Evangelio lunes 24 de febrero 2025
Padre, Jairo Yate Ramírez. Arquidiócesis de Ibagué
Él les preguntó: “¿De qué están
discutiendo?” De entre la gente, uno le contestó: “Maestro, te he traído a mi
hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que se apodera de
él, lo tira al suelo y el muchacho echa espumarajos, rechina los dientes y se
queda tieso.
Les he pedido a tus discípulos que
lo expulsen, pero no han podido”. Jesús les contestó: “¡Gente incrédula! ¿Hasta
cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?
Tráiganme al muchacho”. Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, se
puso a retorcer al muchacho; lo derribó por tierra y lo revolcó.” Marcos 9,
14-29.
La
calidad de fe de cada persona, determina su éxito contra el maligno, su
éxito para entender mejor los asuntos de Dios, su éxito para combatir los
momentos difíciles de la vida, su éxito para alcanzar la santidad de vida. La
fe es un don, una gracia, una virtud.
El
Papa Benedicto XVI nos explica los verdaderos cambios que produce la verdadera
fe en una persona: La fe lleva a descubrir que el encuentro con Dios valora,
perfecciona y eleva cuanto hay de verdadero, de bueno y de bello en el hombre.
Es así que, mientras Dios se revela y se deja conocer, el hombre llega a saber
quién es Dios, y conociéndole se descubre a sí mismo, su proprio origen, su
destino, la grandeza y la dignidad de la vida humana. (Audiencia, 21 de
noviembre, 2012).
El
Hijo de Dios nos reprende por la incredulidad. La Iglesia Católica nos
recomienda alimentar la fe con prudencia y vigilancia. Debemos evitar la duda
voluntaria que consiste en rechazar lo que Dios ha revelado. La duda
involuntaria, es la dificultad para creer y aceptar. La incredulidad es el menosprecio de la verdad revelada o el
rechazo voluntario de prestarle asentimiento. (Catecismo, numeral 2087-2089).
Una
persona de fe debe estar atenta a que los enemigos de la fe no provoquen la
incredulidad en su vida. Los consejos sabios serían los siguientes: Una
persona de fe acepta los designios de Dios, sin entras a discutirlos. Una
persona de fe, se alimenta de la Palabra de Dios y vive según los sacramentos
de Dios. Una persona de fe, reconocer su error y se levanta para seguir en el
camino de Dios. Una persona de fe confía más en la voluntad de Dios y menos en
sus propias fuerzas.
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