmigaja. Pero precisamente ahí radica su fuerza. En la Eucaristía la fragilidad es fuerza: fuerza del amor que se hace pequeño para ser acogido y no temido; fuerza del amor que se parte y se divide para alimentar y dar vida; fuerza del amor que se fragmenta para reunirnos en la unidad” (Papa Francisco, año 2021) (cfr. 1 Corintios 11, 23-26).
            El servicio, la humildad, el altruismo definen el ser y el quehacer de todos aquellos que deseen convertirse en discípulos misioneros. (cfr. Juan 13, 1-15).
 
HACEMOS TODO EN NOMBRE DE DIOS           
Evangelio jueves 17 de abril 2025
            “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de
pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el
mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
 
Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: —Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
Jesús le replicó: —Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.
Pedro le dijo: —No me lavarás los pies jamás. Jesús le contestó: —Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.” Juan 13, 1-15. 
 
REFLEXIONEMOS:
            El servicio, la humildad, el altruismo definen el ser y el quehacer de todos aquellos que deseen convertirse en discípulos misioneros del Maestro de Nazareth.  En torno al excelente sacramento de los sacramentos, el Hijo de Dios enseña a sus futuros seguidores, que, con el alimento de la Eucaristía y la disponibilidad de corazón de cada persona, podrán cumplir la misión encomendada, haciendo todo en memoria del Salvador del mundo.
 
            La Eucaristía es un excelente sacramento para aprender la bondad, la generosidad y la caridad que viene de Dios. La bondad eucarística de Dios supera la inequidad humana. Bien lo advertía el profeta Eliseo: “Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará” (II Reyes 4, 44). Nos convertimos en testigos de la caridad con los demás °°° así lo enseñó el Papa Benedicto XVI: “En la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo”. (cfr. Ángelus, 31 de julio 2011). 
 
            El mundo sigue viviendo la realidad de Jesús, vivo, presente en la Eucaristía; vivo, presente en su Palabra; vivo, presente en su Iglesia; vivo, manifestado a través de sus sacerdotes; vivo, en medio de su gente, el pueblo de Dios.  Abrámosle el corazón a quien viene en nombre del Señor. Jesús es el Mesías, y eso lo define todo. Pedro apóstol, atinó perfectamente a definirlo como el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo (Marcos 8, 27-29)
 

LA EUCARISTÍA Y LA ESPERANZA
La Eucaristía es el sacramento de la caridad
Por excelencia. Jubileo Año 2025
 
            Nos ubicamos en el quinto día ante la celebración de nuestra Semana Santa. Hoy trataremos de entender la relación que existe entre la Eucaristía como Sacramento y la Esperanza como virtud. 
            Nuestra Iglesia Católica nos enseña el valor que tiene la Eucaristía para cada uno de nosotros: He aquí nuestra Eucaristía cristiana: en ella están contenidos, verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la Sangre del Salvador (Catecismo Iglesia. Católica. 1374). La Iglesia vive de la Eucaristía, la misma Eucaristía le da su razón de ser: somos Eucaristía, milagro de la gente que ama, milagro de la gente que perdona, milagro de la gente que cambia.  
 
            Con la virtud de la Esperanza, aprendemos a confiar en las promesas de salvación en nombre de Dios. Con la Esperanza tenemos seguridad en el Reino de los cielos, en la eternidad, en la felicidad infinita. Con la Eucaristía, Jesucristo propone la Esperanza de bondades para todos aquellos que cumplan con el mandato de la Eucaristía. Por ejemplo: “si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.” (Juan 6, 52-53) “El que coma de ese Pan vivirá eternamente” (Juan 6, 59).
 
            San Juan Pablo II, afirmaba que “La Iglesia vive de la Eucaristía y se edifica con la Eucaristía.” La misma Eucaristía le da su razón de ser. (cfr. Cata Encíclica, Ecclesia de Eucharistia, 1).    
 
            El Padre José Granados García, Superior general, de los discípulos, de los corazones, de Jesús y María nos enseña que: La relación entre Eucaristía y esperanza está arraigada en la Última Cena de Jesús. El Señor celebra la Eucaristía mirando al futuro, dando gracias por el cuerpo resucitado que le concederá el Padre. Y la Iglesia la celebra también tendida hacia el futuro, para que la Eucaristía nos transforme según el modelo del cuerpo glorioso de Cristo, con su energía para sometérselo todo (Filipenses 3,21).
 
