13 de agosto de 2025

GRANDEZA Y RUINDAD Padre, Mario García


13 de agosto 2025
. GRANDEZA Y RUINDAD Autor: Padre Mario García Isaza c.m. Formador Seminario Mayor, Arquidiócesis de Ibagué. magarisaz@hotmail.com 
    
Los colombianos hemos vivido, a lo largo de los últimos dos meses y especialmente en estos dos días postreros en un ambiente tenso, en el que se mezclan sentimientos heterogéneos: zozobra, tristeza,  desconcierto,  miedo,  indignación, esperanza… El execrable atentado que a mediados de junio puso al borde de la muerte a una de las figuras más promisorias de la dirigencia colombiana nos golpeó como un mazazo casi insoportable…
 
Y por semanas nos mantuvimos pendientes, minuto a minuto, de las noticias que a cuentagotas nos informaban de su lucha por sobrevivir, de la encomiable tarea del cuerpo médico que lo cuidaba, del emocionante coro de plegarias que se elevaban a Dios desde todos los rincones de la patria implorando un milagro, de los detalles que era posible conocer acerca del curso de la investigación tendiente a esclarecer el crimen abominable y a identificar a aquel o aquellos que lo perpetraron. Así hasta el triste desenlace.
 
Y en medio de ese ambiente, se han escuchado voces y se han visto actitudes de toda índole; algunas nimbadas de grandeza, de virtud acrisolada, de prudencia y lucidez, de auténtico patriotismo y fe acendrada; de una punzante inquietud por encontrar caminos de restauración para una Colombia que ha perdido su rumbo. Otras, por desgracia, de una bajeza, de una ruindad, de una pequeñez espiritual verdaderamente increíbles.
 
El desquiciado que nos desgobierna, solo después de casi seis horas después de los pistoletazos homicidas, cuando ya muchísimas voces se habían alzado para protestar por el ominoso atentado,  despertando probablemente de uno de sus sueños alucinados, se enteró de lo sucedido… 

y en un largo trino, en el que solo dos líneas hablaron fríamente de la víctima y de los suyos, peroró sobre sí mismo y sus imaginarios logros; el bufón de palacio, ese que se auto define como pastor y funge como coordinador del circo, equiparó el magnicidio con  los rasguños sufridos al caer de una bicicleta…; y “pinturita”, otro de los integrantes del grupo de volatineros de la corte, descubrió, ¡oh lucidez!, que todo era solo una tramoya para desacreditar y quizá tumbar a su jefe…
 
Pero no son esos mensajes ni esas actitudes ruines ni esos mensajes abrutados y bochornosos los que hoy quiero destacar, no; son los otros, los que han estado del lado de la grandeza, de la dignidad, de la nobleza de alma, de la mesura. Voces como la del doctor Mauricio Cárdenas, que nos llama a un rechazo frontal de la violencia y a la búsqueda de caminos de reconciliación

o la del doctor Rodrigo Pombo, que nos recuerda que desde las cimas del poder se puede, al hacer señalamientos que en el fondo son alevosos e incendiarios, gestar acciones de violencia letal; o la del señor Cardenal primado de Colombia, que nos   amonesta para que no  olvidemos que más allá de las discrepancias de cualquier naturaleza está el deber de trabajar, todos y cada uno, por los valores de la fraternidad, de la justicia y de la paz.
 
Y, sobre todo, es esto lo que quiero destacar, el mensaje que a todos nos ha enviado, desde el momento mismo en que Miguel Uribe fue mortalmente herido, su esposa, María Claudia Tarazona. Todo su comportamiento, sus actitudes, sus mensajes, sus gestos han estado transidos de una grandeza humana y espiritual verdaderamente paradigmática. ¡Qué nobleza, qué fe admirable, que profundidad en la fidelidad y en el amor, qué   delicadeza de sentimientos, qué increíble fortaleza!
 
Trato de recordar algunas de sus palabras. Resulta profundamente aleccionador, desde el punto de vista humano, espiritual y cristiano, escuchar de sus labios, con voz por momentos quebrada pero siempre serena, cosas como : ” le doy gracias a Dios por haberte encontrado en mi vida… en estos meses de   dolor me he encontrado con Dios…he sentido la presencia de Dios y de la Virgen María… 

sin ellos no habría sido posible recorrer el camino de sufrimiento que he debido recorrer… pido a Dios que me enseñe a vivir sin ti… nuestro amor trasciende el tiempo, espérame, que cuando haya completado la tarea que me dejas volveré a encontrarme contigo… rechazo toda palabra de violencia o de venganza por la muerte de Miguel…” 
 
 Son expresiones – probablemente las he empobrecido al tratar de reproducirlas – que dejan adivinar una finura spiritual, una fe, una nobleza propia de almas muy grandes.
Colombia tiene hoy un horizonte ensombrecido y proceloso; ciertamente no está en buenas manos el destino de la patria. Se nos perdió el camino. Plegue a Dios que logremos reencontrarlo. Así hemos de suplicarlo en oración ferviente a Dios, que es Señor y dueño de la historia.