14 de agosto 2025 El amor, y no la violencia, tiene la última palabra. Ante la celebración de la Eucaristía Exequial por el eterno descanso del Senador Miguel Uribe Turbay, el señor Cardenal de Colombia, Luis José Rueda Aparicio, expresó sus nobles sentimientos y el mensaje profundo de la Palabra de Dios, ante este momento crucial que se vive en Colombia. Tomé algunos apartes de su sabia homilía de la página Web del Catolicismo, oficina arquidiocesana de comunicaciones.
“Ella se dio cuenta de la crisis en las bodas de Caná y por
eso se acerca a su Hijo para decirle: «No tienen vino». No tienen el vino de la
alegría y de la fiesta, solo les queda tristeza y luto, solo tienen la tinaja
vacía, como vacías están nuestras familias, cuando la absurda guerra les
arrebata la vida a los jóvenes
Es la hora, “para tejer juntos nuevas relaciones, con
nosotros mismos, con Dios, y en el ambiente social, porque estamos viviendo
tiempos de relaciones enfermas debido al egoísmo (…) Reconozcamos
sinceramente que estos son tiempos de empobrecimiento ético y de
polarización agresiva, que nos arruina, que acaba con nuestro país” que cada
colombiano aporte lo mejor de sí para reconstruir la unidad social.
“Les propongo que nos preguntemos si estamos dispuestos a
respetarnos y a trabajar para dejarle a las próximas generaciones una Colombia
unida… Que juntos paremos esta fábrica de muertos en campos y ciudades. Que
estas dos preguntas nos ayuden a reflexionar, y que la respuesta sea positiva
para el bien de nuestro país…”.
“El amor se expresa en palabras de bondad y verdad, educa para curar y cuidar a la sociedad herida. Ese amor es el vino nuevo que nos da Jesús para llenar la tinaja vacía de nuestra historia”.
Gratitud a quienes, en silencio, trabajan y oran por la unidad del país, especial la esposa del senador, María Claudia Tarazona, por su valentía y testimonio de fe en medio del dolor; y por, junto a sus familiares “hablarle desde el corazón a Colombia”.
Ahora nos corresponde, “continuar nuestro camino con
valentía para servir al bien común y a la unidad de nuestra amada Patria,
movidos por la fuerza de la esperanza, sin ocultar la atrocidad de los
hechos que nos entristecen, sin someternos con resignación a la anticultura de
muerte, que se quiere ensañar con nuestro país, y a las estructuras de
pecado. Más bien, con la certeza de que
nada nos podrá separar del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús”.