Si san Agustín ha llamado a la Eucaristía “sacramento de la esperanza”, esto significa que la esperanza se hace visible y se concreta en la Eucaristía. Dime cómo es la Eucaristía y te diré cómo es la esperanza cristiana. Y también: dime cómo celebras la Eucaristía, y qué puesto tiene en tu vida la Eucaristía, y te diré cómo es tu esperanza.
            La Esperanza con la Eucaristía es que tengamos: Un hombre nuevo. Una comunión nueva. Un fruto nuevo.
 

EL VIERNES SANTO
Concentramos nuestra atención, en la pasión, en el dolor y el sufrimiento.
“La verdadera omnipotencia de Dios, “es la impotencia total del Calvario”. De hecho, se necesita "poco poder para lucirse", pero "se necesita mucho, para dejarse de lado, para borrarse.” Cardenal Raniero Cantalamessa. 29 de marzo, 2024
 

ENSEÑANZAS QUE NOS REGALA EL VIERNES SANTO
            Jesucristo asumió todos los dolores de la humanidad. Redimió nuestros pecados, nos abrió caminos de salvación. “Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado.” (cfr. Isaías 52, 13)
            Cristo es el sumo sacerdote en medio de nosotros. “ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia.” (cfr. Hebreos 4, 14-16).
            La muerte tiene razón de ser cuando embarga la salvación, la vida con Dios. El dolor se transforma en gloria y esperanza (cfr. Juan 18, 1-19, 42)
 
EL DOLOR TIENE SU LÓGICA EN LA ESPERANZA            
Evangelio viernes 18 de abril 2025
            “Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar un huerto y allí entró con ellos. Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas.
Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: “¿A quién buscan?”. Le respondieron: “A Jesús, el Nazareno”. Él les dijo: “Soy yo”. Judas, el que lo entregaba estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: “Soy yo”, ellos retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó nuevamente: “¿A quién buscan?”. Le dijeron: “A Jesús, el Nazareno”.  Jesús repitió: “Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan”.” °°° Juan 18, 1- 19, 42.
 
REFLEXIONEMOS:
            La muerte de Jesús de Nazareth abrió muchas alternativas para la humanidad. El dolor y el sufrimiento encuentran un lugar en el corazón de quien tiene fe. La muerte no es el fin de una persona sino el comienzo de una eternidad. La muerte tiene razón de ser cuando embarga la salvación, la vida con Dios. El dolor se transforma en gloria y esperanza por la fuerza del amor.  Cuando contemplamos a Cristo crucificado, descubrimos la extraordinaria riqueza que emana del madero de la cruz, con un solo objetivo, el bien de cada uno de nosotros.
 
            San Juan Pablo II escribió una carta apostólica para que lográramos encontrar el sentido y la relación del sufrimiento con nuestra vida cristiana. El dolor logra su sentido cuando guarda una relación con la Esperanza. El dolor vale cuando se conecta con la pasión de Jesús de Nazareth. El Hijo de Dios venció el dolor con el amor. El Nazareno plantea un Reino donde todos participamos del sufrimiento de Cristo. 
 
            Afirma el santo padre: “El sufrimiento debe servir para la conversión, es decir, para la reconstrucción del bien en el sujeto, que puede reconocer la misericordia divina en esta llamada a la penitencia. La penitencia tiene como finalidad superar el mal, que bajo diversas formas está latente en el hombre, y consolidar el bien tanto en uno mismo como en su relación con los demás y, sobre todo, con Dios. 
            El amor es también la fuente más rica sobre el sentido del sufrimiento, que es siempre un misterio; somos conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones. Cristo nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el «por qué» del sufrimiento”. (Salvifici Doloris, 12 y 13)
 

EL DOLOR Y LA ESPERANZA
“La esperanza no es una negación del dolor y de la muerte” Jubileo Año 2025
 
            Nos ubicamos en el sexto día ante la celebración de nuestra Semana Santa. Hoy detenemos nuestro pensamiento en el dolor humano, el dolor espiritual, el dolor del alma, el dolor que necesitamos una explicación y la Esperanza como virtud que nos enseña a entender en dolor en aras del éxito, la superación, el alcance de nuestras vidas.
            El Papa Francisco nos permite comprender la relación entre dolor y Esperanza. Dice el santo Padre: La Esperanza en medio del sufrimiento conduce a Dios”. El papa destaca tres momentos específicos que suceden cuando el dolor encuentra a la Esperanza.  Ellos son: “Encuentro, don y compartir”
 
            La enfermedad entonces se convierte en ocasión de un encuentro que nos transforma; en el hallazgo de una roca inquebrantable a la que podemos aferrarnos para afrontar las tempestades de la vida; una experiencia que, incluso en el sacrificio, nos vuelve más fuertes, porque nos hace más conscientes de que no estamos solos. Por eso se dice que el dolor lleva siempre consigo un misterio de salvación, porque hace experimentar el consuelo que viene de Dios de forma cercana y real, hasta «conocer la plenitud del Evangelio con todas sus promesas y su vida»
 
            Nunca como en el sufrimiento nos damos cuenta de que toda esperanza viene del Señor, y que por eso es, ante todo, un don que hemos de acoger y cultivar, permaneciendo “fieles a la fidelidad de Dios”, según la hermosa expresión de Madeleine Delbrêl (cf. La speranza è una luce nella notte, Ciudad del Vaticano 2024, Prefacio).
 
