Evangelio lunes 17 de marzo 2025
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
“Jesús dijo
a sus discípulos:
Les volcarán sobre el regazo una
buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que
ustedes midan también se usará para ustedes”. Lucas 6, 36-38.
El
sabio consejo para vivir nuestra fe, para convivir con los demás, para cumplir
la misión, para no fallar en la vocación, para prestar un buen servicio a
los demás, a través de la Iglesia es la MISERICORDIA.
El
salmo 85 de la Sagrada Escritura, combina perfectamente la misericordia con la
fidelidad. La justicia con la paz. La fidelidad brota de la tierra y la
justicia mira desde el cielo. Nuestra
querida Madre celestial nos enseña el valor que tiene la misericordia con
motivo de la presencia de su Hijo en la historia de la humanidad.
Dice la
Madre de Dios: “El poderoso ha hecho maravillas en mí, su nombre es santo, su
misericordia alcanza de generación en generación. Dispersó a los soberbios.
Derribó a los potentados. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la
misericordia.” (Lucas 1, 49-54).
En
la personalidad del Maestro de Jerusalén existe el equilibrio genial entre lo
que él anuncia, lo que hace y el resultado que espera como aprendizaje de
cada uno de nosotros: Lo que él anuncia es el Reino de su Padre celestial, (cfr.
Lucas 8, 1); lo que él hace es practicar la misericordia y la caridad con los
demás, (cfr. Marcos 1, 34); el resultado de ese proceso es la conversión de
cada persona que se pone al servicio de Dios en el mundo, (cfr. Marcos 1, 31)
El
Papa Francisco propone la misericordia como el rostro amable y generoso de
Dios. como el medio para ayudar y servir a los demás. Dice el santo padre: El
rostro de Dios es el rostro de un Padre misericordioso, siempre paciente. ¿Has
pensado en la paciencia de Dios, la paciencia que tiene con cada uno de
nosotros?
Esa es su misericordia. Siempre tiene paciencia, paciencia con
nosotros. Él nos entiende. Él nos espera. Él no se cansa de perdonarnos si
somos capaces de volver a él con un corazón contrito». (cfr. Homilía, 17 de
marzo, 2013).
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