Por lo demás, sólo en la resurrección de Cristo nuestros destinos encuentran su lugar en el horizonte infinito de la eternidad. Sólo de su Pascua nos viene la certeza de que nada, «ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios» (Romanos 8, 38-39).
            Ahora pensemos en el compartir. Los lugares donde se sufre son a menudo lugares de intercambio, de enriquecimiento mutuo. ¡Cuántas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar! ¡Cuántas veces, estando cerca de quien sufre, se aprende a creer! ¡Cuántas veces, inclinándose ante el necesitado, se descubre el amor! Es decir, nos damos cuenta de que somos “ángeles” de esperanza, mensajeros de Dios, los unos para los otros, todos juntos. (cfr. Mensaje jornada mundial por los enfermos, año 2025).
 

EL SÁBADO SANTO
Cristo resucitado, ha vencido a la muerte. Cristo ha pasado de la muerte a la Vida. Es la Pascua del Señor. Es la gran celebración de la luz.
“Es la Pascua de Cristo, la fuerza de Dios, la victoria de la vida sobre la muerte,
el triunfo de la luz sobre las tinieblas, el renacimiento de la esperanza
 entre los escombros del fracaso.
Es el Señor, el Dios de lo imposible que, para siempre, hizo correr la piedra
y comenzó a abrir nuestros corazones.” Papa Francisco. 30 de marzo 2024.
 
ENSEÑANZAS QUE NOS REGALA EL SÁBADO SANTO
            Dios crea todas las cosas que existen. Crea al hombre y a la mujer y queda complacido de la perfección de su obra. (cfr. Génesis 1, 1-2, 2)
            Dios se hace presente en la historia de hombres y mujeres. Abraham es un gran ejemplo de aquella persona que responde al llamado de Dios. (cfr. Génesis 22, 1-18)
            Israel siempre recordará y llevará en su corazón el momento cumbre de su historia. Es la pascua. El paso de la esclavitud a la libertad. (cfr. Éxodo 14, 15 – 15, 1)
            Dios pone para el servicio de la humanidad, las riquezas, gracias y bondades, que trae la salvación. (cfr. Isaías 54, 5-14)
            Dios ofrece salvación y cumple su Alianza con la humanidad: “Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis.” (cfr. Isaías 55, 1-11)
            Dios nos invita a abandonar el pecado y dejarnos guiar por los caminos de salvación. (cfr. Baruc 3, 9-15. 32 – 4,4)
            La conducta idolátrica y no conforme a la ley, desacredita el nombre de Dios. Nuestra fe se debe conservar limpia ante Dios. (cfr. Ezequiel 36, 16-17ª. 18-28)
            De la misma manera que Cristo resucitó de entre los muertos para la gloria del Padre, así también nosotros debemos andar en una vida nueva. (cfr. Romanos 6, 3-11.
            ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí. Ha resucitado. (cfr. Lucas 24, 1-12).
 
LA PASCUA ES EL GRAN DÍA DE LA ESPERANZA            
Evangelio sábado 19 de abril 2025
            “El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Como ellas tenían miedo e inclinaron el rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden cómo les habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo: "Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite. "» °°° Lucas 24, 1-12.
 
REFLEXIONEMOS:
            Cristo necesariamente debía resucitar entre los muertos. La Sagrada Escritura nos permite saber que: los soldados buscaron el sepulcro para ver si estaba custodiado. Las mujeres madrugaron a visitar al Señor en el sepulcro, llevando consigo aromas. Pedro y Juan acudieron al sepulcro con desconcierto y esperanza. El resultado de todo este proceso, es que el cuerpo no estaba allí. La muerte no tiene la última palabra. 
 
            Como católicos celebramos la Pascua en el ambiente de nuestra fe. Recordamos la resurrección de Jesucristo. Creemos que nuestro Maestro asumió el dolor y el sufrimiento, para la salvación del mundo. Resucitó, superando la muerte, el pecado y cualquier clase de tentación.
            La resurrección trae consigo los dones y las Gracias de Dios para la nueva vida del mundo: El primer don es la paz como Gracia de Dios y responsabilidad nuestra de cultivarla “Paz a vosotros”. El segundo don: Se inicia una misión, hombres y mujeres somos enviados a proclamar ese mensaje de reconciliación y unidad. El tercer don: El Espíritu Santo cumple la misión de darnos la sabiduría y la fortaleza para continuar la obra que Cristo dejó.
             El cuarto don: El poder de perdonar pecados emana del resucitado. Los pecados se perdonan en nombre de Cristo.
 
            El Papa Francisco, nos enseña que la Pascua es un día de esperanza y alegría, que marca el triunfo de la vida sobre la muerte. Es un día para dejar atrás el pasado y mirar hacia el futuro con confianza.  Pascua, que significa “paso”, porque en Jesús se realizó el paso decisivo de la humanidad: de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, del miedo a la confianza, de la desolación a la comunión.  Nuestra esperanza ya no se estrella contra el muro de la muerte; el Señor nos ha abierto un puente hacia la vida. en Pascua el destino del mundo cambió. (cfr. Mensaje Urbi et Orbi, 9 de abril, 2023).
 

MARÍA SANTÍSIMA MODELO DE LA VIRTUD DE LA ESPERANZA
“María nos invita a vivir según la Fe,
la Esperanza y la Caridad” Jubileo Año 2025
 
            Nos ubicamos en el séptimo día ante la celebración de nuestra Semana Santa.  Hoy centramos nuestra atención en María Santísima, nuestra madre celestial, nuestro ejemplo y modelo de virtudes. Mo delo de aquella persona que creyó y se dejó guiar por la fe desde un primer momento. Aquella mujer obediente al mandato del creador. Aquella persona que hizo la voluntad de Dios, nunca perdió la Esperanza, al contrario, acompañó a su Hijo en todo momento, hasta el doloroso encuentro con la Cruz y acompañó a los apóstoles después de la resurrección del Maestro. En María, la Esperanza fue siempre el soporte de su hermosa misión.
 
            Dios siempre sostuvo viva la llama de la Esperanza desde el mismo momento de la creación y la perfección de su obra.  Le confió a hombres y mujeres los destinos de la historia. Su esperanza llega a muchas generaciones a través de los patriarcas y los profetas.
 
            La Esperanza que viene de Dios, logra su máxima expresión en la genial idea de enviar a Hijo con la misión de salvar la humanidad. María Santísima resplandece como aquella que lleva en su vientre virginal a la esperanza de Israel. Ella es modelo de aquella persona que cree en Dios y tiene sus esperanzas en la salvación que viene de Dios.
 
            La estrella de Belén sigue marcando el camino de esta nueva humanidad: Los que creemos somos estrellas con luz permanente, aprendemos a brillar con luz propia. Tenemos nuestra Esperanza en Aquel que nació para sembrar la Esperanza de la vida. (cfr. Mateo 2, 1-12). 
 
            Nuestro querido Papa Benedicto XVI nos enseña:
En la Santísima Virgen María por su generosa respuesta, el “Sí” la esperanza de los siglos se ve cumplida, y Aquél a quien Israel esperaba desde antiguo entra en el mundo, entra en nuestra historia. Acerca de Él, el ángel había anunciado que su Reino no tendría fin (cfr. Lucas 1,33).    ¿Quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su «sí » abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo. 
 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Cristo ha resucitado, vive en medio de nosotros. Nos convertimos en peregrinos de la Esperanza, anunciando el mensaje del resucitado.
“Jesucristo ha resucitado, y sólo Él es capaz de quitar las piedras
que cierran el camino hacia la vida.  Más aún, Él mismo, el Viviente, es el Camino;
el Camino de la vida, de la paz, de la reconciliación, de la fraternidad.” Papa Francisco. 31 de marzo, 2024
 
ENSEÑANZAS QUE NOS REGALA EL DOMINGO DE RESURRECCIÓN
            Jesucristo nos encomendó predicar su Palabra, dando testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. (cfr. Hechos 10, 34ª. 37-43)
            Quienes resucitan con Cristo, aspiran siempre a los bienes de arriba, no a los de la tierra. (cfr. Colosenses 3, 1-4).
            Galilea, se irá constituyendo progresivamente en el lugar del discipulado y de la misión iluminados por el fulgor de la pascua de Jesús. (cfr. Lucas 24, 13-35).
 
LA RESURRECCIÓN ES MOTIVO DE ESPERANZA CRISTIANA             
Evangelio domingo 20 de abril 2025
            “Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.
Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» Él les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo.” Lucas 24, 13-35.
 
REFLEXIONEMOS:
            Jesucristo anuncia un mundo nuevo con su propia pasión, muerte y resurrección. Decía el Maestro: “Después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea” (Marcos 14, 28). Y este, efectivamente, será el último pensamiento: “Irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo” (Marcos 16, 7). Galilea, se irá constituyendo progresivamente en el lugar del discipulado y de la misión iluminados por el fulgor de la pascua de Jesús.
 
El Papa Francisco nos recuerda que la Resurrección de Jesús, el centro del mensaje cristiano, que resonó desde el principio y que ha sido transmitido para que llegara hasta nosotros. San Pablo escribe a los cristianos de Corinto: “Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura.
Se apareció a Pedro y después a los Doce.” (1 Corintios 15, 3-5). La muerte y la Resurrección de Jesús son justo el corazón de nuestra esperanza. Sin esta fe en la muerte y en la Resurrección de Jesús nuestra esperanza ya no será ni siquiera esperanza. (cfr. Homilía, 3 de abril, 2013). 
 
            La resurrección abre las puertas de la evangelización para la humanidad. La resurrección como misterio pertenece al orden de la fe; es también un acontecimiento histórico, las pruebas reposan en el sepulcro vacío (cfr. Juan 20,2). El Maestro superando la muerte, se aparece a sus discípulos, (cfr. Juan 20, 19-20); también a Santo Tomás (cfr. Juan 20, 26-28). María Magdalena tiene una gran experiencia con el resucitado (cfr. Juan 20, 10-18). El mismo apóstol san Pablo reconoce en el acontecimiento de la resurrección la razón de nuestra fe: (1 Corintios 15,14).
 

LA RESURRECCIÓN Y LA ESPERANZA
“Cristo resucitado es nuestra Esperanza” Jubileo Año 2025
 
            Nos ubicamos en el octavo día ante la celebración de nuestra Semana Santa.  Ante todos los momentos difíciles que se nos presentan en la vida. Ante el sentirnos defraudados ante la manera de ser de los   demás. Ante el deseo de creer que ya no existen esperanzas. Ante pensar que ya no hay esperanza que valga. Encontramos la respuesta en la Palabra de Dios. “Si cristo no resucitó, vana es nuestra fe”.  (1 Corintios 15, 14)
 
            El Papa Francisco enseña: Cristo Resucitado, nuestra esperanza, así como lo presenta san Pablo en la Primera Carta a los Corintios (cfr. cap. 15). El cristianismo nace de aquí. No es una ideología, no es un sistema filosófico, sino que es un camino de fe que parte de un acontecimiento, testimoniado por los primeros discípulos de Jesús. Jesús ha muerto por nuestros pecados, fue sepultado, y el tercer día resucitó y se apareció a Pedro y a los Doce (cfr. 1 Corintios 15, 3-5). Este es el hecho: murió, fue sepultado, resucitó y se apareció. Es decir, ¡Jesús está vivo! Este es el núcleo del mensaje cristiano. 
 
            El cristianismo es la búsqueda de Dios respecto a nosotros. Jesús nos ha tomado, nos ha agarrado, nos ha conquistado para no dejarnos más. El cristianismo es gracia, es sorpresa, y por este motivo presupone un corazón capaz de estupor. Un corazón racionalista es incapaz del estupor, y no puede entender qué es el cristianismo. Porque el cristianismo es gracia, y la gracia solamente se percibe, y aún más se encuentra en el estupor del encuentro. Jesucristo es nuestra máxima Esperanza. (cfr. Audiencia, 19 de abril, 2017).
 
            Tener firme en la cabeza como un yelmo, sobre todo en las pruebas y en los momentos más difíciles de nuestra vida, “la esperanza de la salvación”. Es un yelmo. Esta es la esperanza cristiana. Cuando se habla de esperanza, podemos ser llevados a entenderla según la acepción común del término, es decir en referencia a algo bonito que deseamos, pero que puede realizarse o no. Esperamos que suceda, es como un deseo.
 
La esperanza cristiana no es así. La esperanza cristiana es la espera de algo que ya se ha cumplido; está la puerta allí, y yo espero llegar a la puerta. ¿Qué tengo que hacer? ¡Caminar hacia la puerta! Estoy seguro de que llegaré a la puerta. Así es la esperanza cristiana: tener la certeza de que yo estoy en camino hacia algo que es, no que yo quiero que sea. (cfr. Audiencia, 1 de febrero, 2017).